SEGUNDA FUNDACIÓN DE BUENOS AIRES (11/06/1580)

La necesidad de un puerto en el Río de la Plata se hizo sentir casi desde los inicios de la ocupación española de estas tierras, pero fracasaron diversos intentos para restablecer la ciudad-puerto de Buenos Aires, tras el fracaso de la fundación llevada a cabo por PEDRO DE MENDOZA en 1536. Pero a menos de cincuenta años de la primera Buenos Aires, cuya instalación no pudo prosperar, ya tenemos una segunda Buenos Aires, que estaba llamada a ser el nexo de unión entre Tucumán y Chile y entre Asunción y Chile. Prácticamente, el lugar de ambos emplazamientos no había cambiado, pero sí lo había hecho la situación económica que ahora se vivía por esas comarcas. Nos encontramos con que ahora había actividades económicas que estimulaban asentamientos permanentes en las zonas del interior y que en el momento de la primera fundación no existían. El lugar era el mismo, pero el interior, no era ya un despoblado que dejará indefensa y sola a la ciudad de Buenos Aires. Y no sólo eso. Hubo otro hecho de vital importancia que iba a incidir poderosamente en la estabilización de la nueva ciudad, otorgándole carácter permanente y esto fue que en 1570 se descubrió un mejor método para procesar la plata que se extraía del Cerro de Potosí, en el Alto Perú. Recordemos que este cerro, era sin duda, el más rico yacimiento de plata en explotación que existía en el mundo en esos tiempos y la aplicación de este descubrimiento, permitió aumentar la producción hasta cifras enormes. Naturalmente, al aumentar la producción,  también aumentó la población, no sólo en Potosí, sino incluso también en su zona de influencia y ni qué decir de la necesidad de alimentos, viviendas, servicios urbanos y de todo aquello que era necesario para el desenvolvimiento armónico de este nuevo y numeroso núcleo poblacional.

Por eso se hizo necesario contar con un puerto en el Atlántico, para que sirviera como centro de comunicación y abastecimiento de estos nuevos asentamientos, responsabilidad que iba a traer aparejado un notable crecimiento de la nueva Buenos Aires, cuya administración sería la responsable de la organización de estas actividades, reemplazando en ellas a España, y sumando así otra razón de capital importancia para definir la perdurabilidad de los nuevos asentamientos, ya que organizadas desde América y no desde España, estas tareas serían realizadas por conocedores de estas tierras, sus dificultades para transitarlas y los recaudos que eran necesarios tomar, para lograr buenos resultados. A partir de ese momento, el intercambio comercial manejado desde Buenos Aires, contribuirá en forma notable al desarrollo de ésta, debido a su ventajosa posición como única abastecedora de los poblados americanos.

En enero de 1530, Juan de Garay, conquistador español, radicado en América desde los 14 años, no cesaba de pregonar en Asunción, el repoblamiento del puerto de Buenos Aires y hasta había expresado sus convicciones, en carta que le enviara al rey, insistiendo en la necesidad de que “abriéramos puertas a la tierra y no estuviéramos cerrados”. Su presencia en el litoral era una consecuencia de las capitulaciones firmadas por Juan Ortíz de Zárate, quien por medio de ellas había recibido el nombramiento de Adelantado del Río de la Plata, comprometiéndose a fundar dos pueblos entre el Plata y Asunción y un tercero en la desembocadura del río de Solís (o de la Plata). Así fue que Ortíz de Zárate, aprobando los reclamos de Garay, le encomendó fundar una ciudad en el antigüo puerto de Buenos Aires  y repoblarlo, para abrir una puerta frente al océano, para beneficio de todas las tierras más allá del río de la Plata..

