EL BARRIO MONSERRAT, EL MÁS ANTIGUO DE BUENOS AIRES (1750)

El Barrio «Monserrat» es el  más antiguo de Buenos Aires. Es su casco histórico, debido a que contiene en sus calles, avenidas y plazas, los edificios, iglesias y comercios más emblemáticos de la ciudad y es la cuna de la patria, ya que en él, se desarrollaron las principales acciones libradas durante la invasiones inglesas y las posteriores celebraciones desbordando su Plaza Mayor a que dieron lugar los éxitos logrados durante la Reconquista y en 1810 fue el escenario principal donde se desarrollaron los sucesos que derivaron en la Revolución de Mayo y el posterior nacimiento del Primer Gobierno Patrio. En su plaza, rebautizada ahora como “Plaza de Mayo”, se juró la independencia el 13 de Noviembre de 1816 y la Constitución Nacional en 1860.

Existe desde antes que naciera la Patria y es por eso, el primer barrio reconocido como tal que tuvo la ciudad de Buenos Aires. Desde sus orígenes, Montserrat fue un barrio con estilo hispánico, lo que se explica por la devoción de sus pobladores hacia a la Virgen Catalana, «La Moreneta», compartida tanto por los españoles como por los negros que antiguamente habitaron el barrio. Los españoles primero se asentaron en las tierras que hoy ocupan la avenida Belgrano, la avenida Rivadavia y sus transversales, pero más tarde, bajo el influjo de la arquitectura francesa, le dieron vida y acento ibérico a la avenida de Mayo, transformándola en la vía más española de América.

Durante el siglo XVIII y XIX el actual barrio estaba dividido a la altura de la intersección de las actuales calle Piedras y Avenida de Mayo hacia el sur oeste, en tanto hacia el sur este, era conocido como Catedral al Sur. Recién a partir del 4 de mayo de 1972, cuando mediante la Ordenanza Municipal Nº 26.607, se dispusieron sus límites, está contenido por la avenida Entre Ríos, avenida Rivadavia, avenida  De la Rábida Norte, avenida  Ingeniero Huergo, Chile, Piedras y avenida  Independencia.

En principio, fue llamado “Montserrat” porque albergaba en su ejido la Capilla de Nuestra Señora de Montserrat (1), que, a pedido del chacarero catalán JUAN PEDRO SERRA que quiso así honrar  a la Virgen del Monasterio de Montserrat”, comenzó a ser construida en 1750 por el arquitecto ANTONIO MASELLA. La Capilla fue inaugurada en 1755 y en torno de ella, y por existir en las proximidades, un paradero de carretas, rápidamente comenzaron a asentarse en el lugar, algunos comercios, especialmente pulperías, que con la llegada de pobladores negros, devotos de la Virgen (atraídos por su color), fueron dándole forma al futuro barrio.

En otros tiempos era un Barrio de corridas de toros, riñas de gallos y bailes de morenos se lo conoció como el “Barrio del Tambor” o “Barrio del Candombe”, debido a que su población era mayoritariamente de afrodescendientes, esclavos negros que vivían allí, agrupados de acuerdo con su origen o con los diversos matices de la raza, en comunidades como Congo, Cabunda, Banguela, Minas, Angola, Rubolo, Mozambique, etc. Usaban el tambor como uno de sus más característicos instrumentos durante los bailes y ceremonias, que gobernados por una corte compuesta de rey, reina y consejo directivo, realizaban durante sus celebraciones los domingos y días feriados, en medio de danzas ruidosas y fiestas de sabor primitivo, recordaban  a su tierra natal.

Más tarde, a raíz de que un matadero de las inmediaciones repartía gratuitamente entre los más necesitados, los residuos, especialmente  mondongo, bofes, etc., por lo que Monserrat pasó a ser el barrio donde más se consumían estos productos, se lo comenzó a llamar “Barrio del Mondongo”. También fue llamado “Catedral al Sur”, hasta que finalmente tomó su nombre definitivo de “Montserrat”, aunque para muchos, sigue siendo  sólo barrio Sur. El nombre definitivo del barrio fue legalizado en 1769 al concretarse la creación de la parroquia de Nuestra Señora de Monserrat, ubicada en la actual avenida Belgrano y a partir de entonces, el barrio pudo ser mencionado como “Montserrat”, aunque también puede utilizarse la forma nominativa castellanizada «Monserrat».

