Trato pampa

Es conocida, a través de muchos antecedentes, la insaciable codicia de algunas tribus aborígenes (especialmente los araucanos que invadieron la Patagonia argentina y cuyas tribus ocuparon durante el siglo XIX gran parte de los territorios al sur de la provincia de Buenos Aires). “Estos indios, dice ALCIDES D`ORBIGNY, quizás el cronista que más directamente y a fondo estudió sus usos y costumbres en la década de 1830, “así como todos los miembros de esa nación, son los mayores pedigüeños que existen; no cesan de quejarse de su pobreza, exagerando la riqueza de los cristianos a fin de provocar su compasión y tiene siempre en la boca la palabra “prestando”. Si no se les da, saben decir “mezquino” y por el contrario, si se satisface su pedido, responden con un “buen corazón”. Es de lo más raro que un indígena dé algo, y si uno de ellos obtiene alguna cosa, no lo comparte jamás con sus compañeros. Sin duda, los españoles los han hecho  así, muy egoístas e interesados, pues para ganarse su confianza, los colmaban de regalos, sobre todo al acordar la paz, cada vez que se producía un entredicho, sin recibir jamás algo de ellos. De esta costumbre, la de pretender mucho a cambio de poco o nada, fielmente mantenida por los araucanos (mal dicho “pampas”, pues éstos fueron expulsados de sus tierras por aquellos), surgió el modismo “trato pampa”, que se aplica a esas transacciones o acuerdos, en los que una de las partes se adjudica, a expensas de la otra, un exceso de ventajas y beneficios, lo que se llamaría “un contrato leonino”.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.