UN AVIADOR AUTODICACTA (1912)

En 1912 llegó a la ciudad de Pehuajó, en la provincia de Buenos Aires el aviador francés Pable Costalbert, contratado por la Sociedad Francesa de esa localidad, para que realizara una exhibición de vuelo, durante los actos celebratorios de la fecha patria de los galos y entre los muchos admirados espectadores que presenciaban los giros, tirabuzones y picadas que realizaba el aviador Costalbert, se hallaba PABLO LIBOSSART, un destacado miembro de la colectividad francesa del lugar,  hábil mecánico, dueño de un acreditado taller que observaba entusiasmado el espectáculo que se desarrollaba en el cielo y que sin saberlo aún, cambiaría su destino. Y así fue. Porque ese día, comenzó a germinar en su cabeza un proyecto alocado: construír su propio avión y pilotearlo él mismo. Una idea que ya no lo dejaría en paz y que lo llevó a una búsqueda frenética y obcecada. . Buscó dinero para financiar su proyecto y lo encontró en su hermano Abel Leonardo. Buscó un galpón para instalar allí su taller y lo encontró en la estancia “La Lucía”, propiedad de Luis Druillí, que gustoso se lo facilitó, entusiasmado con la idea. Buscó saber algo más sobre aviones, motores, materiales, etc. y lo encontró en revistas, fotografías y bibliotecas que muchas veces lo vieron doblado sobre libros especializados en el tema. Buscó saber volar y recibió unas pocas lecciones, casi todas teóricas y muchas de ellas recibidas por correo.

 Armado con todo lo logrado, casi abandonando su taller mecánico, única fuente de ingresos con que contaba, comenzó a hacer realidad su sueño y con infinita paciencia, mucho ingenio, superando fracasos y frustraciones, casi de la nada, surgió un monoplano de airosas líneas. Le colocó un antigüo motor de 35 HP y se fue a una carretera cercana a probar “su avión”. Sus primeros vuelos eran casi saltos de codorniz. Su autonomía de vuelo era escasa. El motor no aguantaba más de 5 minutos en la potencia que se le requería para estar en el aire  y Pablo tenía que descender para que se enfriara. Así y todo, su confianza iba en aumento y se imponía desafíos para seguir volando. Y los cumplía en etapas. Se fijaba un recorrido de pocos kilómetros y lo cubría en dos, tres o cuatro etapas. No importaba cuántas veces tenía que aterrizar. Lo importante era volar. Y fue precisamente en uno de esos vuelos “a los saltos”, que su máquina y su vida terminaron juntos, entremezclada la carne con los hierros, luego de un trágico capotaje.

 El 23 de setiembre de 1915 partió de su hangar en “La Lucía” para dirigirse a la localidad de “Pellegrini”, distante a unos 30 kilómetros y cuando sobrevolaba un monte de la estancia “Los Prados” propiedad de Jorge Robirosa, a siete kilómetros de la partida, un fuerte viento derribó el monoplano, sin que Pablo Libossart pudiera hacer nada para evitarlo. Y allí quedó para siempre, un hombre que soñó un sueño que hizo realidad, pero que también lo llevó a la muerte (extraído del diario “Noticias” de Pehuajó, edición del 8 de diciembre de 1984).

3 Comentarios

  1. Emilio Mario Pedruelo

    Habia sentido esta historia por un poblador de Quenuma familiar de los dueños de La Lucia.Admiro a este visionario y armador y por último piloto …. Mi admiracion don Pablo Libossart …. ..

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    1. Norberto hugo Druille

      Hola Amigo Mario PEDRUELO..Seguro que usted.se ha enterado por un Señor Don O mar Riesco..Una gran Persona.admirable su memoria…El Edito un libro.Los 100 Años de Quenuma!!!ahí explica muy bien.todo lo que paso.en su fabricación de ese Avion y sus anécdotas.y el final!!!Yo tengo la foto de ese accidente..Que le costó la vida a Pablo Libossart!!!Saludos Amigo!!

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  2. Cestac Juan Carlos

    El hermano de mi abuela Antonina Liborssart.

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