SAN MARTÍN Y LA INDEPENDENCIA DE CHILE

Luego de diversas alternativas que pusieron en el gobierno de Chile en forma alternada a los realistas y a varios patriotas chilenos que deseaban expulsarlos de sus territorios, en setiembre de 1811 estalló un movimiento encabezado por el caudillo chileno José Miguel Carrera, quien secundado por sus hermanos Juan José y Luis, se apoderó del poder y en el mes de diciembre de ese año, disolvió violentamente el Congreso e implantó una dictadura, Este gobierno fue muy resistido por otros grupos de patriotas que hasta pretendieron, sin éxito, organizar un ejército para derribarlo, siendo perseguidos y ajusticiados muchos de ellos

Aprovechando esta situación, ABÁSCAL, el virrey del Perú dispuso la reconquista definitiva de estos territorios para la corona española, enviando para ello al brigadier ANTONIO PAREJA, quien al frente de un fuerte contingente tomó la ciudad de Concepción” y en una corta campaña desarrollada entre enero y marzo de 1813, ocupó la mitad meridional del país. Este peligro para la causa patriota determinó que CARRERA, secundado por BERNARDO DE O’HIGGINS, equiparon un ejército compuesto por 4.000 hombres para enfrentar nuevamente a los realistas. El encuentro se produjo en “Yerbas Buenas” y lograron derrotarlos. Al frente del ejército vencedor, CARRERA reconquistó la ciudad de Concepción”, pero fracasó en el sitio de Chillán  (deberá abandonarlo, vencido y maltrecho en agosto de 1815). Una Junta de gobierno que en la emergencia gobernaba en Santiago, culpó de impericia militar a CARRERA, lo destituyó del mando y lo reemplazó por el general BERNARDO O’HIGGINS, quien ya se perfilaba como un valeroso patriota y hábil militar.

Los ejércitos realistas decididos a proseguir con la guerra, en abril de 1814, tomaron nuevamente a la ciudad de Concepción”, pero como desde tiempo atrás, los chilenos deseaban una paz honrosa, a fin de concluir con la sangrienta lucha que azotaba el territorio, solicitaron una tregua y después de largas deliberaciones, en el mes de mayo de 1814, se firmó el “Tratado de Lircay”, armisticio de poca duración, porque desde un principio fue rechazado por los hermanos CARRERA, firmes en su propósito de hacerse dueños del poder en Chile. La derrota de Rancagua. En julio de 1814 se produjo en Santiago un movimiento de carácter militar que puso nuevamente en el gobierno a MIGUEL CARRERA, designado —después de un tumultuoso Cabildo abierto— Presidente de la Junta Provisional de Gobierno, mientras O’HIGGINS se dirigía con sus tropas hacia la capital, para restablecer a las autoridades depuestas, pero fue vencido. La guerra civil desatada entre ambos líderes, facilitó el envío de refuerzos realistas procedentes del Perú y para enfrentar a éste, que era el enemigo común de ambos, O’HIGGINS priorizando su decisión de defender a su patria contra el enemigo extranjero, dispuso unir nuevamente sus fuerzas con las de CARRERA. El 1º de octubre de 1814, el general español MARIANO OSORIO cayó sobre “Rancagua”, defendida por O’HIGGINS con fuerzas muy inferiores.

Luego de dos días de heroica resistencia, esperando en vano los refuerzos prometidos por CARRERA (que no llegaron nunca) y agotadas las municiones, O’Higgins, al frente de los últimos 500 hombres que restaban de sus fuerzas, se abrió paso entre las filas realistas y junto con los dispersos logró pasar la Cordillera de los Andes y refugiarse en Mendoza, mientras CARRERA, perseguido por los realistas se dirigió con rumbo desconocido, para no volver nunca más a su patria. La derrota de Rancagua permitió a los españoles ocupar la ciudad de Santiago y restablecer su dominación en Chile.

