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UNA MANIFESTACIÓN VIOLENTA EN LA CALLES DE BUENOS AIRES (03/07/1901)
A mediados de 1901 la situación social en la Argentina no era lo que podría decirse próspera ni tan siquiera estable y el clima de violencia estallaba en las calles de Buenos Aires con una frecuencia que ya alteraba los ánimos y el normal desenvolvimiento de las actividades de sus pobladores.
Encomendado por el presidente JULIO ARGENTINO ROCA, su ministro CARLOS PELLEGRINI viajó a Europa y convencido que allí había encontrado la solución para intentar la unificación de la deuda externa, un problema que tenía en jaque al gobierno. Fue entonces que la deuda fue consolidada y se tomaron una serie de medidas que afectaban especialmente al ámbito de la Educación. La sociedad reaccionó de inmediato, ocupando las calles para manifestar su oposición.
El 3 de julio de 1901, una manifestación estudiantil especialmente hostil marchó hacia la Plaza de Mayo y en un momento dado, como siempre pasa en estos casos, infiltrados por violentos que vieron la oportunidad para liberar sus instintos, lo que se había iniciado en calma, terminó en tragedia. Comenzaron a lanzarse piedras, a incendiarse coches, a romper vidrieras y a agredir a los pocos transeúntes que se animaban a pasar por esa zona de la ciudad que se transformó en el escenario de una batalla campal con las fuerzas del orden, que infructuosamente trataban de controlar la turba enardecida.
Asi llegó el 4 de julio y algunos de los exaltados llegaron hasta las puertas de la Casa de Gobierno e intentaron entrar. Al no poder hacerlo, debido al vallado que la protegía y a la enérgica acción de la Policía que la custodiaba, apedrearon violentamente sus ventanas y rompieron gran cantidad de vidrios, causando varios heridos entre los empleados y funcionarios, que aterrorizados, se habían refugiado en su interior.
Mientras tanto, otros grupos se dirigieron a las residencias particulares del presidente ROCA y del ministro PELLEGRINI donde iniciaron un enloquecido ataque lanzando piedras y cuanto objeto les pareció apto para hacer daño, a resultas de lo cual, resultaron heridos el mismo ministro PELLEGRINI y el administrador del Dario “El País”, HUGO STUNZ, que se encontraba junto a él en esos momentos.
La noche del 4 de julio no trajo la calma de los manifestantes y mientras ésta avanzaba, las sirenas de las ambulancias y de los móviles policiales ponían una nota dramática, interrumpida de vez en cuando por el estrépito de la explosión de un coche que había sido incendiado, la rotura de una vidriera y hasta de algún disparo efectuado por un demente, mientras el grueso de los manifestantes se reunía alrededor de un fuego, para pasar la noche expectantes en vigilia.
Así llegó el 5 de julio y la Plaza de Mayo y sus alrededores parecía haber sido arrasada por un ciclón o el escenario de un feroz combate. Los manifestantes seguían firmes en su decisión de convencer por la violencia lo inadecuado de las medidas que estaba tomando el gobierno y la policía, atenta en el cumplimiento de su misión. Pero las autoridades, cuando ya se habían producido infinidad de heridos, como el Bombero MANUEL CABRERA y el estudiante del Colegio Nacional Buenos Aires LUIS CORTI y la muerte del agente del Escuadrón de Seguridad ROSARIO VILLALBA, por fin habían comprendido que ni con palabras y menos respondiendo a la violencia con más violencia, podría ponerse fin a este verdadero conato de insurrección, decretó el estado de sitio y tomó el control de la situación.