SOLDADOS INGLESES EN LOS EJÉRCITOS DE LA PATRIA

Son poco conocidos los casos de los británicos que vinieron a Buenos Aires con la primera invasión Inglesa y después quedaron en el país para hacer carrera en los ejércitos de la patria. En general, se recuerda sólo a los ingleses e irlandeses que llegaron después de finalizadas las guerras napoleónicas y prestaron servicios con San Martín y Bolívar, como Cochrane, Miller y O’Brien. Las crónicas de la época relatan que músicos de las bandas británicas que quedaron en el Río de la Plata, organizaron nuestras primeras bandas de música en Mendoza y Santa Fe durante el periodo de la Independencia.

También se refieren a la actuación de algunos de estos militares ingleses y en especial se menciona a: PEDRO CAMPBELL, irlandés y católico, vino al Río de la Plata con la expedición de Beresford en 1806, en la cual prestaba servicios con el rango de sargento. Después de la rendición de los ingleses en el Fuerte de Buenos Aires frente a las fuerzas de Liniers, fue internado en Corrientes, en calidad de prisionero y una vez liberados los presos, decidió quedarse. Trabajó como peón en la curtiembre de Ángel Fernández Blanco, una de las más conocidas en ese tiempo. Tan pronto estalló el movimiento emancipador se enroló en las filas de Artigas. Se hizo gaucho por completo y adoptó modalidades, costumbres y vestimenta.

Su compatriota, Robertson, lo describe así, al conocerlo durante el período de la guerra de la Independencia, en Corrientes: “Estando sentado una tarde bajo el corredor de mi casa, vino hasta mi silla, a caballo, un hombre alto, huesudo, de aspecto feroz, vestido de gaucho, con un par de pistolas de caballería en la cintura, un sable metido en una vaina, de acero herrumbrado, pendiente de un cinturón sucio de cuero medio curtido; barba y bigotes rubios; el pelo desgreñado, del mismo color, adherido por el sudor, y cubierto de polvo. La cara no sólo estaba quemada por el sol hasta parecer negra, sino que estaba ampollada hasta los ojos; mientras grandes pedazos de la arrugada piel estaban pronto a desprenderse de sus paspados labios. Llevaba un par de aros sencillos, un sombrero ee los que usan los alteadores, un poncho hecho jirones, chaqueta azul adornada con una cinta roja descolorida, un enorme cuchillo en una vaina de suela, un par de botas de potro y espuelas de fierro herrumbrado con rodajas de un pie y medio de diámetro”.

Desde fines de 1814, actuó como jefe de la escuadrilla artiguista correntina. Después de que Andresito Artigas -hijo y lugarteniente del héroe uruguayo- triunfó en la batalla de Las Saladas, Campbell, ocupó la ciudad de Corrientes y fue designado comandante general de Marina de la provincia, en el año 1818. Formó al mismo tiempo un regimiento de indios tapes, armados con sables, fusil y puñal, que combatían a pie o a caballo contra las fuerzas del Directorio de Buenos Aires, que no lograban dominarlas, según cuenta el general Paz en sus “Memorias”, quien como jefe de la fuerzas del Ejército del Norte trasladadas al litoral para combatir a los caudillos, tuvo que enfrentarlo en varias oportunidades. A fines de 1818, Campbell descendió con las tropas de Corrientes en apoyo de Estanislao López, el caudillo de Santa Fe, amenazado por las fuerzas del Ejército del Norte, enviado por el gobierno de Buenos Aires, para oponérsele, a la espera de un eventual retorno de los efectivos del Ejército de los Andes, que nunca se concretó.

En enero de 1819 durante el combate de La Herradura, Campbell, nuevamente al mando de los correntinos, que junto con Estanislao López, al frente de los montoneros santafecinos y los entrerrianos encabezados por López Jordán -medio hermano del caudillo entrerriano Francisco Ramírez-, son rechazados por las fuerzas del Directorio, bajo las órdenes de Juan Bautista Bustos, ocasión en la que se destaca por su valor como jefe de la vanguardia de las fuerzas de López, combatiendo con suma habilidad tanto en el agua como en tierra. El general Mitre, relata así la táctica utilizada por Campbell en estas acciones: “Era éste (Campbell) el inventor de una nueva táctica de combate, que consistía en que la infantería montada y armada de fusil con bayoneta, cargara a gran galope como caballería, se dispersara en guerrillas del mismo modo, echara pie a tierra por parejas o por grupos, cuidando uno de los caballos y rompiera el fuego dentro del tiro de fusil. En caso de avance, se reconcentraba y cargaba a pie o a caballo, según obrase como infantería o caballería, y en caso de retirada, saltaba rápidamente sobre sus caballos y se ponía fuera del alcance de su enemigo. Esta operación era protegida por escuadrones de verdadera caballería que actuaban como reserva”. Después de esta campaña, regresa a Corrientes, donde repri­me una sublevación contra el gobernador Méndez, realizada por elementos contrarios a Artigas.