“Don Juan de Garay no las tenía todas consigo a la hora de refundar Buenos Aires. Los estímulos de la riqueza fácil que acompañaban a estas “empresas conquistadoras”, no podían ser garantizados. Se sabía que no habría ni oro ni plata ni piedras preciosas. Garay sólo prometió lo que parecía que abundaba y pastaba libremente: caballos. Se ve que las necesidades entre los pobladores de Asunción eran grandes porque Juan de Garav rápidamente logró reunir un contingentes colonizador de 65 voluntarios, casi todos jóvenes criollos, mestizos y españoles (53 de ellos, criollos y 11 españoles, cada uno con sus propios caballos, armas y herramientas) y una mujer llamada ANA DÍAZ, casada con uno de los expedicionarios, al que se agregarían ocho criollos más en Santa Fe (1).

La expedición partió de Asunción el 9 de marzo de 1573. Una parte de la gente marchó por tierra, arreando 500 vacunos y un millar de equinos; y otros se embarcaron en dos bergantines, 40 balsas y en la carabela “San Cristóbal de la Buenaventura”, (que seguiría a España). A fines de 1573, se detiene para completar sus equipos y aprovisionamiento y allí, donde instala su campamento, el 15 de noviembre de ese año, funda la ciudad de Santa Fe. Garay continúa luego la marcha y dividió su tropa en tres grupos. El primero se lanzó río Paraná abajo en febrero de 1580. Le siguió por tierra un contingente al mando de Alonso de Vera, sobrino de Garay y más conocido por el poco alentador apodo de “Cara de perro”. El propio adelantado cerraba la expedición con la carabela “San Cristóbal de Buena Ventura”, dos bergantines y varias embarcaciones menores y zarpó a mediados de marzo. El 29 de mayo de 1580, llegó al Riachuelo. Allí fondeó e instaló su campamento en el despoblado antigüo asiento del primitivo Buenos Aires. Era domingo y día de la Trinidad, fuente de inspiración fácil para denominar a la nueva ciudad que se estaba por fundar. Poco menos de dos semanas le demandó a Garay preparar la fundación. A diferencia de lo actuado por el primer adelantado, don Pedro de Mendoza, el sábado 11 de junio de 1580, Garay, la hizo  con todas las de la ley, cumpliendo también los requisitos religiosos con prolijidad y le dio a esta nueva fundación, el nombre de Ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos Aires.

Nuestra ciudad de Buenos Aires era una ciudad llana con 250 manzanas, que Garay, con su dedo índice, dibuja prácticamente sobre el limo de la tierra del río. No satisfecho con el lugar elegido por Mendoza en 1536, la lleva más al norte, a aproximadamente 16 cuadras de distancia entre la primera y la segunda fundación. Se cree que la sede central de la primera estaba donde hoy se halla el Museo Histórico Nacional, a 16 cuadras de la sede complementaria, donde se halla el Cabildo y es precisamente por eso (por que se le da Cabildo), que se la funda como ciudad y no como pueblo. Si pensamos en la actual ciudad de Buenos Aires, los límites de la que fundó Garay serían: al este el Río de la Plata; al norte, la calle que hoy es Viamonte; al sur la calle que hoy es Independencia y al oeste, las calles que hoy son Salta y Libertad. El ejido era realmente más grande: al norte la calle Arenales, al sur San Juan y al oeste el barrio de Almagro

