UNA DESGRACIA

El gaucho culpable de una muerte, se veía obligado a “ganar el monte”, convirtiéndose en un “matrero”, para huir de la justicia y entre la gente de campo, cuando se hablaba de ese hombre, no se decía que había cometido un crimen, sino que había tenido “una desgracia”. Una desgracia era, pues, en el leguaje corriente, matar a un semejante. Si esta “desgracia” se había producido en “buena ley”, es decir defendiendo su honor o el de alguno de sus allegados, peleando lealmente en un “duelo criollo”, este hombre podía contar con el respeto y la ayuda de cuantos lo conocían. Por eso le era fácil conseguir refugio, víveres y “vicios”, y nunca le faltaba un aviso oportuno de la llegada de “la partida” y un buen caballo para huir.

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