En agosto de 1819, es designado por Artigas comandante general de Misiones debido a que Andresito había caído prisionero, y al ausentarse el gobernador Méndez, asume como gobernador delegado de Corrientes. A fines de 1819, se reabren las hostilidades entre los caudillos del Litoral y las fuerzas del Directorio. Campbell vuelve al Paraná al mando de la escuadrilla correntina, enfrentándose con la de Buenos Aires, a la que ataca el 1o de enero de 1820. Cuando las fuerzas de Buenos Aires, bajo las de Ángel Hubac, parecían imponerse, los correntinos se lanzaron al abordaje, animados por los gritos de guerra de los indios y restablecen el combate dando muerte al jefe de la Escuadra de Buenos Aires. Inmediatamente, Campbell se incorpora a las fuerzas terrestres de los caudillos y así, el 4 de enero, se encuentra en el combate de Arroyo del Medio, y el Io de febrero, en la batalla de Cepeda, donde Estanislao López derrota a las fuerzas de Buenos Aires al mando del general Rondeau. Francisco Ramírez tuvo la idea de hostilizar a los buques que trasportaban a las fuerzas de Buenos Aires que se habían retirado y a este respecto, el historiador Vicente Fidel López, cuenta que el combate naval duró sólo diez minutos, que allí perdió la vida el segundo de Campbell y que un indio llamado Olifrant, fue degollado y colgado de un mastelero, debiendo retirarse luego las fuerzas atacantes. Campbell retornó a Corrientes, y se dedicó a combatir las depredaciones de los indios abipones y poco tiempo después, al estallar el conflicto entre los caudillos José Artigas y Francisco Ramírez, Campbell se mantuvo leal al primero y con las fuerzas correntinas, el 30 de julio de 1820, enfrenta a las entrerrianas por río y tierra, pero es derrotado. Apresado y engrillado, es enviado ante la presencia del doctor Francia, dictador del Paraguay, quien ordena se lo interrogue y que se lo torture si es preciso, para que informe sobre lo que se le pregunte con respecto a sus movimientos. Permanece así detenido e incomunicado hasta que inesperadamente se lo pone en libertad y se le permite establecerse en Ñeembucú, donde retoma su oficio de curtidor hasta que fallece en 1832.

TOMAS CRAIG. Nacido en Irlanda en el año 1780, llega al Río de la Plata como sargento primero integrando las fuerzas invasoras de Carr Beresford en 1806. Al cesar las hostili­dades con los ingleses, luego de fracasada su segunda invasión en 1807. Después de haber estado internado en el interior del país, se radicó en Buenos Aires y al estallar la Revolución de Mayo, se incorporó a las fuerzas patriotas, formando parte de la Primera Expedición al Alto Perú, Como sargento primero de Artillería, se encuentra en las batallas de Suipacha y Huaqui. Pasa al Regimiento de Húsares del Perú y bajo el mando del general Manuel Belgrano, se encuentra en las batallas de Tucumán, Salta y Vilcapugio En octubre de 1813, es ascendido a teniente de milicias e interviene en el combate de Ayohuma, donde es herido, por lo que es evacuado a Buenos Aires. Aquí se enrola como marino en la Escuadra que organizaba Brown para sitiar Montevideo e interviene en todos los combates navales de esa campaña. Prestó servicios luego en el Pacífico bajo las órdenes de Cochcrane y debido a problemas vinculados con la política chilena, en 1820 emigra al Uruguay, donde es nombrado Comisario y Juez de paz. En 1825, al estallar la guerra con el Brasil, se incorpora a la Escuadra de Brown y participa en diversas acciones que se desarrollaron durante esa contienda. En 1841, nuevamente se enrola en las fuerza de Brown, cuando éste, por orden de Juan Manuel de Rosas, estaba organizando la escuadra para combatir la agresión francesa y asume como comandante de la goleta “Libertad”, pasando luego al comando de la “Veinticinco de Mayo” y finalmente de la goleta “Nueve de Julio”. En agosto de 1842, al mando del “Republicano” se encuentra en el combate de Costa Brava contra la escuadra de Montevideo encabezada por Garibaldi, a quien vencen.