COMIENZA LA URBANIZACIÓN DE BUENOS AIRES. En diciembre de 1583, en el solar destinado a Plaza Mayor (8-H), luego de haber sido leída y firmada el acta fundacional, en presencia del escribano PEDRO DE JEREZ y de los franciscanos fray JUAN DE RIVADENEIRA y fray ANTONIO PICÓN, JUAN DE GARAY levantó el rollo (símbolo de autoridad) y la picota (símbolo de justicia), ordenando que se “enarbolara un palo o madero por rollo público”, que era el establecimiento formal de un madero de algarrobo que sería el símbolo de la Justicia. Aquel palo debía recordar a los pobladores que ningún delito sería tolerado y que los olvidadizos serían atados al madero para ser ejecutados. Quien se atreviera a moverlo o destruirlo, sería condenado a muerte de inmediato. Pero, por supuesto, este “rollo” corría para “el pueblo bajo” y no para los nobles. Una vez plantado el palo o rollo que sería el “árbol de justicia”, el fundador “echó mano a su espada y cortó hieruas y tiró cuchilladas y dixo que si había alguno que se lo contradiga, que parezca … y no pareció nayde que contradixese …”, según lo consignaría el escribano PEDRO JEREZ en el Acta de fundación donde además, Garay declaraba que actuaba “en su carácter de Teniente de Gobernador y Capitán general en todas estas provincias del Río de la Plata, nombrado por el muy ilustre señor Adelantado JUAN TORRES DE VERA Y ARAGÓN, Adelantado, Gobernador y Capitán general, Justicia mayor y Alguacil mayor de todas estas provincias, conforme a las capitulaciones que el muy ilustre señor Adelantado JUAN ORTIZ DE ZÁRATE (fallecido) había hecho con su majestad el rey de España FELIPE II. Luego nombró las autoridades de la nueva ciudad, designando Alcaldes ordinarios a RODRIGO DE ZÁRATE y a GONZALO MATEL DE GUZMÁN y nombró seis Regidores, que cesarían en sus oficios el día de San Juan, en el mes de junio de 1581, debiendo todos los años en dicho día elegirse los nuevos alcaldes. Finalmente mandó pregonar que, en nombre de Su Majestad, hacía merced al vecindario del ganado cimarrón que se había multiplicado desde el tiempo de Mendoza y el 20 de octubre, a los tres días de haber hecho el repartimiento de tierras, Garay repartió entre los vecinos de Buenos Aires unos 600 indios repartidos en 64 “encomiendas”. Dio al Cabildo el escudo de armas de la ciudad y también se eligió el patrono de la ciudad. San Martín de Tours, patrono de las Galias,  debió salir sorteado tres veces consecutivas porque la gente de Garay se negaba a tener por patrono a un “santo francés”, pero se rindieron al ver que “la Providencia” era más perseverante que ellos (ver “San Martín de Tours, patrono de la ciudad de Buenos Aires” en Crónicas)

Lo que no terminaba de cerrar era la promesa original. Garay escribió con frustración: “Hasta ahora, por ser la tierra tan rasa y llana, no hemos podido tomar ninguno de los caballos ni hemos tenido posibilidad y espacio para hacer corrales […] y hemos estado ocupados en edificios y labores y en correr la tierra, porque mientras no la corríamos, venían los naturales de noche a darnos asaltos”. Luego de distribuir los distintos solares para la instalación del Fuerte, el Cabildo y los demás edificios públicos, procedió al reparto de solares entre quienes serían los primeros pobladores de Buenos Aires (2). Quedó así fundada la ciudad de Buenos Aires y ésta, que será la segunda fundación (que será la definitiva), provocará el retorno de los movimientos de colonización en el Río de la Plata a su centro original. Según el historiador TRELLES, a los pocos años de fundada, Buenos Aires ya tenía unos 300 pobladores, contando a los vecinos con sus familias y servidumbre.