El general SAN MARTÍN en Cuyo. Gobernaba en esa época las provincias cuyanas el general San Martín, quien ya había madurado su proyecto de cruzar los Andes para libertar a Chile y terminar con el poderío realista en el Perú luego.  El 21 de julio de 1816 SAN MARTÍN expone su plan para libertar a Chile. A las cinco de la tarde de ese día, en la ciudad de Córdoba, el coronel SAN MARTÍN y el general JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, mantuvieron una reunión que duró 20 horas, según lo consigna el general GERÓNIMO ESPEJO, testigo de la misma, en la página 434 de su libro “El Paso de los Andes”. No es aventurado suponer que el general SAN MARTÍN se presentó con mapas bien correctos de los caminos de la Cordillera, estado de fuerza de los cuerpos que se disciplinaban en Mendoza; correspondencias del espionaje organizado en Chile; razones circunstanciales del armamento, municiones y elementos de todo género con que contaba; y el plan de operaciones, escaramuzas y otros ardides, en fin, que tuviese combinados para dar principio a su ardua empresa.

Así lo refirió el Director Supremo al Soberano Congreso en su Exposición (Mensaje) el 21 de julio de 1817, al dar cuenta de su administración en el año transcurrido. SAN MARTÍN y PUEYRREDÓN, se separaron en Córdoba, tomando el primero el camino para su “ínsula cuyana”, como él decía; y el segundo hacia a Buenos Aires, desde donde prestaría luego, importante apoyo a la gesta que estaba preparando SAN MARTÍN en Cuyo. El mismo general PUEYRREDÓN declaró que el objeto que lo había llevado a Córdoba “fue combinar los planes para rescatar a Chile de la dominación española”. En este secreto sólo estaba su confidente RODRÍGUEZ PEÑA, según dice BARTOLOMÉ MITRE, quien era de los pocos que confiaban en el proyecto de San Martín, junto con TOMÁS GUIDO, que realmente lo amaba y lo estimaba en su valor.

Muchos eran los que consideraban que la idea de reconquistar Chile del dominio español, era “una temeridad si no una locura”. La presencia de SAN MARTÍN en Córdoba, que se hospedó en la casa de ORENCIO CORREAS, según lo documenta una carta dirigida por el general IGNACIO CORREAS y cuyo facsímil ha sido dado a luz por el escritor EFRAÍN U. BISCHOFF, cambió enteramente en su favor a los hombres de Córdoba. Vale decir que este viaje, fue de suma utilidad para la causa. PUEYRREDÓN ayuda a SAN MARTÍN en la organización de su campaña libertadora. El general PUEYRREDÓN, amigo entrañable del general SAN MARTIN, desde su despacho en el Fuerte de Buenos Aires, realizó una titánica obra destinada a equipar el Ejército de los Andes. Esta labor constituyó, por si sola, una empresa épica, si se toman en cuenta los precarios medios de la época y de la anarquía y pobreza que afectaban al país. En ese clima anormal plagado de dificultades,

PUEYRREDÓN emprendió su gestión gubernativa, atendiendo simultáneamente las tareas habituales y las extraordinarias que a cada momento se le presentaban. Su gestión le exigía, no sólo satisfacer las continuas y urgentes demandas de San Martín para equipar su Ejército, sino que también debía atender a las necesidades de MANUEL BELGRANO y del Ejército del Norte. Hasta debió ocuparse en convencer a comerciantes, empresarios y hasta prestamistas, para que contribuyeran económicamente para solventar los gastos que estas campañas exigían, luchar contra los caudillos del interior, detener el avance de los portugueses que habían invadido la Banda Oriental y si todo esto fuera poco, también debió sostener una guerra sorda con sus opositores porteños que a toda costa trataban de derribarlo.

En la copiosa corresponde intercambiada con SAN MARTÍN se advierten los escollos, angustias y desvelos que tuvo vencer PUEYRREDÓN para que éste pudiera llevar adelante su empresa. La carta que le envió el 2 de noviembre 1816 es muy clara al respecto: “Como ayer fue Día de Todos los Santos, no se ha podido buscar entre los comercié libranzas para los 30.000 que me solicita, pero haré todo lo posible y le remitiré la plata a todo riesgo aunque sea por la posta A más de las 400 frazadas, van ahora 500 ponchos, únicos que se han podido encontrar. Van también 400 recados y van hoy, por correo, los dos únicos clarines que se han encontrado”.

