TREVELÍN, UN PUEBLO DE CHUBUT QUE DECIDIÓ SER ARGENTINO (1902)

En 1902, Trevelin -45 grados de latitud sur, provincia de Chubut- era una colonia galesa, vinculada a la gente que en 1865 había llegado a Puerto Madryn. Era un poblado mínimo de  chacareros, mineros, herreros y un sastre que buscaban una vida mejor en América. Sabían del frío, pero esto era la Patagonia y se encontraron con un desierto seco, con el viento en carrera libre.Era un pueblito de 500 habitantes en la Patagonia; un caserío alrededor de un molino que nunca anduvo bien y para colmo de males, la tierra que ocupaban estaba en medio de un conflicto de límites con Chile.

Las crónicas de esos inmigrantes cuentan, orgullosas, que se llevaron bien con los tehuelches, que vivían en la región. En 1885 había llegado a Chubut quien fue su primer gobernador, el teniente coronel Luis Jorge Fontana y se propuso llevar colonos hacia la cordillera. Ofreció distribuir tierras entre quienes estuvieran dispuestos a empezar de nuevo. Fueron 29 voluntarios y 19 eran galeses y el baqueano se llamaba John Evans. Los colonos llegaron a un valle fértil y lo llamaron, en galés, “Cwn Hyfryd”. Decidieron establecerse a orillas del río Percey y allí en 1888 fundaron la Colonia “16 de Octubre”. En 1897 se renovó una vieja disputa de límites con Chile. “El tratado de 1881 -dice Gustavo de Vera, uno de los autores del libro “1902. El protagonismo de los colonos galeses en la frontera argentino-chilena”- establecía como límite las cumbres divisorias de aguas; pero había una zona en la que las altas cumbres están en un lado y la divisoria de aguas, en otro”. Tomando el criterio que le convenía a cada uno, los dos países reclamaban la tierra. El árbitro era Inglaterra y ante esa corte, el perito Francisco Moreno presentó sus argumentos en favor de la Argentina y en 1902, el rey Eduardo VII, envió una Comisión de Límites, para que estudiara el tema “in situ”.. “El perito Moreno sabía -dice De Vera- que la corona británica se iba a fijar en quién ocupaba las tierras, porque ellos basaban su imperio en el criterio de que la ocupación de tierras da derechos y era por eso, que Moreno había apoyado la colonización.

Cuando llegó la Comisión encontró que había juzgados de paz argentinos y escuelas argentinas. Recorrieron la región preguntándoles a los pobladores en qué país creían que estaban las tierras que habitaban y de las respuestas que obtuvieron, resultó evidente que la gente de la zona, tenía vínculos institucionales con la Argentina y no con Chile. Cuando terminaba abril de 1902, la Comisión se reunió con la gente de la “Colonia 16 de Octubre” y realizó un plebiscito, pero no hay que pensar en una votación con urnas. “En la reunión -dice De Vera- había unas 100,110 personas. La documentación existente, habla de los más destacados “personajes” de la colonia. La comisión trabajó con ellos durante tres días. Se deliberó y se tomó una decisión. Hay una carta de un representante chileno que cuenta que los pobladores pedían que la cuestión se resolviera pronto, porque tenían pendiente con la Argentina la cuestión de los títulos de propiedad de sus tierras”. -¿Es por esto que eligieron ser argentinos?, Es la pregunta que nos hicimos. “Bueno, tenían trámites iniciados con Argentina, pero Chile les ofrecía más tierra a cada uno. Ellos tenían sus familias en Gayman, en la costa del Atlántico, venían de ahí y ya tenían lazos con la Argentina. Sus hijos iban a una escuela argentina y de hecho, las conversaciones se hicieron en esa escuela, argentina, que era la Escuela 18, pero lo que resultó decisivo, fue que ellos querían ser argentinos. El 20 de noviembre de 1902 se firmó, en Londres, la decisión de los árbitros: Se disputaban 94.000 kilómetros cua­drados. Chile se quedó con 54.000 y Argentina, con 40.000. Pero, dice De Vera, “de esos 94.000 kilómetros cuadrados, solamente 12.000 eran valles productivos. Y de esos, Argentina se quedó con 8.500”. E incluídos en esos 8.500 estaba la “Colonia 16 de Octubre”, que en 1918 sería rebautizada, también en galés, como Trevelin, que quiere decir “Pueblo del Molino” (extractado de una nota de Patricia Kolesnicov).

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