El muchacho

Las carretas y los carros antigüos, tenían sólo dos ruedas  y éstas eran siempre muy altas, para facilitar  el cruce de los ríos  y arroyos que frecuentemente debían vadear en su marcha llevando su carga. Por esa causa, al desatar los bueyes, las mulas o caballos que llevaban, estos vehículos caían sobre alguno de sus dos extremos y eso hacía muy difícil el poder enderezarlos para no desparramar la carga. Para evitar esto, en la parte inferior del piso, adelante y atrás, se ponía un palo de madera (“el muchacho”)  sujeto a la caja con “guascas” (tiras de cuero crudo). Cuando se llegaba a destino y se desataban los animales, estos maderos, sirviendo como patas auxiliares, impedían que la caja se desnivelara.

 

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