El Ejército de Los Andes. El origen del Ejército de los Andes data en realidad del año 1814 cuando “San Martín, convencido de que los Andes y el Pacífico eran el camino militar de la revolución, aceptó el gobierno de Cuyo con el objeto declarado de formar allí una importante fuerza militar con el fin de atravesar la cordillera y auxiliar a la insurrección chilena.

En la primavera del año 1816, el general San Martín concentró su ejército (conocido como Ejército de los Andes) en el campamento del Plumerillo, próximo a la ciudad de Mendoza y mientras organizaba e instruía a sus fuerzas, —integradas por cuyanos y emigrados chilenos— tendió una red de espionaje sobre el campo enemigo, que llamó “la guerra de zapa” y con -suma habilidad obtuvo datos de interés para el futuro desarrollo de las operaciones, propaló noticias falsas al solo objeto de confundir a los realistas y utilizó una buena dosis de ingenio para reprimir un posible peligro y obtener una ventaja estratégica o táctica..

La organización del Ejército de los Andes es uno de los hechos más extraordinarios de la Historia Militar. “Fue una verdadera creación desde la nada -puede decirse, según la valiosa opinión del general Bartolomé Mitre-, “un organismo articulado que presidió la concepción de una idea sistemática a la manera del hombre-estatua de Candillac”. “Máquina de guerra armada pieza por pieza, todas sus partes componentes responden a un fin y su conjunto a un resultado eficiente de antemano calculado”. “Escuela nueva de táctica, de disciplina y de hostilidades ofensivas de vasta escala”… “Arma de combate forjada pacientemente”… “Agrupación de hombres, animada por el soplo poderoso de la Revolución argentina, es una colectividad animada de una pasión, una idea, y un propósito americano que le da la cohesión necesaria para cumplir la tarea a que estaba destinada…”

La partida del Ejército de los Andes en su misión libertadora a Chile. El escritor DAMIÁN HUDSON, en su obra “Recuerdos históricos”, evoca la partida desde Mendoza del ejército de los Andes, disponiéndose a cruzar la cordillera, el 18 de enero de 1817: “El 2 de enero de 1817, a la hora conveniente, el Ejército, uniformado de gran parada, se puso en marcha dirigiéndose a la plaza al son de cuatro bandas militares que poseían los cuerpos de infantería y las bandas de cornetas de la caballería. Un inmenso pueblo estaba reunido allí para dar el adiós al ejército y sus aclamaciones se sumaron a los marciales sones de estas bandas, tambores y clarines. Al romper la marcha el ejército, atronó el ámbito del campamento (en El Plumerillo) con vivas a la Patria y al Ejército de los Andes, levantando en alto sus sombreros y pañuelos, mientras las ordenadas e imponentes columnas se alejaban y se perdían a lo lejos”, acompañadas por los aires marciales de las Bandas de los Batallones 8 y 11 del Ejército de los Andes.

El cruce de la Cordillera de los Andes y primeros encuentros con los realistas . El exitoso Cruce de los Andes realizado por el general SAN MARTÍN, fue una dramática proeza militar de la cual los argentinos se sienten aún legítimamente orgullosos. Es que aún asombra a expertos en militaría e historiadores que tamaña gesta haya sido posible, considerando los medios con que se contaba y lo agresivo del medio que se debió vencer. En exactamente 18 días, San Martín, con el Ejército de los Andes, partiendo desde su campamento en Mendoza llegó hasta San Felipe, en Chile, para dar comienzo a su plan continental de liberación, luego de lograr la independencia de ese país, Según el Plan de Batalla diagramado por el General San Martín, la operación sería realizada mediante el lanzamiento de una “Expedición Principal” y otras “Secundarias”, destinadas a confundir al enemigo y distraer su atención acerca de las acciones que iba emprender el grueso del ejército, lugares de aproximación, volumen de los efectivos empeñados y otros aspectos que dificultarían su toma de decisiones en oportunidad, aprovechando su paso por los distintos poblados con los que se tomara contacto, para lograr su adhesión y atender a su reaprovisionamiento.