El trazado de la ciudad y la adjudicación de terrenos para edificios públicos. Cuando Garay fundó por segunda vez la ciudad de Buenos Aires, aún estaban en vigor las leyes dictadas por Carlos V y Felipe II que establecían reglas fijas para la fundación de ciudades y en ellas se determinaba la extensión que debían tener las tierras destinadas a la planta urbana, la distribución de solares y los límites de su ejido, las porciones denominadas “dehesas” para pastoreo del ganado, las tierras de labranza y las de propiedad del Cabildo. En virtud de tales disposiciones, el mismo día de la fundación, Garay  sobre un pergamino de cuero, realizó la traza original, que no estaba en el mismo lugar anterior, Dividió la ciudad  en doscientas cincuenta manzanas, formando un rectángulo de unas quince cuadras, de sur a norte, por nueve de este a oeste. El trazado iba desde la avenida Independencia hasta Viamonte y desde Balcarce/25 de Mayo hasta Salta/Libertad, empleando la nomenclatura actual de las calles. De las cuarenta manzanas próximas a la Plaza Mayor, que estaban destinadas a edificaciones o solares, como se decía entonces, cuarenta se destinaron a los pobladores, seis al Fuerte, la  plaza Mayor, tres conventos y un Hospital.  Las cuatro primeras filas de manzanas, a contar desde la ribera, fueron divididas en cuartos de manzanas, excepto las destinadas al Fuerte, Plaza Mayor. Para Iglesia Mayor (actual Catedral), Garay destinó un cuarto de manzana (calles San Martín y Rivadavia), otro cuarto para el Cabildo y cárcel. La manzana destinada al Fuerte fue ocupada por éste solo en parte, pues la primitiva Fortaleza, hasta fines del siglo XVIII, fue un simple reducto hecho con barro apisonado.

La manzana comprendida entre Sarmiento, Corrientes, Reconquista y 25 de Mayo, fue destinada para la instalación del Hospital que debía llamarse “San Martín” en homenaje al patrono de la ciudad. Las destinadas a las congregaciones religiosas, estaban en las manzanas comprendidas por las actuales calles Reconquista, 25 de mayo, Juan Domingo Perón y Sarmiento, pero una de ellas, la de Santo Domingo, años más tarde ocupó las manzana de Belgrano y Defensa. Las manzanas restantes, que quedaban fuera del “ejido”, formando parcelas suburbanas de “cuatro cuadras” cada una, fueron destinadas para la instalación de chacras y estancias de pastoreo y Garay entregó a cada poblador una cuadra en estos “suburbios”, para que con ella “atendiera a sus indios, servicios y menesteres”. Esas cuadras quedaban a metros de lo que hoy es la esquina de Viamonte yMaipú (3). Garay se asignó el solar que hoy ocupa el Banco Nación, pero no debe haberle dado importancia porque aún en el siglo XIX la gente llamaba al lugar el “hueco de las ánimas”, por descampado y abandonado. La planta urbana tenía por límite las actuales calles Córdoba, Independencia, Salta y Libertad. El ejido llegaba por el norte hasta la actual calle Arenales, por el sur hasta San Juan y por el oeste,  hasta la altura de Rivadavia al 4000. Al practicar el trazado de la ciudad, Garay no dio nombre a las calles. Sólo un siglo y medio después, el Cabildo otorgó nombres de santos a las principales.

Según cuenta Juan Agustín García, “el latrocinio se fue tornando una costumbre”, a punto tal que un gobernador intentaría ponerle fin a través de un bando:“Por quanto el desorden y usorbitancia que hay en esta ciudad y su distrito y jurisdicción, de hurtar caballos, bueyes, mulas y ganado y otros animales cuadrúpedos, es muy grande y los que perpetran tales delitos alegan ser uso y costumbre en estas partes y no ser delito; y porque lo susodicho es en gran daño y perjuicio del bien común y de los vecinos de esta ciudad, y está prohibido por leyes de estos reinos, so graves penas de mis antecesores y mías. Mando que ninguna persona de cualquier estado, calidad y condición que sea, así negros como mulatos, indios, mestizos, ni españoles, sean osados a tomar ni hurtar, ni en otra manera llevar los dichos bienes sin expresa licencia y voluntad de sus dueños, so pena de la vida y las demás penas por derecho establecidas” (4).

