ROSAS Y SU RELACIÓN CON EL BRASIL (00/07/1844)

En julio de 1844 llegan a Río de Janeiro noticias de que el acuerdo entre Francia y Gran Bretaña marcha viento en popa. Esperando concretar la alianza anglo-francesa-brasileña contra la Confederación Argentina, el Brasil retoma su política agresiva contra Rosas.

Un experimentado diplomático, Miguel du Pin e Almeida, vizconde de Abrantes, antiguo canciller de Pedro I, es designado comisionado ante las cortes de Londres y París. Sus instrucciones están fechadas el 23 de agosto y dicen: “A su paso por París y Londres informará sobre las ambiciones de Rosas que pretende anexarse el Estado Oriental. Se mostrará conforme con la libre navegación del Plata y sus afluentes y concertará la participación brasileña en la empresa”. Aberdeen, el ministro de Relaciones Exteriores inglés, lo recibe el 22 de octubre en Londres con todos los honores, pero no responde nada ante la sugerencia de intervención conjunta, y pide un memorándum que explique lo que desea el Brasil de Inglaterra.

El 11 de noviembre el vizconde de Abrantes le entrega un documento donde reseña largamente la cuestión cisplatina y recalca los perjuicios de la guerra “devastadora” llevada por Rosas a Montevideo con “grandes inconvenientes”, no sólo para los intereses humanitarios, sino para los comerciales “tan ligados a los progresos de la civilización” y que “deben mover a los gobiernos cristianos a librar al mundo de semejante monstruo”. Aberdeen guarda el largo memorándum sin leerlo y en forma chocante manifiesta al brasileño qua “debería respetarse el derecho de los estados independientes a guerrear entre sí”. El vizconde se desconcierta ante esta salida, ignorando que proviene de los informes del representante británico en Río, que acaba de comunicar que los brasileños se muestran reacios a prorrogar el tratado de comercio con Gran Bretaña y a reprimir el tráfico de esclavos.

En la tercera entrevista, que se lleva a cabo el 18, Aberdeen señala sarcásticamente que le parece difícil una intervención conjunta con el Brasil, pues éste no tiene con Inglaterra “un perfecto estado de inteligencia”. Abrantes, dolido, inquiere si eso significa el rechazo de la propuesta y Aberdeen lo consuela diciéndole que no hay tal rechazo, pero el 26 le co­munica por escrito que le trasmita a su gobierno que, “en principio, Gran Bretaña estaría dispuesta a entenderse”, pero no antes de “tratar de remover todo o cualquier motivo de desinteligencia.

Gestiones en Francia. El 22 de diciembre, Abrantes entrevista a Guizot, primer ministro francés, en París. Nada hay en contra de la participación brasileña, pero cuando se habla de intervención conjunta, Guizot quiere saber si Rosas “se llamaría a razón” sólo con que los gobiernos de Francia, Brasil e Inglaterra a manifestaran sus intenciones. Abrantes aconseja “prepararse para lo peor”. Pero Guizot no quiere emplear tropas en una aventura en la que no tiene nada que ganar. Podría “cooperar con fuerzas navales… llegar al extremo de una guerra marítima, pero ningún ejército inglés ni frances se emplearía por tierra”.

A principios de enero llega a París William Gore Ouseley para decidir a Guizot a intervenir en el Plata. Abrantes visita al inglés el 9 de enero y éste le confirma que la expedición será solamente naval y sólo para amedrentar a Rosas. Abrantes protesta, reiterando lo que ha dicho a Guizot: en esas condiciones, el Brasil sería “el único en recibir la animosidad e indignación de los argentinos”; Rosas y Oribe se podrían aliar a los rebeldes riograndenses y poner en peligro –o en aprietos, por lo menos­ al imperio. Ouseley trasmite esto a Cowley, embajador inglés en París y Guizot invita a una cena el 13 de enero.

Asisten Cowley, Abrantes, Ouseley, Mackau y el barón de de Lurde. Mackau no considera prudente la lucha abierta contra Buenos Aires, pero, ya que está decidida la intervención, cree que una demostración naval bastaría para levantar el sitio de Montevideo. Cowley es terminante: Inglaterra “no empleará otros medios que los marítimos” recordando los fracasados desembarcos de 1806 y 1807. Abrantes cree que para doblegar a Rosas hay que estar dispuesto a todo y emplear medios eficaces, o mejor será dejar las cosas como están.

Para Ouseley no es suficiente la demostración naval. Será necesaria una guerra con auxiliares criollos como en 1838; apoyados al oeste del Paraná por el ejército brasileño mientras los europeos, con fuerzas navales, garantizarían la independencia de la República Oriental, Paraguay, Entre Ríos y Corrientes, permitiendo la libre navegación de los ríos “que eran los objetos de la intervención”. Un plan rechazado. Esa misma noche, Abrantes informa a su gobierno: ese plan entraña gravísimos peligros para el Brasil que recibirá todo el embate de Rosas si los auxiliares criollos fracasan.

El 31 de enero, Guizot confirma oficialmente la invitación al Brasil y expone los tres propósitos públicos de la intervención: 1) Defender la independencia oriental contra Oribe, “aliado del general Rosas”; 2) Defender la independencia del Paraguay contra Rosas, “que se obstina en no reconocerla”, 3) Acabar con las guerras en el Plata “tan fatales para el comercio como desastrosas para la causa de la humanidad”. El 6 de febrero, Abrantes informa reservadamente a Río los propósitos secretos: 1) Convertir a Montevideo en “factoría comercial para las naciones marítimas”. 2) Obligar a la “libre navegación” del Plata y sus afluentes; 3) Independizar Entre Ríos y Corrientes “si sus habitantes lo quisiesen”; 4) Fijar los límites del Estado Oriental, Paraguay y el nuevo Estado de la Mesopotamia “con prescindencia del Brasil”. 5) Conservar el estado de cosas en el resto de la Confederación “si Rosas accediera a la razón sin recurrir a las armas” o diese libertad de comercio. En caso contrario, levantar contra él los auxiliares suficientes para obrar apoyados por las fuerzas navales y poner en Buenos Aires un gobierno “que dé muestras de amistad hacia Europa”. Abrantes no está de acuerdo en una intervención concebida de tal modo. No es conveniente para el Brasil, que vería establecerse en el Estado Oriental, Mesopotamia argentina y Paraguay poderes más fuertes que los de la Confederación y por eso aconseja al gabinete brasileño no entrar en la intervención y, si aún es posible, buscar nuevamente la amistad de Rosas.

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