La epopeya del cruce del macizo andino, se llevó a cabo a lo largo de un frente de 2.000 kilómetros. Cruzaron 4.000 soldados y 1.500 milicianos aproximadamente; 10.600 mulas de silla y carga (llegaron a Chile 4.300); 1.600 caballos (llegaron 511, en mal estado); 700 reses, además de dieciocho cañones, los víveres calculados aproximadamente para 15 días, y todo el material de apoyo, abastecimiento y suministros que le será necesario. El 19 de enero de 1817, el grueso del ejército patriota inició el avance hacia su objetivo, dividido en cuatro cuerpos, a las órdenes respectivas de Las Heras, Soler, O’Higgins y el mismo San Martín.

Cruzaron la cordillera andina por los pasos de Uspallata y Los Patos (días antes —por otros pasos— lo habían hecho cuatro columnas secundarias en misiones de distracción para que simplemente mostraran su presencia en Pasos ubicados más al norte y al sur de los previstos para el verdadero cruce). Expediciones principales: Columna del coronel JUAN GREGORIO DE LAS HERAS, al mando de 800 hombres debía cruzar por el Paso de Uspallata (el paso más directo, aunque también el que podía ofrecer más dificultades, ubicado a 3.000 metros de altura y obligando a un recorrido de 71 leguas). Partió del Campamento del Plumerillo el 18 de enero de 1817 a las 11.30 de la mañana. Combates: “Picheuta” (24 de enero): una guardia de avanzada de 14 hombres fue tomada por los realistas; “Potrerillos” (25 de enero): una avanzada del sargento mayor Enrique Martínez y de Francisco Aldao (140 hombres) se enfrenta con 250 realistas durante dos horas y media. Resultado equilibrado; “Guardia Vieja” (4 de febrero): una avanzada al mando del sargento mayor Enrique Martínez derrota completamente a una fuerza realista de 94 hombres; quedan 45 prisioneros y 25 muertos: los patriotas sólo tienen 5 heridos leves.

El combate duró una hora y media. Columna del general BERNARDO O’HIGGINS. Al mando del resto de las tropas, consistente en dos divisiones, partió del Plumerillo el 21 de enero, llevando como jefe de la vanguardia al Brigadier MIGUEL ESTANISLAO SOLER. Acompañando a esta columna, marchaba el general JOSÉ DE SAN MARTÍN y se dirigió hacia el Paso de los Patos (el más largo, ya que obligaba a una marcha de 105 leguas, pero el que ofrecía menos dificultades por las características del terreno a recorrer). Combates: “Achupallas” (4 de febrero): una patrulla de 200 hombres al mando del mayor de ingenieros Antonio Arcos, derrota a fuerzas realistas superiores. La acción consistió principalmente en una carga de caballería de los Granaderos (entre éstos se destacó Juan Lavalle); “Las Colmas” (7 de febrero): una avanzada al mando del comandante Mariano Necochea vence a fuerzas realistas. También esta acción consistió principalmente en una carga de caballería y duró sólo media hora. Los realistas tuvieron 30 muertos, 4 prisioneros y varios heridos.

Expediciones secundarias: Tenían por objeto confundir al enemigo sobre el avance del grueso del ejército e insurreccionar a las poblaciones chilenas donde llegaban. Para cubrir lo que se llamó “Sección norte”, se destacaron: la columna del teniente coronel JUAN MANUEL CABOT. Marchó desde San Juan hasta Coquimbo y La Serena, cruzando por el Paso de Guana. Recorrió 700 kilómetros en una región desértica de media y alta montaña y tardó aproximadamente un mes y la columna del coronel FRANCISCO ZELADA, Marchó desde La Rioja hasta Copiapó y Huasco, cruzando por el Paso de Come Caballos. Recorrió 150 kilómetros en una región de similares características a la anterior y tardó el mismo tiempo. Para cubrir la “Sección sur”, fueron destacadas la columna del teniente coronel RAMÓN FREIRE. Partió desde Mendoza y se dirigió hacia Talca y Curicó, cruzando por el Paso del Planchón, Recorrió 420 kilómetros de desierto y montaña en 20 días y la columna del capitán JOSÉ LEÓN LEMUS. Salió desde el Fuerte de San Carlos, en Mendoza y cruzando el Paso de El Portillo, se dirigió hacia San Gabriel. Estos efectivos, con cada uno de sus jefes perfectamente identificados con la misión que se les había asignado, antes de lograr reunirse en San Felipe, debieron superar, no sólo las dificultades propias de una marcha por escenarios de extrema rudeza, sino que debieron librar frecuentes encuentros con las tropas realistas, que alertados del avance de San Martín, habían dispuesto un vasto operativo de vigilancia y control de accesos para impedirle el paso.

