SEGUNDO CENSO MUNICIPAL EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES (11/09/1904)

El Censo de 1904 —segundo censo comunal levantado en la Ciudad de Buenos Aires— fue ordenado por el Intendente Municipal ALBERTO CASARES, en cumplimiento de lo dispuesto en el artículo 2° de la Ordenanza del 28 de mayo de 1904, que estableció que se levantara un censo general “que comprenda la población, los edificios, el comercio y las industrias, sin perjuicio de extender más tarde la investigación hacia otras fases interesantes de la vida demográfica, económica ó moral de este municipio”. Esta ordenanza permitió, a su vez, cumplir con los preceptos de la Carta Orgánica de la Estadística Municipal, promulgada el 31 de mayo de 1889, que ordenaba a la repartición dirigir, cada diez años, un operativo de este tipo.

Dos días después de levantado el censo, se organizó una oficina, compuesta por 191 empleados, encargada de llevar a cabo la compilación del mismo. Esta tarea se realizó en 86 días, desde el 20 de septiembre hasta el 15 de diciembre, y se elaboraron 30 cuadros en total. El censo relevó la población de hecho. En la ficha censal se incluyeron 17 preguntas para responder a interrogantes de carácter demográfico, sociológico y económico. Entre otras, se encuentran preguntas referidas a si el censado va a la escuela, si recibe instrucción en su casa, en algún taller o ha abandonado la misma; todas ellas se incorporaron con el objeto de suministrar datos al Consejo Nacional de Educación. Las preguntas sobre vacunación fueron incluidas a pedido del Departamento Nacional de Higiene, con el propósito de contar con elementos que le permitieran evaluar el cumplimiento de la ley de la Nación que había declarado obligatoria la vacunación y revacunación antivariólica.

Para realizar este censo se usó, por primera vez en Buenos Aires, la ficha o tarjeta personal. Su empleo contribuyó a la rapidez y precisión de los trabajos posteriores de compilación. No obstante, un serio inconveniente de esta ficha era la ruptura de la unidad demográfica de la familia. A fin de evitarlo, se adoptó el sistema de proveer a cada empadronador una libreta, en la que este anotaba el número de fichas que entregaba a cada familia censada, de manera tal que al efectuar la compilación se dejaba constancia del número de fichas así como de la cantidad de miembros que la componían. La singularidad de este censo fue que, a diferencia de lo sucedido en las ciudades europeas, donde las funciones censales eran desempeñadas por empleados públicos, los trabajos preparatorios y el empadronamiento mismo fueron confiados a comisiones formadas por vecinos de cada barrio. Estas comisiones, a su vez, designaban a los empadronadores, cuyo trabajo supervisaban. En cada una de las veinte circunscripciones o barrios de la Ciudad se nombró una comisión popular, compuesta por veinte miembros, que designó a un empadronador por manzana. Como el número de manzanas no era menor de 4.800, el de los empadronadores fue más o menos igual, de suerte que en el levantamiento del censo colaboraron alrededor de 6.000 personas. La población de hecho, empadronada en la Ciudad el día 18 de septiembre de 1904, ascendía a 950.891 habitantes. Comparada con los 663.854 habitantes que relevó el Censo Nacional de 1895 “resulta que en el corto espacio de nueve años y cuatro meses, la población de Buenos Aires había tenido un aumento de 287.037 habitantes”.

Si se estima que la población, durante el período considerado, creció conforme a una ley exponencial, la tasa de crecimiento medio anual fue de 38,2 por mil. Es decir, la población de Buenos Aires habría aumentado anualmente, entre 1895 y 1904, a razón de 38 personas cada mil habitantes (Archivo General de la Nación, INDEC).

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