TANGOS FAMOSOS Y SUS PROTAGONISTAS (1841)

“Cum-tango, caram-cum-tan- go. Cum-tango, caram-cum- tam.”. Las voces acompañaban a golpes de tambor. Los negros le llamaban “tan-gó”. Era parte de un candombe que fue muriendo, pero casi agónico, junto a fragmentos de habaneras, resucitó en una música fuerte y melancólica: el tango. Recluído en un principio en las pistas de arena de los Mataderos del Sud (de la Convalecencia o del Alto), poco a poco se acercó al centro de la ciudad. No tiene una carta de ciudadanía propiamente dicha. Una guitarra, un violín, una flauta y un emigrante alemán que se acopló el bandoneón. Esta es la orquesta que acompaña “un baile endiablado, sensual y primitivo”. Los comentarios son duros: tal vez temen que se acerque demasiado a las “clases altas”. A veces le permiten salir a algún escenario “no muy bien visto” y se comenta que fue allá por 1841 que aparece ante el gran público, aunque con reminiscencias de baile español, entremezclado con la música de “Julián Jiménez, una zarzuela local estrenada este año. Pero para verlo desnudo es necesario correrse hasta las romerías de Barracas al Norte, donde el más solicitado es “Dame la lata”, cuyo autor era un flautista casi desconocido llamado “Juan Pérez”. Sentada, ocho, quebrada, media luna, corrida..

Cosa de nunca acabar. Pese a su juventud, ya conoce divisiones: en Uruguay tiene un ritmo más apurado y lo llaman “milonga o milongón. El tiempo lo va puliendo, dándole personalidad. Lo viste de compadrito, de mayoral de tranvía, de inmigrante. Cada paso es una nueva forma de aceptación. Tal vez todavía no tenga ni veinte años y ya hay quien quiere vestirlo de frac y llevarlo a los salones de la alta sociedad. ¿Lo dejarán pasar?. A partir de allí se inicia una época de oro de nuestra música popular, que explota a principios de siglo XX con la aparición de grandes tangos que recorrieron el mundo y cautivaron con su ritmo “canyengue” y melancólico los públicos más diversos. “El Choclo”.

El 3 de noviembre de 1903, se estrenó “El choclo”, el tango de Ángel Villoldo que es quizás el más famoso en el mundo. Por entonces el tango estaba todavía en los límites de una música prohibida y era mal visto por los grupos sociales de clase media y alta que lo consideraban inmoral. Claro que a escondidas de sus padres, muchos chicos de buena familia buscaban dónde escuchar y bailar esa música peligrosa. ÁNGEL VILLOLDO que fue payador, artista de circo y autor teatral, y compuso sus primeros tangos a partir de 1890, creó la música de “El choclo” antes de 1900. Pasaron los años y un día se lo llevó a su amigo JOSÉ LUIS RONCALLO que dirigía una orquesta en “El americano”, un restaurante elegante que quedaba en la calle Cangallo, frente a la cortada Carabelas. El dueño del local no quería saber nada con el tango y Roncallo presentó la pieza como una “danza criolla”.

El éxito fue tan grande que debía repetirlo varias veces, noche tras noche. Dos años después, Villoldo lo editó por primera vez y se lo dedicó a Roncallo que había hecho posible su popularidad y entonces lo llamó definitivamente tango. “El choclo” fue el primer tango que se bailó en París, y la primera composición argentina que cobró derechos de autor por su ejecución en el exterior. Villoldo es considerado por muchos como el primer letrista del tango, que hasta esa época había sido solo música bailable. Sin embargo no fue él quien creó los célebres versos para su pieza sino Enrique Santos Discépolo que le puso una letra inolvidable: “Con este tango nació el tango y como un gripo / salió del sórdido arrabal buscando el cielo”. Y es que realmente “El choclo” significó la salida del tango fuera de su ámbito de arrabal y malevaje. Villoldo autor de muchas otras composiciones famosos como “El Porteñito” y “La Morocha” murió en la pobreza, poco antes que llegara de Francia una importante suma de dinero que debía cobrar. Mi noche triste.