En un plano de 1794, la Capilla  de Montserrat figuraba como ubicada entre las actuales calles: H. Yrigoyen, Lima, Venezuela y Piedras, un lugar que  no era para nada propicio a sus habitantes, debido a la existencia de densos pajonales, montes tupidos, lagunas y arroyos, lo que dificultaba la concurrencia de los fieles a la Iglesia. Apercibido de ello, el virrey VÉRTIZ dispuso que se nivelaran esos terrenos y se empedraran sus calles y veredas. Combatió el abandono de animales en la vía pública, el arrojo de desperdicios, enterrar cadáveres en las iglesias. Instaló el primer sistema de alumbrado público que se efectuaba mediante faroles con velas de grasa de potro, cuyos pabilos se encendían todas las noches menos las de luna. La obligación de encender y apagar los faroles corría por cuenta de los vecinos y los alcaldes vigilaban que no quedara ninguno sin encender.

El barrio de Monserrat, fue también asiento de las residencias de las familias más destacadas de la ciudad, así como de los templos e instituciones establecidas en la etapa fundacional y virreinal. En las primeras manzanas hacia el sur, las órdenes religiosas de San Francisco, Santo Domingo y San Ignacio erigieron su templo y a medida que los vecinos fueron edificando sus viviendas se fue desarrollando en forma simultánea, una intensa vida cultural y comercial en la ciudad. Con el correr de los años, algunos edificios cambiaron su fisonomía y sus destino, pero la mayoría siguen estando

A raíz de la epidemia de fiebre amarilla que se abatió sobre la ciudad de Buenos Aires en 1871, los residentes “ricos” del barrio, escapando de la peste y buscando aires más saludables se trasladaron hacia la zona norte de la ciudad, sector que ya había alcanzado un mayor desarrollo que el sur. Debido a este masivo éxodo poblacional, este barrio perdió entonces su condición de residencial y comenzó su decaimiento. Las antiguas casas transformadas en inquilinatos, alojarían entonces a partir de la gran masa inmigratoria que llegaba al país en aquella época. Quizás por ello mantuvo el sector, al menos en parte, su carácter original. Lugares del mismo son hoy zona de preservación histórica.

Por sus características de barrio fundacional del centro porteño, guarda gran parte de la historia de la ciudad y del país y si hay algo que lo distingue, son sus edificios, ya que todos ellos, incluso los destinados al servicio público, iglesias y monumentos,  mantienen todos un estilo antiguo de hermosa estética. Recordemos que allí estuvo el primer Fuerte que tuvo la ciudad. Servía como residencia de los virreyes y gobernadores hasta que SARMIENTO, ya siendo presidente lo convirtió en la Casa de Gobierno y le dio la forma y la estructura que tiene hoy,  incluso el color rosado que la identifica.

Allí están también la Plaza de Mayo, que es el centro de la actividad porteña y donde el pueblo realizó tanto la celebración de sus actos más importante, como crueles espectáculos de ajusticiamiento y hoy multitudinarias concentraciones populares. En un principio dividida por la Recova en dos (la Plaza Mayor y la Plaza de la Victoria), hasta que el intendente TORCUATO DE ALVEAR ordenara demolerla, que fue cundo surgió la nueva y actual Plaza de Mayo. En 1811 se erigió allí la mítica Pirámide de Mayo, que fue el primer monumento y primera obra pública de Buenos Aires.

El Cabildo de Buenos Aire. Emblema de la Revolución de Mayo. Construido en 1748, en 1763 se completó la torre y se le colocó el reloj que había sido traído desde Cádiz. Es uno de los edificios que más cambios ha sufrido a lo largo del tiempo. La construcción de la avenida de Mayo en 1889, obligó que se le quitaran tres arcos del ala norte. Y en1931, las obras para el trazado de la diagonal Julio A. Roca obligaron que se le quitaran otros tres arcos.