De aquella época data uno de los más célebres decretos de Garay, en el que autoriza, sin más, la muerte en defensa de la persona y los bienes propios. Dice el curioso bando: “Por cuanto en esta ciudad algunos mancebos hijos de la tierra, pospuesto el temor de Dios y de la Justicia, andan de noche saltando paredes por los corrales y otros delitos desvergonzados […],  por el presente edicto hay licencia y facultad a todos los vecinos y moradores, estantes y habitantes en esta dicha ciudad, fueren casados o ya no lo sean, que tengan hijas en sus casas y heredades, que puedan matar y maten a cualquiera […] que tomaron en sus casas o en sus corrales […] sin que por ello incurran en pena, porque de esta manera se atajará tanta desvergüenza”

Luego, en 1594, hacia el rio, donde está hoy la Casa de Gobierno, se construyó el primer fuerte de Buenos Aires, con muros de tapial y estacas. En 1604, Hernandarias promovió una reconstrucción más ambiciosa de lo que había de llamarse “Real Fortaleza de San Juan Baltasar de Austria”. Consistía en un recinto cuadrado de anchos muros,  con 4 bastiones y un foso circundante. En él funcionó el Cabildo hasta 1608, en que construyó su propio edificio (7-H), que tenía paredes de adobe y techo de paja. En 1538, con la conducción de RIVADENEIRA, los franciscanos se instalaron en Buenos Aires y construyeron una capilla y en 1542, el Convento de las Once Mil Vírgenes (9-F). En 1585, el Obispo mandó construír una Capilla que consagrada a la Virgen del Luján, que ofició de Iglesia Matriz de la ciudad. En 1589 llegaron los mercedarios y en 1591 a instancias de M. DEL BARCO CENTENERA, se construyó la Iglesia Mayor, frente a la plaza (8-1). Era un templo de adobe y paja, que Hernandarias mandaría demoler en 1603, por su mal estado, para iniciar otro más sólido. En 1591 se construyó la “Ermita y Hospital de San Martín de Tours y Nuestra Señora de Copacabana”, pero no en el solar previsto por Garay, sino en la esquina de Méjico y Defensa (9-C). Aunque  Garay había asignado la manzana comprendida entre las calles 25 de Mayo, general Perón, Reconquista y Sarmiento, este solar fue transferido a los mercedarios, quienes en 1603, instalaron allí su Monasterio y erigieron la primera Iglesia de la Virgen de la Merced (9-K). Por su parte, en 1602, los domínicos fueron a instalarse en el solar ubicado entre las calles Balcarce, Venezuela, Defensa y Belgrano (9-D), donde construyeron  su Capilla de Nuestra Señora del Rosario (esquina de Balcarce y Venezuela) y en 1605 instalaron  allí el Convento de San Pedro González Telmo, pero en 1610 debieron trasladarse a la esquina de  Defensa y Belgrano. El solar que estaba destinado al Adelantado, quedó abandonado y sin ocupar hasta 1608, cuando el Cabildo y Garay se lo cedieron a los jesuitas JUAN ROMERO, FRANCISCO DEL VALLE y ANTONIO MAZERO para que se instalaran allí y en 1609 construyeron en este solar, la Capilla de Nuestra Señora de Loreto, cuyo frente miraba hacia la calle Rivadavia y el Colegio de la Compañía de Jesús.

(1) Nómina de los expedicionarios que vinieron con Garay cuando éste fundó Buenos Aires por segunda vez. según opinión de algunos historiadores, los primeros pobladores que vinieron con Garay, fueron 64, de los cuales 11 eran españoles y los restantes criollos y mestizos. En la constitución del grupo, puede observarse que la mayoría de los que lo integraban eran criollos, circunstancia que nos dice bien a las claras que aquella segunda fundación no fue sólo proyectada por los colonizadores que estaban afincados en tierras americanas, sino que incluso fue llevada a término por ellos mismos, a diferencia de la fundación de Mendoza, en la que la totalidad de los expedicionarios vinieron con el Adelantado procedentes de España.