El 14 de octubre de 1917, es la fecha probable en que CARLOS GARDEL estrenó el tango “Mi noche triste”, el tango de CONTURSI Y CASTRIOTA que abrió una nueva página en la historia de la música ciudadana. Hay más de una versión sobre la fecha y el lugar del estreno, y el comienzo de este tango maravilloso, triste y nostálgico, está sombreado por la leyenda. Lo cierto es que marcó un cambio en la temática y en las letras de la música de Buenos Aires. Pascual Contursi compuso los inolvidables versos para la música de Samuel Castriota, que originalmente llevaba el nombre de “Lita”. CARLOS GARDEL escuchó el tango, probablemente cantado por el mismo Contursi. Y otra vez los datos son contradictorios y oscuros. Se dice que a Gardel lo fascinó la historia, simple y dolorosa, pero que no entusiasmó a RAZZANO, su compañero de dúo. Que fue Razzano el entusiasmado y Gardel el indeciso. También se afirma que el uso del lunfardo, frecuente en el habla cotidiana, era mal visto por el público porque se lo consideraba un argot de los bajos fondos. Y ésta podía ser una razón para estudiar cuidadosamente la presentación.

Por fin, Gardel se decidió a cantar el tema, llegó a un acuerdo con Contursi y Castriota, y fue él mismo quien le dio su título definitivo: “Mi noche triste”. Según algunos autores, Gardel cantó el tango por primera vez en el Teatro Empire, pero otros dicen que fue en el Esmeralda. Ante un público silencioso y con fondo de guitarras comenzó a interpretar: “Percanta que me amuraste,/ en lo mejor de mi vida/ dejándome el alma herida/ y espina en el corazón”. La belleza de la composición y la calidad interpretativa de Gardel se unieron para hacer un incomparable éxito. Milonguita. En mayo de 1920, en el Teatro de la Ópera de Buenos Aires, la cantante MARÍA ESTHER DE POMAR estrenó un tango que tenía música de ENRIQUE DELFINO y letra de SAMUEL LINNING. La pieza formaba parte de un sainete que pasó al olvido sin pena ni gloria, pero el tango, llamado “Milonguita”, se hizo famoso y llegó a ser un clásico de la música popular.

Sus versos decían: “Te acordas, Milonguita, vos eras/ la pebeta más linda e’Chiclana/ la pollera cortona y las trenzas/ y en las trenzas un beso de sol”… “Estercita/ hoy te llaman Milonguita…”. Desde entonces se tejieron muchas leyendas sobre la existencia de aquella Estercita. Un estudioso de la Academia Porteña del Lunfardo afirmó haber hallado el acta de defunción de la muchacha que inspiró el personaje y que sería una chica de apenas 15 años, hija de italianos y muerta de meningitis, domiciliada en un conventillo de la calle Chiclana. Sin embargo, si se tiene en cuenta la triste historia de Milonguita, mujer de cabaret en plena decadencia, alcoholizada y prostituida, es poco probable que una chica de 15 años haya tenido tiempo para tantas desventuras.

Existe otra teoría que afirma que Milonguita era otra mujer llamada MARÍA ESTHER DALTON o MARÍA ESTHER TORRES, quien también vivió en Chiclana y que según dicen, murió el 11 de diciembre de 1920, según un Certificado de Defunción, hallado por un apasionado buscador de la “historia tanguera”. Por último, una versión afirma que los autores caminaban un día por la calle Chiclana y se cruzaron con una mujer espléndida que los hizo darse vuelta. Uno de los dos dijo: “¡Mirá esa Milonguita!”, y entonces nació el tango. La cumparsita. El tango más difundido en el mundo, fue estrenado el 6 de junio de 1924, durante la presentación de un sainete en el teatro Apolo de Buenos Aires. Pero éste no fue el comienzo de su historia. La obra de GERARDO HERNÁN MATTOS RODRÍGUEZ aparece rodeada de desagradables desencuentros entre músicos amigos y acompañada de largos pleitos judiciales. Es febrero de 1917 y se acerca el Carnaval. Los muchachos de la Federación de Estudiantes del Uruguay están ensayando para presentarse con una murga y escuchan que alguien desgrana unas notas pegadizas en el piano. El que toca es Gerardo Mattos Rodríguez, un joven estudiante de arquitectura que se reunía para hacer música con sus compañeros en esa vieja casona de Montevideo.

