ROSAS Y LA GUERRA DEL PARAGUAY (1865)

Al estallar la guerra del Paraguay, JUAN MANUEL DE ROSAS vivía exiliado en Gran Bretaña. El 26 de abril de 1865 el diario de Mitre “La Nación Argentina”, de Buenos Aires, publica una nota titulada “Un aliado formidable”, en la que, el periodista, asombrado de que Rosas se declarara resueltamente aliado del Paraguay, expresa : “S. E. el ilustre restaurador, se sirve relinchar desde lejos a su no menos Excelencia el mariscal Solano López”.

El diario porteño publica también una carta que Rosas enviara anónimamente a la redacción, con el objeto —decía su remitente— “de que el diario La Nación Argentina no falsee la historia del gobierno de Rosas respecto del Paraguay, como lo hizo en su número del 20 de abril, haciendo el cotejo de Rosas y el presidente del Paraguay”. La carta de Rosas estaba fechada en Southampton, el 4 de diciembre de 1864 y en ella, Rosas niega haber sido enemigo del doctor FRANCIA y de CARLOS ANTONIO LÓPEZ. Con respecto al primero dice que “si no se hubiera muerto S. E. el Dictador, yo hubiera conseguido hablar con él; algo habíamos de haber acordado de la mayor importancia”. También Rosas se refiere a la visita que le había hecho el general Francisco Solano López en Inglaterra, hacia 1854, y añade: “De S. E. el actual Sr. Presidente, jamás he sido desafecto. Lo he mirado y lo miro y considero con bien distinguida estimación. Quizás llegue o acaso no esté lejos, el día en que el Gobierno Paraguayo y los paraguayos todos, se hagan cargo de mi defensa y el tiempo en que yo les sea útil en aquélla, en ésas o en estas Naciones”.

Comentando el suelto del diario “La Nación Argentina”,  sobre la posición de Rosas con respecto al Paraguay en guerra, JUAN BAUTISTA ALBERDI diría en carta a MÁXIMO TERRERO, del 21 de mayo: “Que el general Rosas se felicite de los ataques que le dirige la Nación Argentina del 26 de abril por sus nobles simpatías al Paraguay”. Cuatro años después, Rosas dejará un nuevo testimonio de esas simpatías. El 17 de febrero de 1869, en momentos en que el mariscal López comenzaba su marcha desesperada hacia los confines del nordeste paraguayo, el antiguo jefe de la Confederación Argentina escribía desde Southampton a su amigo JOSÉ MARÍA ROXAS Y PATRÓN: “Por mi parte he registrado en mi testamento la siguiente cláusula, entre otras adicionales. “Su Excelencia el Generalísimo, Capitán General JOSÉ DE SAN MARTÍN, me honró con la siguiente Manda. « La espada que me acompa­ñó en toda la guerra de la Independencia, será entregada al Gral. Rosas, por la firmeza y sabiduría, con que ha sostenido los derechos de mi patria”. “Y yo Juan M. Ortiz de Rosas, a su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a Su Excelencia, el Señor Gran Mariscal, Presidente de la República Paraguaya y Generalísimo de sus Ejércitos, la espada diplomática y militar, que me acompañó durante me fue posible sostener esos derechos; por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido y sigue sosteniendo los derechos de su Patria, el equilibrio, entre las Repúblicas del Plata, el Paraguay y el Brasil.”

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