TIRARLE EL CHICO LEJOS

El juego de bochas, pese a su origen (nacido quizás en el imperio romano y difundido luego desde Italia hacia todo el mundo ),  contó desde siempre, con el favor de la gente de campo en la República Argentina y en todas las estancias, chacras,  pulperías y hasta en alguna casa perdida en medio de la llanura, era costumbre encontrar una cancha y bochas para practicarlo. Pero como es lógico, tanto las reglas del juego, como la denominación de los elementos que lo componían, tuvieron que sufrir modificaciones  y adecuaciones, algunas por imperio de una fuerza mayor y otras por exigencias naturales de su medio ambiente. Así, como la falta de maderas apropiadas, en muchos de los casos, obligó a la supresión del cerco construido con ese material, que limitaba las medidas de la cancha y nuestros hombres de campo usaban como “cancha” el campo abierto, las bochas, en vez de ser reconocidas como “rayadas” y “lisas” o “marcadas” y “sin marcar”, fueron llamadas “herradas las primeras y “orejanas” las lisas. En lo que respecta al “bochín” o “mingo”,  esa bochita más pequeña alrededor de la cual gira todo el juego, se la llamó “chico” y es en esta denominación y en la  supresión de los límites de la “cancha”,  que se fundamenta el modismo criollo “tirarle el chico lejos”. Es que el jugador con mayor vigor, potencia física y quizás seguro de su maestría, al iniciarse el juego, tiraba el “chico” bien lejos, para anular de esta manera, las posibilidades de un rival más débil o inepto, que sí se veía en figurillas para tratar de acercar sus bochas al “chico”que había quedado bien lejos. “Le tiró el chico lejos”  quería significar entonces que lo había sobrado desde el vamos.

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