Algunos de los concurrentes le preguntan al pianista ¿Y eso?. Es el tango de un amigo contesta el Becho (apodo con el que se lo conocía a Matos), que no se atrevía nunca a confesar la paternidad de sus obras. Los muchachos que formaban un grupo llamado “Los Luchadores”, necesitaban una nueva melodía para su comparsa, y esa melodía “de un amigo” no estaba del todo mal. La sede de la Federación más que inquietudes estudiantiles, albergaba timbas y juergas de toda laya, además de muchas deudas. Se debían las cuotas de los pocos muebles adquiridos y el dueño del local reclamaba los meses de alquiler y si no, el desalojo. El mencionado piano era el único con sus cuotas al día, la música era aparentemente sagrada para aquellos rebeldes. Como hacía falta mucha plata, los ensayos carnavalescos continuaron intensamente, esperanzados en recaudar algo de dinero mediante “la manga” y hasta ganar el premio prometido por el concurso de “murgas” que les permitiría pagar sus deudas. Llegó el carnaval. La comparsa formada por los 18 miembros de “Los Luchadores” se lanzó a la calle visitando distintos lugares para tirar la manga.

La confiteria Americana y la Vaquería del Parque Urbano lugar de reunión de gente linda y sin apuros económicos escuchaba la “marchita” a diario y en el último de estos lugares se habían hecho tan familiares, que un mozo italiano del lugar solía anunciar a los parroquianos. — Ahí viene la “Cumparsita” de los estudiantes!. La jovial estudiantina vio entonces en esa frase, el titulo para la “marchita”. Matos no sabía entonces que el mismo significaría después la causa de su fama o, porque no, de su gloria. Matos Rodríguez nunca aprendió la grafía musical. Tocaba de oído y por eso, era preciso que alguien llevara las notas de aquella marchita al pentagrama porque pensaba que de ella podía sacar un lindo tango. Recordó entonces al maestro Ruíz, un pianista español que era conocido suyo y se reunió con él, para que tocándola en el piano, su amigo la volcara en el pentagrama. Dicen que esa primera partitura fue escrita en una pared de aquella casa de Montevideo. La colaboración providencial de Roberto Firpo. El 28 de marzo de 1917. Roberto Firpo iniciaba en Montevideo su segunda temporada consecutiva en el café y confitería “La Giralda” y dos amigos de Matos —tal vez por deseo propio o quizás a pedido del mismo— le pidieron a Firpo que ejecutara el nuevo tango. Roberto Firpo —según sus propias declaraciones— se habría negado inicialmente a ejecutar el “nuevo tango”. Pero la insistencia de sus amigos debió ser mucha, porque al fin decidió leer la partitura y encargarse de su arreglo. Una noche, cuya fecha se ignora— el autor de “Alma de bohemio” decidió estrenar “La Cumparsita”, “ante una barra de incondicionales que ocupaban todas las mesas cercanas al palco de la orquesta”, que vivaron con aplausos y gritos la obra. Después de que Roberto Firpo ejecutara “su Cumparsita, Matos creyó haber alcanzado la fama —o, por los menos, haber empezado a transitar por ella—. Fue así como, el mes siguiente decide viajar a Buenos Aires, para ofrecer su preciado tango a la editora Breyer Hermanos, que para ese entonces, era la representante de la Casa Ricordi en nuestro país. Matos regresó a Montevideo a aguardar la contestación prometida y el 26 de abril recibió la respuesta.

