SAN BENITO DE PALERMO (1836)

La mansión que el gobernador JUAN MANUEL DE ROSAS comenzó a construir probablemente en 1836, en Palermo, fue una de las obras arquitectónicas de mayor significación del período poscolonial argentino. Se hallaba ubicada hacia el nordeste de la ciudad en jurisdicción de la actual Capital Federal, en un sector del parque denominado hoy Tres de Febrero, aunque el público continúa llamándolo Palermo.

El conjunto arquitectónico se levantaba, aproximadamente, en la intersección de las actuales avenida Libertador General San Martín y avenida Sar­miento, y la casa donde vivía Rosas se hallaba justamente en el lugar donde hoy se encuentra el monumento a Sarmiento. En la primavera de 1838 fue Rosas con su familia a vivir en ella y la denominó “Palermo de San Benito”, en homenaje al Santo moreno de la ciudad de Sicilia, cuya imagen se veneraba en la Capilla ubicada en el ángulo sur de la residencia. La realización de este magnífico edificio demandó la pre­paración previa de los pantanosos terrenos de Palermo mediante la construcción de sistemas de drenaje, terraplenes, canales, piletas y otros recursos que exigieron dos años de labor. El parque formado en torno de la mansión exhibía numerosas variedades de plantas, calles de ombúes y palmeras y plantaciones de frutales, mientras que a orillas del río crecían especies autóctonas.

Algunos interrogantes que presentaba esta obra los despeja el viajero inglés William MacCann, al manifestar que Rosas la había edificado con el sólo propósito de estimular a su peblo: “Como ese edificio comenzó a construirse durante el bloqueo francés y el pueblo se encontraba en gran agitación, él había querido cambiar los ánimos con una demostración de confianza en un porvenir sólido, erigiendo su casa en un sitio poco favorable. Quería dar a sus conciudadanos un ejemplo de la qua podía hacerse cuando se trataba de vencer obstáculos y se tenía voluntad para vencerlos”. El edificio fue proyectado por el ingeniero español Felipe Senillosa y su diseño es similar al Poggio Reale de Nápoles, compuesto por un gran rectángulo con cuatro torreones esquineros y un planteo simétrico. Su constructor fue José Sartorio, quien realizaría la Iglesia de Balvanera, a la memoria de doña Encarnación Ezcurra de Rosas (1839). Distribución interior.

El núcleo de habitaciones se encontraba rodeado perimetralmente por galerías internas y externas, formadas por arquerías de medio punto. Los cuartos se abrían hacia el gran patio central. Los torreones, a excepción de uno, eran cerrados y uno de ellos contenía la capilla puesta bajo la advocación de San Benito. Rosas ocupaba las cuatro habitaciones que miraban al río, mientras su hija Ma­nuelita hacía lo mismo con las opuestas. Los viajeros se sintieron sorprendidos por el contraste que ofrecían las encaladas paredes exteriores con “el color rojo que domina por doquier, ya sea en las prendas de vestir de los contertulios, como en las colgaduras y alfombras que adornan la espaciosa habitación (salón de recepciones), entre cuyos muebles un piano y un arpa ocupan lugar conspicuo” (Ernesto Fitte). Complementaba el conjunto un gran galpón de maestranza y catorce viviendas habilitadas para la guardia personal de Rosas. Según De Paula, “el conjunto era de una volumetría imponente y la mampostería revocada se expresaba con franqueza en muros y pilares, caracterizando su tratamiento formal por una exquisita sencillez y un sentido paisajista”.

La vida en Palermo fue intensa desde el mismo momento en que se convirtió en Casa de Gobierno y concentró las actividades políticas y diplomáticas de la época. Palermo de San Benito, fue ocupado por Urquiza después de Caseros, luego por la Escuela de Artes y Oficios y finalmente por la Escuela Naval Militar, hasta que en 1899 fue dinamitado.

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