SAN MARTÍN Y ALVEAR LLEGAN AL PAÍS (09/03/1812)

El 9 de marzo de 1812 llegó al puerto de Buenos Aires, procedente de Londres, la fragata inglesa “George Canning”, trayendo algunos pasajeros, entre los que se encontraban el en ese entonces Teniente coronel JOSÉ DE SAN MARTÍN, el Capitán de Milicias FRANCISCO VERA, el Capitán de Infantería FRANCISCO CHILAVERT, el Alferez de Carabineros Reales CARLOS MARÍA DE ALVEAR con su esposa, el Subteniente de Infantería ANTONIO ARELLANO, el Teniente de Guardias Valonas EDUARDO HOLMBERG, el Alferez de Carabineros Reales  JOSÉ MARÍA ZAPIOLA y otros ciudadanos argentinos que fueron sus compañeros de viaje y que venían decididos a dar un nuevo impulso al movimiento de la Independencia y que con el paso del tiempo, desempeñarían papeles protagónicos en la vida política y militar del Río de la Plata. Era entonces el teniente coronel JOSÉ DE SAN MARTÍN.

Hacía 26 años que, niño aún, se había separado de la tierra natal, y regresaba a ella en posesión de todas sus fuerzas y aptitudes, dominado por un sueño y animado de una pasión que lo llevaría a lo más alto en el altar de su Patria. Venía con el propósito de ofrecer su espada a la revolución sudamericana, que llevaba ya dos años de luchas y que en aquellos momentos pasaba por una dura prueba. Templado en los avatares de la vida, entrenado en el arte militar, iniciado en los misterios de las sociedades secretas propagadoras de las nuevas ideas de libertad, formado su carácter y madurada su razón en la austera escuela de la experiencia y el trabajo, el nuevo campeón traía a la causa americana, su conocimiento de la táctica y la disciplina aplicadas a la política y a la guerra y en germen, un ambicioso plan de campaña continental, que abrazando en sus lineamientos la mitad de un mundo, debía dar por resultado preciso la obtención de la independencia de su Patria y de sus hermanos de América. CARLOS MARÍA DE DE ALVEAR, uno de sus acompañantes en este regreso, había pasado también desde niño a España, e ingresado en la carrera militar, luchando contra el ejército de Napoleón. Se distinguió en las batallas de Talavera y Ciudad Real, mereciendo el grado de alférez, y deseoso de prestar su ayuda a la Revolución de Buenos Aires, se embarcó con este destino.

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