De su texto se desprende que él mismo había escrito a Breyer Hermanos antes de que éste le comunicara su resolución, y que había reclamado una suma más alta que la que al fin terminó por aceptar. El precio que le pagaron por “La cumparsita”, fue de “50 morlacos y 30 ejemplares de la obra, una vez impresa” Matos llegó un domingo al Hipódromo de Maroñas en Montevideo, “con sus cincuenta pesos y un optimismo desbordante provocado por un dato de procedencia insospechable que iba a multiplicar su fortuna varias veces, No jugó un boleto en las carreras anteriores, reservando su tesoro para los ganadores destinados a una fija imperdible. Y llegado el momento, se acercó a la ventanilla y puso los cincuenta pesos en las patas de “Skat”. Pero Skat perdió “por una cabeza”. El nombre de su vencedor era “Le perl jeune”. Pasó el tiempo y con él, la amargura de esa pérdida. El tango “La cumparsita”, cayó en el olvido hasta que el 6 de junio de 1924, se estrena en el teatro Apolo, “Un programa de cabaret”, una mediocre pieza cómica en dos cuadros, original de Pascual Contursi y Enrique Pedro Maroni. Pero éste no fue el comienzo de su historia. La obra de GERARDO H. MATTOS RODRÍGUEZ aparece rodeada de leyendas y acompañada de largos pleitos judiciales. En ese entonces estaba de moda en Buenos Aires el teatro que incluía temas musicales. El tango de Matos Rodríguez fue incorporado al sainete y en el segundo cuadro de esa obra, “un cantor de muy buenas condiciones”, que se llamaba Juan Ferrari, gime por primera vez la letra compuesta para “La cumparsita”, por los autores de ese sainete, que además le habían cambiado el nombre y la rebautizaron “Si supieras”. Casi enseguida, Carlos Gardel —que era muy amigo de Contursi y que siempre trataba de ampliar su repertorio— comenzó en el mismo año a cantarla A fines de ese año, el tango de Matos Rodríguez, recuperó nuevos impulso, cantado con la versión de Maroni y Contursi y volvió a ser uno de los tangos más populares del repertorio ciudadano y se difundió por el mundo. Se dice que un diplomático de entonces contaba con asombro que la había oído en Alemania, interpretada por una banda del ejército prusiano.

El camino, así quedó abierto para las controversias, que suelen suscitarse hasta hoy, entre cronistas del tango, uruguayos y argentinos, amigos o negadores del discutido Becho. Se inicia un largo y penoso litigio. En 1925, estando Matos Rodríguez en París, —donde se hallaba como corresponsal de un matutino porteño, como turista o como improvisado gigoló— se encontró con Francisco Canaro y éste le comentó el “furor” que en Buenos Aires, había obtenido su tango, con la letra de Contursi y Maroni, luego de la difusión que de él, hiciera Gardel a través del disco, llamándolo “Si supieras”. La alegría de Matos ante este relato, pronto se diluyó. La letra con la que se cantaba “su tango” no había sido autorizada por él y menos que se le hubiera dado un nuevo nombre a su composición. Matos reaccionó rápidamente. Consideró que primero era necesario que él mismo escribiera la letra para su tango y así lo hizo. No se sabe si fue producto de su inspiración o de la de algún escriba que lo hizo por él. Luego retornó de París a Buenos Aires para iniciarles acciones legales a Pascual Contursi y Enrique P. Maroni, por haber utilizado la música de su tango para la letra que ellos habían compuesto sin su autorización. La primera sorpresa desagradable que se llevó fue que la editora Breyer hermanos, había transferido la propiedad de su obra a la casa Ricordi y que, en virtud del contrato suscripto con la primera de ellas, sus derechos sobre la misma se encontraban extinguidos. ¿Que hacer entonces?. La actitud de Matos —bastante habitual en él— fue querellar invocando que a la firma de ese contrato, era menor de edad y que, como consecuencia de ello, el mismo podía ser invalidado. En la década del 30 se inició un pleito entre Mattos Rodríguez, que había escrito la música y su propia letra para el tango que llamó “La cumparsita”, Contursi y Maroni, quienes reclamaban su participación por haber sido los verdaderos autores del éxito de ese tango, y la casa Ricordi, que se aferraba tercamente a la validez del contrato suscrito por ellos con Matos Rodríguez.