Y así, después de veintiún días de afrontar y superar las dificultades y los peligros del terreno, los fuertes vientos, las heladas noches, el temible “soroche” o puna (dificultad respiratoria por falta de oxígeno, que se presenta en las alturas), que atacaba tanto a los hombres como a las bestias y los inesperados encuentros con las patrullas realistas, las dos “Columnas principales” del Ejército de Los Andes, descendieron por las laderas occidentales hacia el lugar de reunión en Chile, exactamente según lo programado y con mínimas pérdidas. El hábil plan trazado por San Martín desorientó al Gobernador de Chile, Marcó del Pont, quien sin poder concentrar estratégicamente a sus efectivos, los envió al mando del general Rafael Maroto, al valle de Aconcagua, a fin de enfrentar allí al ejército libertador. Batalla de Chacabuco. Logrado ese primer objetivo (cruzar la Cordillera de los Andes), el 12 de febrero de 1817, el Ejército Libertador tomó contacto con el enemigo y allí se libró la batalla de Chacabuco, que definida a favor de las armas de los patriotas, dejó un saldo de 500 muertos y numerosos heridos y prisioneros en el bando realista, que además dejó en el campo gran cantidad de armas, municiones, el parque y varias banderas, mientras que las pérdidas del ejército patriota fueron escasas: 12 muertos y 120 heridos.

El mismo día, según lo planeado, las reducidas tropas de RAMÓN FREIRE, habiendo atravesado exitosamente por el Paso del Planchón, tomaron posesión de Talca en el sur, mientras en el norte, el general NICOLÁS DÁVILA ocupaba Copiapó y JUAN MANUEL CABOT, hacía lo propio con Coquimbo. La victoria de los patriotas en Chacabuco fue un paso decisivo la guerra por la emancipación americana, por cuanto eliminó una constante amenaza de los realistas para la revolución argentina, permitió una sólida base de operaciones sobre la costa del Pacífico y estrechó el cerco en torno al reducto español que aún se mantenía vigente y poderoso en en el Perú.

Proclamación de la Independencia de Chile En la mañana del 14 de febrero de 1817, San Martín entró con su ejército en la ciudad de Santiago de Chile- Designó gobernador político provisorio a Francisco Ruiz Tagle y luego convocó un Cabildo abierto para que el vecindario eligiese la persona que debía ejercer la suprema magistratura. La asamblea se reunió el 18 de febrero de 1817 y nombró a San Martín, pero éste declinó la honrosa designación. De inmediato, fue elegido Director Supremo del Estado de Chile, el general Bernardo de O’Higgins, quien, luego de aceptar el alto cargo, designó ministro de Estado a Miguel Zañartú y de Guerra y Marína al coronel José Centeno.

Mientras tanto, y después de la derrota sufrida en Chacabuco, los realistas se agruparon en el sur del territorio chileno, particularmente en el puerto fortificado de Talcahuano, donde, a mediados de enero de 1818, recibieron refuerzos enviados desde el Perú, a las órdenes del general Mariano Osorio, el vencedor de Rancagua. La presencia de estos realistas y la amenaza que ello significaba, hizo necesario realizar una pública demostración de la confianza del pueblo chileno en su destino independiente y para ello, O’Higgins dispuso consultar la opinión del pueblo sobre el futuro que deseaba y éste se expresó en favor de la Independencia, por medio de sufragios en los cuales debía manifestar si quería volver al régimen de dominación existente o romper los vínculos que ligaban al país con España. Sin haberse registrado un solo voto a favor de la primera opción, el pueblo chileno decidió por la independencia y el 12 de febrero de 1818, primer aniversario de la batalla de Chacabuco, se realizó una solemne ceremonia en la plaza principal de Santiago, durante la cual, se procedió a proclamar la Independencia de Chile, en medio del delirante entusiasmo de una multitud, que demostraba así su firme decisión de defender los laureles y la gloria logrados, mientras el Ministro de Estado, Miguel Zañartú leía “el Acta de la Independencia” por la cual “el territorio continental de Chile y sus islas adyacentes forman de hecho y por derecho un Estado libre, independíente y soberano y quedan para siempre separados de la monarquía de España”.