El 20 de noviembre de 1845, participó en la batalla de la Vuelta de Obligado y su jefe en aquella ocasión, el coronel Ramón Rodríguez, dice sobre su actuación: “se halló en el combate de Obligado al mando del bergantín- goleta “Republicano”, el que después de haber concluido sus municiones, habiéndolo hecho volar según las órdenes que había recibido del general Mansilla, atravesó el Paraná en los botes y vino a las baterías, en las que siguió el combate”. En 1850, al organizarse la nueva escuadra rosista, es puesto al mando de la goleta “Santa Clara” y después de Caseros, es ascendido a sargento mayor con destino en la escuadra de la Confederación, pasando en 1857, al Cuerpo de Inválidos, debido a su avanzada edad y a su estado de salud , permaneciendo allí hasta que se produce su fallecimiento en 1863, a los 83 años de edad. Algunos historiadores sostienen que en 1810, cuando Liniers fue fusilado en Córdoba, se recurre a un pelotón de soldados que habían sido ex prisioneros ingleses y que integraban la Expedición al Alto Perú, ya que las tropas de Buenos Aires se resistieron a cumplir la orden de fusilamiento. De ser cierto este hecho, es probable que Craig, haya sido uno de los ingleses que se encontraron en ese pelotón.

DIEGO PAROISSIEN.  Nacido en Londres en 1873-, médico en el Ejército del Norte y después colaborador de San Martín en las campañas de Chile y Perú, llega al Río de la Plata con motivo de la primera invasión, para dedicarse al comercio. Ante el fracaso de esta operación, desembarca en Montevideo y después de la segunda invasión, en la Banda Oriental, es procesado por los españoles, por “alta traición” y luego declarado inocente de los cargos que se le imputaban. Se trasladó después a Río de Janeiro, donde trabó amistad con Jacinto Rodríguez Peña, exiliado en dicha ciudad por su participación en la fuga de Beresford y desde ese momento, se vincula al proyecto independentista del Río de la Plata.

OLIVERIO RUSSEL. Un escocés que llegó a Buenos Aires en 1790 y se incorpora a la marina mercante, llegando a ser un hábil conocedor y baqueano del Río de la Plata. Cuando el 19 de junio de 1806, al mando de una goleta portuguesa se dirigía a Río de Janeiro, fue capturado en proximidades del cabo Santa María por la fragata inglesa Narcisus-que formaba parte de la escuadra de la primera invasión que mandaba el comodoro Home Popham. Al ser severamente interrogado, descubren su verdadera nacionalidad y es obligado por los británicos a guiar la escuadra como piloto para entrar al Río de la Plata y los informes que le arrancan, referidos al estado de indefensión de la ciudad, la existencia de importantes caudales y las facilidades que ofrecía para el desembarco, deciden a los invasores, a desembarcar primero en la capital del Virreinato y no en Montevideo, como estaba previsto en un principio. Russel no recobró la libertad hasta después de producida la Reconquista de Buenos Aires y en 1814, estando radicado en Buenos Aires, se alistó en la Escuadra de Brown. En 1815, los expatriados chilenos que vivían en Buenos Aires adquirieron una goleta norteamericana a la que bautizaron “Constitución”, y poniéndola bajo las órdenes de Russel, se dedicaron a la guerra de corso en el Pacífico. El buque naufragó ese mismo año en la zona del Cabo de Hornos y jamás fueron encontrados sus restos ni los del capitán y su tripulación. Esta sucinta revisión de algunos casos, son una muestra más de la complejidad del proceso político-militar que se vivió durante el período de las luchas por la Independencia, y refleja, cómo muchas veces, las circunstancias suelen ser decisivas en el curioso destino de los hombres (Texto publicado en el diario “La Nación”, con la firma de Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría).

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