25/06/1821

NACIÓ EN SAN JUAN, EL DOCTOR GUILLERMO RAWSON. Fue una de las más destacadas y simpáticas figuras de la generación a la que tocó en suerte realizar la obra magna de la organización nacional. Nativo de la ciudad de San Juan, tuvo por padres al doctor Amán Rawson, filántropo médico norteamericano, radicado en el país desde el año 1818 y a doña Justina Rojo, perteneciente a una honorable familia de la provincia.

Médico, docente y político que se anticipó a su época, señalando los problemas de las grandes concentraciones urbanas y las ventajas de la prevención en el campo de la salud, el doctor Guillermo Rawson ha dicho de él: “Pedro Goyena- embellecía, ennoblecía y agrandaba todo objeto presente a su mirada intelectual”.

Dotado de un claro y luminoso talento, estudió medicina en la Universidad de Buenos Aires, y al decir de sus condiscípulos, asombró a los maestros por su brillante inteligencia y se recuerda que previó la transmisión de sonidos a distancia, cinco años antes de que Morse presentara su telégrafo.

Se doctoró en 1843 a los 22 años, después de haber sido proclamado el estudiante más aventajado de su época. El doctor Claudio Mamerto que había sido su profesor de Anatomía y Fisiología, expresó en el acto que así lo consagraba: que el facultativo era “como un astro que se levantaba en el horizonte de la República, prometiendo cuantiosos bienes a su patria”.

Comenzó a ejercer muy joven en su provincia, donde, según Sarmiento, se ganó un prestigio muy superior a su edad y también empezó temprano a incursionar en política.

En 1848, enemigo de toda opresión y de toda tiranía, cuando los amigos y seguidores de Nazario Benavides propusieron dar a Rosas, entonces omnipotente, el dictado de “Supremo”, el doctor Rawson, que ocupaba una banca en la Legislatura de su provincia, rompió la unanimidad del voto de los diputados, y dando una prueba notoria de la elevación de carácter y grandeza moral que siempre le distinguieron, protestó de aquel acto de servil bajeza que clasificó de repugnante abyección.

La reacción del gobernador sanjuanino, no se hizo esperar: Ordenó su inmediata aprensión y engrillado fue enviado a prisión. Fue liberado pocos días después y a pesar del consejo de sus amigos, se negó a abandonar el país, en busca de seguridad.

Liberada la República luego de Casero en 1852, fue enviado por su provincia al Congreso del Paraná, votando en contra los derechos diferenciales ideados para hostilizar a Buenos Aires. En 1861 decidió establecerse en Buenos Aires. Un año después fue nombrado senador y, cuando Mitre asumió la presidencia, aceptó el cargo de ministro del Interior, que desempeñó desde 1862 hasta 1868.

En esa función, impulsó la construcción del primer ferrocarril, implantó el sistema métrico decimal y apoyó la inmigración y la creación de colonias galesas en Chubut, cuya capital lleva su nombre. Dedicó sus máximos esfuerzos y capacidades al estímulo de la colonización, la ampliación de la red telegráfica y la construcción de numerosos puentes en todo el territorio nacional.

En 1868, fue candidato a la presidencia de la República, en competencia con su coterráneo Sarmiento, que resultó vencedor. En 1870 fue miembro de la Convención Constituyente de 1870 que reformó la Constitución de Buenos Aires y en 1873 fue el primer profesor de la cátedra de Higiene Pública en la Universidad de Buenos Aires y tres años después envió a un Congreso realizado en Filadelfia su trabajo Estadística de la ciudad de Buenos Aires, que fue el primer informe realizado sobre el tema.

En 1880 se retiró de los escenarios políticos para consagrarse a la ciencia. En ese mismo año, el gobierno nacional por un decreto reconoció oficialmente la Cruz Roja Argentina, noble institución que se fundó gracias a su empeño. Por tal causa, desde entones se conmemora el 10 de junio como Día de la Cruz Roja Argentina. Era ya anciano, cuando decidió realizar un viaje a Europa a operarse de la vista. En París, Francia, le encontró la muerte el 2 de febrero de 1890.

Fue, en la vida privada, sencillo, amable y bondadoso con todos, benefactor de los desgraciados, de carácter suave y dulce y de afectuoso trato social. Como la generalidad de los hombres superiores, desdeñó la fortuna muriendo pobre en París, lejos de la patria, a la que amó con idolatría. Al divulgarse la noticia de su fallecimiento la pena fue general: amigos y adversarios hicieron justicia al que fue un gran corazón y un gran carácter.

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