La Manzana de las Luces, ocupaba las manzanas comprendidas entre las actuales calles Perú, Alsina, Bolívar y Moreno. Establecida como tal por los jesuitas, toma ese nombre a partir del 1° de setiembre de 182, cuando el periódico “El Argos”, asociando el conocimiento con la luz, se refiere a ese sector de la ciudad llamándolo “la manzana de las luces”, porque en él, se concentraban las instituciones más importantes del intelecto, la cultura y la educación de la época: el Colegio de San Ignacio, actualmente el Colegio Nacional Buenos Aires, el antiguo edificio de la Universidad de Buenos Aires (fue ésta su primera sede), la Biblioteca Pública (que más tarde se convertiría en la Biblioteca Nacional), la Real Imprenta de Niños Expósitos (la primera imprenta que funcionó en la ciudad), la Iglesia de San Ignacio de Loyola (el edificio más antiguo de la ciudad que aún se conserva. La Sala de Representantes (donde se discutían las leyes del siglo XIX y juró el primer presidente, Bernardino Rivadavia), el primer museo de la ciudad, el primer banco, la Academia de Dibujo y escuelas de idiomas.

La Basílica de Santo Domingo, un templo que se terminó de construir en 1799 y en 1909 se loa consagró como tal. En su atrio, reposan los restos de MANUEL BELGRANO y en el interior se guardan las banderas arrebatadas a los ingleses durante las invasiones de 1806y 1807 y su torre aún pueden verse las marcas dejadas por los disparos efectuados en esas jornadas; El Colegio Nacional Buenos Aires, dependiente de la Universidad Nacional Buenos Aires; el Palacio Municipal, la Iglesia de San Juan Bautista, entre otros, eran y siguen siendo parte de la historia de Monserrat y de la Argentina, que junto con el retoño del árbol de Guernica, un roble que simboliza las libertades vascas y que fuera plantado en la plazoleta “11 de junio”, mantienen vivos el amor a la Patria, a sus símbolos y a su Historia.

La casa Rosada, el Cabildo, la galería Güemes, la Iglesia de San Ignacio, el Palacio Barolo, la Manzana de las luces, son todos expresiones de una arquitectura moderna y dinámica.

En 1934, con toda la Plaza pintada con los colores blanco y amarillo, se desarrollaron allí los actos centrales durante la celebración popular del Congreso Eucarístico Internacional, bajo el esperanzador aleteo de 5.000 palomas que se trajeron del criadero del vecino BENITO COSTOYA y cuyas descendientes habitan hoy el área, para placer de niños y peatones que alientan su permanencia dándoles granos y cariño. Y fue a partir de entonces, que en sus ámbitos, vibra la pasión de todo el país, ante cualquier suceso que lo conmueve. Guardando  además toda la historia de la ciudad y del desarrollo nacional en las numerosas plazas y monumentos que la visten y en sus edificios, casi todos ellos, declarados hoy  “Monumento Histórico Nacional”.

El Cabildo de Buenos Aires, la Manzana de Las Luces, El Palacio Municipal, la Plaza de Mayo, la Iglesia de San Juan Bautista, entre otros, eran y siguen siendo parte de la historia de Monserrat y de la Argentina,  que junto con el retoño del árbol de Guernica, un roble que simboliza las libertades vascas y que fuera plantado en la plazoleta “11 de junio”, mantienen vivos el amor a la Patria, a sus símbolos y a su Historia.

(1). Se dice que como a mediados del silo XVIII, el lugar fue poblado en sus inicios por quinteros catalanes que cultivaban verduras y frutales, quizás a uno de ellos, acaso llamado PEDRO JUAN SIERRA o JUAN o PEDRO a secas, se le ocurrió levantar una ermita o capilla para venerar a Nuestra Señora de Monserrat (La Moreneta), catalanísima advocación de la Virgen María, cuya imagen se encuentra en el macizo montañoso de las afueras de Barcelona, España. Una imagen muy venerada en Cataluña, donde se conserva una escultura románica, réplica del original de ella, que fuera escondida entre las montañas, cerca de Barcelona, para protegerla de los musulmanes. Cuando fue redescubierta cien años más tarde, por los efectos del paso del tiempo, tanto la Virgen como el Niño, tenían un color oscuro, y así cariñosamente, comenzaron a llamarla «La Morenata» o «Morenita». Y fue gracias a su color, que  conquistó el cariño de los negros que habitaban Buenos Aires,  que la paseaban en procesión todos los 8 de Septiembre.

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