Luego se efectuó la jura en nombre de Dios y de la Patria” y el acta fue enviada a O’Higgins, quien en su campamento de Talca, la firmó, dándole fuerza de Ley. El triunfo de Maipú. Sin aceptar la derrota sufrida en Chacabuco, los realistas persistieron en sus intentos para doblegar la resistencia del pueblo de Chile y a mediados de marzo de 1818, el general Osorio al frente de su ejército, inició un nuevo avance hacia Santiago y al llegar a proximidades del río Maule, sorprendió al ejército argentino-chileno en un terreno muy accidentado e inadecuado para su defensa conocido con el nombre de “Cancha Rayada”.

Al cabo de dos horas de confuso y sangriento combate, el ejército de la libertad, debió dispersarse y sólo el general Las Heras pudo retirar en orden sus efectivos en medio del caos que provoco este ataque sorpresivo. El revés militar no desanimó al general San Martín quien reorganizó de inmediato su ejército para enfrentar nuevamente al enemigo y proteger la ciudad de Santiago de un seguro ataque. Una vez que hubo reunido a su tropa, acampó sobre una meseta llamada “Lomas Blancas” (nombre dado por su suelo calizo), próxima al río Maipú, mientras que Osorio, engolosinado por la victoria lograda en Cancha Rayada, prosiguió su avance hasta detenerse frente al ejército patriota que lo esperaba en las posiciones alcanzadas. .

En la mañana del domingo 5 de abril de 1818 se libró en ese lugar una nueva batalla, conocida como la “batalla de Maipú” y que concluyó con un triunfo de gran trascendencia para la causa independiente. La lucha fue muy reñida pero la victoria fue completa. Los realistas dejaron mil muertos en el campo de la acción, casi todo su material bélico y sus principales jefes cayeron prisioneros, entre ellos el mismo general Ordóñez y el general Morgado (2), mientras que los patriotas también debieron lamentar la pérdida de otros mil hombres, entre muertos y heridos. Este triunfo de las armas argentino-chilenas aseguró definitivamente la libertad de Chile y significó un gran aporte para el sueño de libertad de Hispanoamérica ya que consolidó la independencia argentina, que estaba siendo peligrosamente amenazada por los realistas que vieron asi frustradas sus intenciones de avanzar sobre Buenos Aires, partiendo desde Chile, a través de los Andes, permitió contar con una base segura para la proyectada expedición libertadora del Perú, desbarató el plan de reconquista de estos territorios soñado por Pezuela y sembró el desconcierto entre los que aún sostenían la causa del rey en tierras americanas.

Y así culminó definitivamente esta epopeya. Entre setiembre de 1814 y principios de 1817, San Martín había organizado un ejército partiendo desde la nada. A su genio militar, al apoyo que le prestara Juan Martín de Pueyrredón y a sus fieles colaboradores, Las Heras, Soler, O’Higgins, Fray Luis Beltrán, Luzuriaga, Dupuy, Martínez de la Rosa, O’Brien, Arcos, Álvarez Condarco, Cabot, Dávila y tantos más, debió su hazañosa empresa. Para definir la magnitud de la misma, nada mejor que repetir a Mitre: “El paso de los Andes es como combinación estratégica, un compuesto de atrevimiento, de observación y de cálculo, que en su conjunto asombra, y analizado, se admira y se impone por lo concreto de su concepción y la exactitud de su ejecución. Como todas las operaciones clásicas de su género, su punto de partida es una idea simple, con un objetivo claro, que busca un resultado positivo..Tiene también su parte fantasmagórica, en la que el ingenio se pone al servicio del genio y concurre como elemento de éxito a un fin útil. Su secreto consiste en la configuración del terreno montañoso, teatro de las operaciones, en que todos los movimientos combinados se vacían como un molde y toman su forma típica”.

