SANGRE Y ESPÍRITU CORRENTINO

No puede hablarse de la ídiosincracia correntina sin hacer referencia a los fenómenos mitológico-religiosos que operan al margen del Catolicismo, como creencias que configuran el sentimiento y la actitud metafísica de su gente, una expresión telúrica ancestral, que es fuerza integradora en las  poblaciones rurales que le dieron origen.

“El correntino se fue buscando a sí mismo por el camino de la sangre, en la más compleja de las indagaciones”. Así, desde el buceo en los mitos precolombinos y los antecedentes sobre la conversión de los indios guaraníes, hasta los cultos a San Baltasar y a San La Muerte, pasando por la devoción a Antonio Gil y al gaucho Lega, emergen signos que exaltan al hombre de campo correntino, como vencedor del miedo y luchador obstinado por la libertad y el imperio de la justicia.

Su actitud ante aspectos controvertidos relacionados, por ejemplo, con la idolatría de personajes laicos, o con el estilo de la monarquía española y de las ordenes religiosas, durante la conquista y la colonización, o con los caminos que llevaban a la independencia nacional, en favor de la verdad, identifican al correntino como un personaje único y diferente al común de los argentinos, un personaje del que se desprende el curioso perfil del gaucho montaraz amante a ultranza de la libertad, del santo laico, del quijote criollo destinado a compartir la marginación y los sufrimientos del pueblo.

(Recomendamos leer “La provincia de Corrientes y su santoral profano” una obra de Marta de Paris, que fue comentada por María Adela Renard, algunos de cuyo conceptos, fueron utilizados para redactar este informe)

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