COMIENZO DEL FIN DEL CACIQUE PINCÉN (10/12/1876)

COMIENZO DEL FIN DEL CACIQUE PINCÉN. El 10 de diciembre de 1876, e1 cacique Pincén sufrió una grave derrota que marcó el principio del fin para uno de los aborígenes más audaces y famosos de pampa argentina´ Este día, el coronel CONRADO VILLEGAS, Comandante de la frontera sur, tomó la decisión de acabar con el cacique y salió a buscarlo hasta su misma guarida, en el corazón del desierto. Pincén, que tenía 70 años, fue sorprendido durmiendo, apresado y llevado a Buenos Aires Pincén fue un caso aparte entre los caciques que dominaron las extensas llanuras del sur. No heredó su cacicazgo, sino que formando parte de la plebe, lo logró a fuerza de coraje. Nació en Carhué y adoptó el nombre de Pincén, tomándolo de la palabra “pinhen”, que significa amante de sus antepasados. Conocía el desierto como nadie y entraba en batalla como si tuviera siete vidas. Tenía el sentido de orientación de los pájaros. Era un jinete incomparable, podía soportar hasta el extremo el frío, el cansancio y el hambre y entraba a la batalla como si tuviera siete vidas. No pactó jamás con los gobiernos cristianos ni vistió uniforme militar como algunos de sus contemporáneos. Su tribu contaba con más de mil personas y guiaba un ejército de sólo 300 guerreros con los que entre 1873 y 1878 dominnó el noroeste bonaerense y el sur de Santa Fe, atacando poblados, arreando ganado y provocando muchísimas víctimas entre soldados y pobladores. A fines de 1876 llegó a invadir el Fuerte Lavalle, pero su guarnición, al mando del coronel Manuel Sanabria, le salió al encuentro y luego de derrotarlo, lo persiguió provocándole graves pérdidas y quebrando su fama de invencible. Pincén logró huir, pero desde entonces, quedó muy debilitado. Un año más tarde, el coronel Villegas, comandante de fronteras, tomó la decisión de acabar con el cacique y salió a buscarlo hasta su misma toldería, ubicada en el corazón del desierto. Pincén, que tenía 70 años, fue sorprendido mientras dormía y ni siquiera pudo ofrecer resistencia. Encadenado fue llevado a Buenos Aires y cuando le preguntaron cómo es que siendo tan valiente, se había dejado atrapar, contestó: “Porque a todo hombre le llega su hora”.

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