El 12 de agosto de 1818, el general San Martín pone al Ejército de los Andes, bajo la protección de la Vírgen del Carmen. Ese día, el general José de San Martín elevó al guardián de la Basílica de San Francisco de la ciudad de Mendoza, la carta siguiente: “La decidida protección que ha prestado al Ejército de los Andes su Patrona y Generala Nuestra Madre y Señora del Carmen, es demasiado visible. Un cristiano reconocimiento me estimula a preservar a dicha Señora (que se venera en el convento que rige Vuestra Paternidad), el adjunto bastón como propiedad suya y como distintivo de mando supremo que tiene sobre dicho Ejército”. Esta carta, que se conserva en aquel histórico Templo, escrita luego de la gloriosa campaña libertadora de Chile y de Perú, se halla en el camarín de la Virgen mencionada, y una copia en bajo relieve en bronce, está fijada a un costado del altar principal en el interior do la iglesia.

Con motivo de las declaraciones que formuló en la ciudad de Trujillo el general JUAN DOMINGO PERÓN y que fueron publicadas el día 10 y el 11 de octubre de 1959, el padre BERNARDO L. RÍOS, guardián de la basílica de San Francisco y capellán de la Cofradía de la Virgen del Carmen, de Cuyo, entregó a la prensa una comunicación en la que desmiente tales declaraciones formuladas por el ex presidente de la República Argentina, quien había afirmado que durante su gobierno, dio a la Virgen del Carmen el rango de generala “con sueldo que percibe todavía su templo”. El sacerdote expresó que “semejante declaración encerraba dos falsedades incalificables: primero, es un hecho histórico que el rango de generala le fue otorgado a la Virgen del Carmen por nuestro inmortal jefe del Ejército de los Andes, general José de San Martín, en el memorable acto de jurarse la bandera el día 5 de enero de 1817, en Mendoza; mal podía, pues, el señor Perón atribuirse tan insigne honor.

En Cuanto a que “se le ha asignado un sueldo que todavía percibe su templo”, es una falsedad tan grande como la de haberle dado el rango de generala”, por cuanto tal cosa se le habría informado a las autoridades de este Convento cosa que no pasó porque a la Santísima Virgen del Carmen de Cuyo no se le confirió, no ya un sueldo, ni siquiera una subvención o subsidio. Los gastos que demanda el mantenimiento de su santuario y los que demandan las festividades que anualmente se realizan en ocasión del aniversario de su coronación, agregó el sacerdote Ríos, se subvienen exclusivamente “con donaciones y aportes de sus devotos y fieles en general, todo lo cual consta, por lo demás, en los respectivos libros de actas llevados por la Sociedad Damas de la Virgen del Carmen de Cuyo, cuya Comisión Directiva está integrada por veinticuatro señoras electas bienalmente y de la que —como guardián— soy capellán”.

En la misma oportunidad, el padre Ríos exhibió a un grupo de periodistas que lo entrevistaron por tal motivo, toda la documentación y objetos del siglo pasado que avalaron sus afirmaciones en el sentido de que esa sagrada imagen de la Virgen del Carmen, de Cuyo, fue consagrada generala del Ejército de los Andes por el general José de San Martín, de quien se conserva en el templo el bastón de mando construido con una fina varilla de madera de contera metálica y puño formado por una amatista tallada, que el prócer entregó al convento con la carta que se reproduce más arriba.

