LA CHUSPA

El gaucho, hombre ingenioso como el que más, para guardar el tabaco que usaba, ya sea para masticar o para liar sus cigarros, se fabricaba lo que se llamaba “una chuspa”. Para ello recurría a la piel del cogote de un avestruz (también se hacían con vejigas de vaca), que una vez bien sobada, quedaba tan suave y flexible que parecía hecha de género.

En algunas regiones recibía el nombre de “guayaca” y a veces se le añadían caprichosos bordados. Para cerrarla, si no tenía alguna cinta de vivos colores para hacerlo, simplemente, se la enrollaba varias veces sobre sí misma criolla (ver Voces, usos y costumbres del campo argentino).

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