Los españoles fueron: Juan de Garay (Teniente de Gobernador y Capitán General), Rodrigo Ortiz de Zárate (Alcalde Ordinario. Vino al Río de la Plata con el Adelantado Juan Ortiz de Zárate y era hijo de otro Juan Ortiz de Zárate. Consta todo esto en una inédita carta suya, dirigida desde aquí el 6 de setiembre de 1587 a la Católica Real Majestad),  Gonzalo Martel de Guzmán (Alcalde Ordinario. Vecino de Sevilla. Hijo (legítimo, natural o político de Ruy Díaz Melgarejo. Vino con Juan Ortiz de Zárate), Alonso de Escobar (Regidor. Vino a América con la madre de Diego Sanabria y su presencia fue informada por Domingo Martínez de Irala, el 14 de marzo de 1556),  Pedro Fernández (Escribano Público y de Cabildo. Vino al Plata como uno de los escribanos de la armada de Pedro de Mendoza), Alonso de Vera y Aragón (sobrino del Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón. Vino al Plata, enviado por éste desde Chuquisaca), Cristóbal Altamirano (Vecino. Natural de Badajoz), Juan Basualdo (Vecino. Nació en Gordejuela. Vino al Plata con Pedro de Mendoza), Baltasar Carbajal (Vecino. Antiguo soldado de la conquista), Antón Higueras (Vecino. Natural de Salteras. Vino al Plata con Alvar Núñez Cabeza de Vaca), Miguel Navarro (Vecino. Natural de Pamplona. Vino y regresó a España con Pedro de Mendoza. Luego volvió al Paraguay con Álvar Nuñez Cabeza de Vaca).

Los criollos: Antón Bermúdez (Regidor. Nació en Santa Fe, Paraguay o Charcas), Luis Gaytán (Regidor. Hijo de Francisco Álvarez Gaytán, vecino de Montalbán, que vino con Pedro de Mendoza),  Rodrigo de Ibarrola (Regidor. No se conoce su genealogía ni lugar de nacimiento), Diego de Olabarrieta (Regidor. No se conoce su genealogía ni lugar de nacimiento), Pedro de Quirós (Regidor. Hijo de Juan de Quirós, vecino de Plasencia, que vino con Álvar Núñez Cabeza de Vaca), Juan Fernández de Enciso (Procurador. Nació en Paraguay o en Charcas), Pedro de Xerez (Escribano Público. No se conoce genealogía ni lugar de nacimiento), Ambrosio de Acosta (Vecino. Nacido en Santa Fe, Hijo de Gonzalo de Acosta), Esteban Alegre (Vecino. No se conoce su genealogía ni lugar de nacimiento), Pedro Álvarez Gaitán, Sebastián Bello, Francisco Bernal, Juan Carbajal, Miguel del Corro, Ana Díaz, Juan Domínguez, Juan de España, Juan Fernández de Zárate, Pedro Franco o Francisco, Alonso Gómez, Miguel Gómez, Rodrigo Gómez, Lázaro Gribeo, Pedro Hernández, Sebastián Hernández, Pedro Isbrain, Domingo de Irala, Pedro de Izarra, Miguel López Madera, Pedro Luis, Juan Márquez de Ochoa, Juan Martín, Pedro de Medina, Andrés Méndez, Hernando de Mendoza, Pedro Morán, Jerónimo Núñez, Francisco Pantaleón, Alonso Pareja, Jerónimo Pérez, Antón de Porras, Antón Roberto, Juan Rodríguez, Pedro Rodríguez, Juan Ruiz, Pedro Esteban Ruiz, José Sayas, Pedro Sayas Espeluca, Pedro de la Torre, Andrés Vallejos, Bernabé Veneciano, Pablo Zimbrón, Domingo Arcamendia.