Más tarde surgió un nuevo pleito cuando Roberto Firpo aseguró que la obra se había compuesto sobre su tango “La gaucha Manuela” Las negociaciones no parecen haber sido fáciles, y sólo gracias a la mediación de la “Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música”, se alcanzó un acuerdo, cuyas condiciones, sin embargo se ignoran. El segundo paso de Matos —después de haber llegado a un acuerdo con la casa Ricordi y con los demás litigantes,—, fue iniciar juicio para retirar los discos que se cantaban con la letra de Maroni y Contursi, a pesar de que estos hablan obtenido un pronunciamiento favorable de la Sociedad Argentina y Compositores de Música (SADAIC) sobre sus derechos. El 16 de marzo de 1932, Contursi murió loco en el Hospicio de las Mercedes. Hilda Briano —que era su viuda— y Maroni, ante la dura rigidez de Matos, contrademandan a éste por “daños y perjuicios, reconocimiento de derechos de coautores y cobro de pesos”. El juez Raúl Lozada Echenique —después de apilar fojas durante 16 años— falla a favor de los herederos de Contursi y Maroni y Matos apela y la Cámara Civil confimó la competencia del Juez, por medio de una sentencia dictada en febrero de 1948. En el interín, fallece Matos y las partes se sometieron al laudo arbitral del presidente de SADAIC, que en ese entonces era Francisco Canaro, Producido su fallo, se hace público el 10 de setiembre de 1948 y así se sabe el final de esta historia, que en síntesis determina: a) reconocer a los herederos de Pascual Contursi y a Enrique P. Maroni, el 20 por ciento de los derechos de ejecución que devengue el tango “La cumparsita”; b) los derechos fotomecánicos, los de inclusión en películas cinematográficos, cuando se utilice la letra del mismo, serán repartidos conforme a las normas establecidas por SADAIC, o de acuerdo a los usos y costumbres de plaza; c) las futuras ediciones de “La cumparsita”, deberán registrar las dos letras, con exclusión de las de cualquier otro; y d) la obligación de pagar la suma de cinco mil pesos a José Razzano, por desistir del juicio de daños y perjuicios que había promovido contra Matos, por retiro que éste había solicitado de la grabación que Gardel había hecho de la letra de Contursi y Maroni. Tiempos viejos, el tango que le dio fama a la “rubia Mireya”. El 11 de marzo de 1926, se estrenó el Tango “Tiempos viejos” y con él empezó a rodar la fama del personaje femenino conocido como la “Rubia Mireya”.

El personaje surgió por primera vez en un sainete de 1923 que se llamaba “El rey del cabaret”, escrito por MANUEL ROMERO Y ALBERTO WISSBACH e interpretado por la actriz EVA FRANCO. Reapareció con letra de Romero y música de FRANCISCO CANARO, presentado como parte de un espectáculo de revista en el Teatro Porteño. Meses más tarde se convirtió en el tema central de la obra “Los muchachos de antes no usaban gomina” que se estrenó en el Teatro Buenos Aires, de la Avenida Corrientes. “La rubia Mireya” tenía como modelo un estereotipo característico del ambiente porteño de principios de siglo: una estrella del famoso bailongo de Hansen en Palermo cuya suerte se apagaba al ser abandonada por su amado. Pero muchos se preguntaron si Mireya era sólo un producto de la imaginación o había sido una mujer de carne y hueso. Según algunas versiones fue una joven llamada MARGARITA VERDIER, nacida en el Uruguay y que pertenecía a una familia distinguida de origen francés. Alrededor de 1907 se vino a Buenos Aires y posiblemente vivió en el barrio de Almagro o en Nueva Pompeya. Debió ser rubia, bailar maravillosamente, tuvo una triste decadencia y murió de tuberculosis como correspondía a la leyenda romántica de la época. El personaje reapareció muchas veces, tanto en el teatro como en el cine y MECHA ORTIZ, SUSANA CAMPOS y MARÍA AURELIA BISUTTI entre otras le prestaron sus imágenes. Los tiempos han cambiado pero el tango sigue evocando: “¿Te acordás hermano la Rubia Mireya/ que quité en lo de Hansen al loco Cepeda?/ Casi me suicido una noche por ella/ y hoy es una pobre mendiga harapienta…”.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.