El 31 de diciembre de 1818, San Martín pide ayuda financiera para afianzarse en Chile. El General JOSÉ DE SAN MARTÍN escribió a JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN diciéndole “ya ha llegado el caso de hablar a vuestra excelencia con la claridad y respeto debido a un ciudadano que obedece y desea el bien de su patria. El Estado de Chile está en una completa bancarrota. Su actual administración ni es respetada ni amada y sólo se sostiene por las bayonetas del ejército de los Andes; pero este apoyo desaparecerá por la falta de medios para su subsistencia, en razón de que no hay cómo sostenerla… Mutación alguna en el gobierno de este país no puede hacerse, pues no hay hombres capaces de tomar la rienda del gobierno. Sin embargo de lo expuesto, sólo pueden mantenerse el orden y seguir los progresos que las favorables coyunturas nos presentan para acabar con el virrey de Lima, siendo protegido este ejército con la cantidad que vuestra excelencia tuvo a bien asignar para su auxilio. De lo contrario, soy de opinión que vuestra excelencia lo mande repasar los Andes para poderlo utilizar del modo y forma que tenga por conveniente. La adjunta cuenta que incluyo hará ver a vuestra excelencia la deuda total que este Estado debe al ejército y Provincias Unidas. Por él calcule vuestra excelencia cuál será su situación. Sólo su ejemplar disciplina puede hacer que se mantenga en orden, pues de los cuatro meses corrientes desde setiembre inclusive, no ha sido auxiliado con un solo peso y mucho menos para gastos secretos y extraordinarios de guerra, siendo, los primeros tan indispensables como que sin relaciones, en Lima nada puede hacerse” .

San Martín, desde Chile, dispone el regreso del Ejército de los AndesLuego de concretada la libertad de Chile, desde Mendoza, el 25 de febrero de 1819, San Martín se dirige a San Luis y deja órdenes precisas para el recruce de la Cordillera de los Andes. Llegó a la capital puntana el 2 de marzo y el 9 de ese mes, le trasmitió la orden al jefa interino del Ejército de los Andes, para que disponga repasaran la Cordillera de los Andes los Regimientos de Granaderos a Caballo, Cazadores, etcétera, infantería, artillería y nume­ro 11, dejando a retaguardia los regimientos 7 y 8 para que contuvieran la deserción que podía haber. Le detallaba cómo debía practicar la operación del pasaje.

El 23 de marzo volvió a escribirle al general GONZÁLEZ BALCARCE incluyéndole los itinerarios que debía seguir en su marcha la infantería del ejército hasta Uspallata, en donde se encontrarían los baqueanos (1) Para referirnos a las actividades desplegadas por San Martín en Mendoza, durante su gestión como gobernador-intendente de Cuyo, transcribimos algunos párrafos del profesor A. J. Pérez Amuchástegui, tomados de su obra “Ideología y Acción de San Martín”, Eudeba, 1966: “En 1814, tal vez con la idea de llevar a cabo su plan continental, San Martín pidió y obtuvo del Director Supremo Posadas, su nombramiento como gobernador intendente de Cuyo.

En los primeros días de setiembre ese año, asumió sus nuevas funciones, mientras la vecina Chile pasaba por los momentos más angustiosos de su historia: en agosto de ese año, habían llegado allí grandes refuerzos realistas, y ante el peligro se exacerbaron las pasiones partidistas. “Los hermanos Carrera, acaudillados por el mayor de ellos, José Miguel, se apoderaron del gobierno mediante un cuartelazo, iniciando una operación de limpieza que habría de costar demasiado caro para la suerte de Chile. Hasta las fuerzas auxiliares de Buenos Aires fueron expulsadas por no someterse al nuevo dictador y aunque el peligro común y la hidalguía de O’Higgins serenaron un poco los ánimos, se había roto la estructura disciplinaria indispensable en todo movimiento revolucionario”. “Tras diversos incidentes, los realistas lograron encerrar una parte importante del ejército chileno en Rancagua y allí O’Higgins con un puñado de hombres hizo prodigios de va­lor, con la vana esperanza de que las fuerzas de Carrera acudieran en su favor, o de que los auxiliares rioplatenses hubieran sido avisados antes de trasmontar la cordillera y pudieran concurrir en su ayuda”. “Nada de eso ocurrió; por lo contrario, Carrera, en un gesto incomprensible, dejó abandonados a sus compañeros de armas y el 2 de octubre de 1814, Chile sucumbió en Rancagua, y los defensores, anulada toda resistencia, huyeron por la cordillera hacia Mendoza”. “Un mes apenas hacía que San Martín había asumido el gobierno de Cuyo, cuando la llegada de los emigrados chi­lenos rompió la paz pueblerina de Mendoza, cuando surgió un severo conflicto originado por José Miguel Carrera, que pretendió que se le reconociera en ese lugar, la jerarquía y autoridad que decía le correspondía.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.