(2) Repartimiento de solares dispuesto por Garay. 1-B, Antonio Hernández Barrios, 1-C, Rodríguez Gómez, 1-D, Hernando Ximénez, 1-E, José de Sayas, 1-F, Sebastián Hernández, 1-I, Gerónimo Martín, 1-J, Felipe Navarro, 1-K, Francisco Pantaleón, 1-L, Miguel Corro, 1-M, Antonio Higueras, 1-N, Pablo Cimbrón, 2-B, Juan de Melo Cuitiño, 2-C, Andrés Vallejos, 2-D, Andrés Mendoza, 2-E, Miguel Navarro, 2-F, Pedro Yabrán, 2-G, Juan Martín (Martínez?), 2-H, Alonso Gómez, 2-1, Juan de Garay (el mozo), 2-J, Juan de España, 2-K, Griveo (Lázaro), 2-L,             Esteban Alegre, 2-M, Cristóbal Altamirano, 2-N, Alonso Parejo, 2-O, Fernández Molias, 3-B,Juan de Melo Cuitiño, 3-C, Pedro de la Torre, 3-D, Domingo de Irala, 3-E, Baltasar de Carvajal, 3-F, Juan Fernán de Zárate, 3-G, Bernabé Veneciano, 3-H, Pedro Álvarez Gayetan (o Gaitán), 3-I, Alonso de Porras (Antonio?), 3-J, Sebastián Bello, 3-K, Pedro Rodríguez, 3-L, Francisco Hernández, 3-M, Pedro Hernández, 3-N, Juan Rodríguez, 3-O, Gerónimo Martínez, 4-A, Gerónimo Pérez de Arce, 4-B, Pedro de Medina, 4-C, Miguel López Madera, 4-D, Rodrigo de Ibarrola, 4-E, Pedro de Ysarra, 4-F, Pedro de Sayas Espeluca, 4-G, Antonio Bermúdez, 4-H, Pedro de Quiroz, 4-I, Miguel Gómez, 4-J, Gerónimo Pérez, 4-K, Juan de Basualdo, 4-L, Pedro Morán, 4-M, Víctor Casco de Mendoza, 4-N, Antonio Roberto, 5-A, Antonio Fernández de la Mota, 5-B, Pedro Franco, 5-C, Juan de Carvajal, 5-D, Lorenzo Juan de Figueroa, 5-E, Luis Gayetán (o Gaitán), 5-F, Juan Fernández de Enciso, 5-G, Diego de la Barrieta (u Olavarrieta), 5-H, Pedro Xerez, 5-I, Antonio Higeras, 5-J, Pedro Capacho, 5-K, Gerónimo Martín, 5-L, Juan Domínguez, 5-M, Hernando de Mendoza, 5-N, Ochoa Márquez (Juan), 6-A, Francisco Martín Lenguas, 6-B, Pedro Luís, 6-C, Alonso Escobar, 6-D, El señor General Garay, 6-E, Rodrigo Ortíz de Zárate, 6-F, Gonzalo Martel (de Guzmán), 6-G, Antonio Hernández, Francisco Martínez, Arce (García Pérez de), Francisco Bernal, 6-H, Juan de Torres Navarrete, Mendoza, Juan Melo, 6-I, Juan Ramos, Masquina, Hernando de Mendoza, Juan Méndez, 6-J, Hijo de Miguel Gómez, Hijo de Olarte, Hijo de Juan Domínguez, 6-K, Felipe Navarro, Luis de Medina, Hijo de Olavarrieta, Sobrino de Alejo, 6-L, Juan Martín. Ana Díaz, 6-M, Rúa (Esquivel), Pedro Luís, Bartolomé López, 6-N, Juan Ruíz, 7-A, Juan González, 7-B, Juan Basualdo, 7-C, Felipe Navarro, Pedro Isbrán, 7-D, Mateo Sánchez, Gaspar Hernández, Antonio (Caro), 7-E, Domingo de Irala, Alonso Gómez, Piloto Mayor, Piloto Mayor, Antonio Bermúdez, 7-F, Pancracio, José Arias Alberto, José (Sayas) Espeluca, 7-G, Pedro Álvarez Gaitán, Arcamendia (Domingo de}, Juan Fernández de Enciso, Luis Gaitán, 7-H, Juan Márquez de Ochoa (Ochoa Márquez],  Ibarrola (Rodrigo de), Cabildo y Cárcel, Diego de la Barrieta (Olavarrieta), 7-I, Pedro Morán, Juan de Carvajal, Hernando de Mendoza, Víctor Casco de Mendoza, 7-J, El hijo de Miguel Gómez, Sebastián Bello, Andrés Vallejo, Esteban Bello, 7-K, El cuñado de Víctor Casco, Luis González, Hernando, Sebastián, 7-L, Sebastián Hernández, Ambrosio de Acosta, Francisco (Pantaleón), Juan de España, 7-M, Juan de Ortigosa, Julián Pavón, 7-N, Cosme Fabián, Hernando de Enciso, 8-A, Juan González, 8-B, Juan González, Juan Muñoz Rosa, Gaspar Méndez, 8-C, Rodrigo Gómez, Martín Pérez,  Antonio Lisa, 8-D, Cristóbal Navarro, Gaspar (Salazar), (Quevedo), Andrés Méndez, 8-E, Juan Martínez (?), Pedro Ruiz, Pedro Medina, Pedro Franco, 8-F, Bernabé Veneciano, Irala (Pedro de Ysarra), Pedro de la Torre, Capacho (Pedro), 8-G, Baltasar Carvajal, Pablo Quiroz (Pedro?) Alonso Escobar Pablo de Xerez (Pedro), 8-H, Plaza Mayor, 8-I,  Iglesia Mayor, Don Lorenzo (J. de Figueroa?) Alonso Vera, el mozo (Alonso) Vera, el viejo, 8-J, Lázaro Griveo, Esteban Alegre, Gerónimo Martínez, Esteban Alegre, 8-K, El hijo de Esteban Alegre, Pablo Cimbrón Antonio Roberto, Su hijo (de Antonio Roberto), 8-L, Pablo Rodríguez, Pablo Cimbrón, Francisco Bernabé, Alonso Pérez (Parejo?), 8-M, Miguel Navarro, Pedro Ysbrán, Miguel Gómez Corro (Miguel del), 8-N, Corro (Miguel del), Alonso Parejo, Gerónimo Pérez Basualdo (Juan), 8-O, Miguel Gómez, Francisco Bernal, 9-A, Antonio de Porras, Gerónimo Martínez(?), 9-B, Pedro de Irala (Ysarra), Francisco Álvarez, Pablo Berdin Higueras (Antonio?), 9-C, Francisco Muñoz, Juan Gaitán, 9-D, Alonso Gómez, Domingo de Irala, 9-E, Iglesia Santa Úrsula, Once Mil Vírgenes, 9-F, Iglesia San Francisco, 9-G, Juan Hernando de Zárate, Rodrigo Ortiz de Zárate, Bernardo Díaz, Miguel Madera, 9-H, El Adelantado y el Fuerte, 9-I, El general Juan de Garay, Gonzalo Martel (?), Juan de Garay (el mozo), 9-J, Juan Ruiz de Ocaña Juan, Antonio Higueras, Pedro Morón, 9-K, Convento de Santo Domingo, 9-L, Hospital San Martín, 9-M, Gerónimo Pérez, Cristóbal Altamirano, Basualdo (Juan), Esteban Ruiz, 9-N, Antonio de Porras, Miguel Navarro Arcamendia (Domingo de), Pedro Morán, 9-O, Pedro Díaz, Pedro de Luque (?) Pablo de la Torre (Pedro?),

(3 y 4). “La pequeña aldea”, de Raquel Prestigiácomo y Fabián Uccello, Buenos Aires, 1999 (algunos de estos datos han sido extraídos de un texto de Felipe Pigna. Si se desea conocer más acerca de este tema, a su pedido, podremos enviarle copia de un reportaje realizado por la periodista María del Carmen Suárez al historiador Julio César Gancedo, donde este notable personaje, lo desarrolla aportando interesantes y desconocidos datos).

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