ROSAS BUSCA REFUGIO LUEGO DE CASEROS, EN LA CASA DEL EMBAJADOR INGLÉS (03/02/1852)

El detalle de la actividad de ROSAS, en el último día de su permanencia en suelo argentino, luego de ser derrotado en Caseros por URQUIZA, está contenido en la nota que el 9 de febrero de 1852, el representante diplomático inglés en Buenos Aires, ROBERT GORE, envió a su Cancillería en Londres: “Al regresar a mi casa, a las cuatro y media de la tarde, del 3 de febrero, mi sirviente me informó que había admitido una persona con uniforme de soldado común pero que sospechaba ser el general Rosas y que se hallaba reposando en mi lecho, muy exhausto por la fatiga y una herida que tenía en la mano, habiendo pedido que le dejasen recostar.

Entré inmediatamente y hallé a Rosas en mi cama, cubierto con el humo y el polvo de la batalla y sufriendo fatiga y hambre, más, por otra parte, calmo y dueño de sí mismo”. “Díjome sonriendo: “Es un hecho curioso que el caballo que doné a Mr. SOUTHERN para la reina Victoria salvó mí vida esta mañana, y ahora me encuentro bajo la protección de la bandera inglesa”. Inmediatamente me di cuenta que era necesario sacarle de mi casa y pasarlo a un buque de guerra, antes que se supiese o sospechase donde estaba. Tenía poco tiempo disponible y debía emplear la mayor discreción posible, pues estaba por reunirme con los demás representantes, a las 6 p.m., para ir al campo de Urquiza, a pedido del general MANSILLA, jefe de la plaza, para ofrecer nuestros buenos oficios, a fin de convenir con aquel general la constitución de un gobierno para la ciudad, y yo no poseía medio alguno para hacer nada hasta mi regreso”. “Me vi, pues, obligado a dejar al general Rosas, habiendo ordenado su cena y baño, y que por ningún motivo se permitiese a ninguna persona entrar o salir de mi casa hasta mi regreso”. “Había peleado bravamente…”.

“Al llegar los agentes extranjeros a Palermo encontramos la vanguardia del ejército de Urquiza entrando y adoptando sus medidas para pasar la noche, bajo el mando del general GALÁN a quien hicimos conocer nuestra misión”. Fuimos muy bien recibidos y envió inmediatamente a su edecán al campo de batalla donde se suponía que Urquiza pasaría la noche, para informarle del asunto que teníamos entre manos. Habiendo esperado hasta las 10 p.m., sin recibir ninguna respuesta, pensé que era prudente excusarme con el coronel Galán y regresar a Buenos Aires, pues no me quedaban más de cuatro horas para concebir y ejecutar un plan para embarcar al general Rosas y su familia”.

“Llegué a la residencia del almirante HENDERSON, a las 11 y media, quien inmediatamente aceptó mi proposición de embarcar al general Rosas y familia a bordo del “Locust” que se encontraba en el puerto, y despacharlo, al romper el día, a Montevideo, a alcanzar el paquete y transferir a Rosas y familia al “Centaur”, no bien el Locust navegase por la rada exterior. Pasé en seguida a mi casa, acompañado por su hija MANUELITA, a quien confié mi plan e hicimos los preparativos necesarios para el embarque, después de discutir un poco con el general Rosas, que deseaba permanecer en mi casa por 2 ó 3 días, a fin de arreglar sus asuntos, antes de dejar para siempre su país. Después de vestir al general Rosas con un gran capote y gorro de marino, a su hija como si fuese un joven y a su hijo con mis ropas y hallándose listo un bote en cierto lugar perteneciente a un bajel mercante, (1) nos dirigimos hacia él”. “Tuvimos que pasar por dos garitas de centinelas y en ambas nos examinaron, pero se nos permitió pasar al darme a conocer.

Al llegar al río, las aguas se hallaban muy bajas y el grupo tuvo que caminar unas 400 yardas antes de llegar al bote. A las 3 p.m., todos estaban a salvo a bordo del “Locust”. A las 4.30 p.m. yo andaba camino a Palermo, nuevamente, acompañando a una comisión de la ciudad, para entregarla al general triunfante. Aseguro a usted milord, que experimenté un profundo alivio al ver al Locust salir del puerto, mientras yo cabalgaba hacia Palermo, nuevamente, acompañando a una comisión de la ciudad, para entregarla al general conquistador. Fui presentado al general Urquiza, quien me habló acerca del general Rosas y dijo que éste había peleado bravamente y que creía que había marchado hacia el Sud, composición de lugar que no me sentí inclinado a contradecir de ninguna manera. Lamento decir que la excitación contra los agentes británicos, especialmente contra mío, a causa de la fuga del general Rosas, fue principalmente manifestada por súbditos ingleses y franceses, que hicieron lo más, para que mi posición se tornase tan difícil e incompatible como era posible.

A Dios gracias, siento que no he hecho más que cumplir con mi deber como agente británico, y como caballero inglés”. (1). El navío francés era “Le Bon Pére”. Por su parte, el 4 de febrero de 1852, el contralmirante HENDERSON, jefe de las fuerzas navales británicas en el Plata, le dirigió la siguiente nota a las autoridades del Almirantazgo inglés: “He sido informado, confidencialmente, que el general ROSAS, después de luchar hasta que el último de sus infantes le quedó fiel, pudo llegar luego a la ciudad en la última tarde, embozado; y que, en el curso de la noche que está transcurriendo, me inclino a creer que podrá escapar y llegar a bordo del Centauro, hallándose su vida en peligro, inminente e inmediato…”. Veinte días más tarde, el almirante LEPRÉDOUR, jefe de la flota francesa, envió, a su vez, a sus superiores, el siguiente informe sobre los sucesos de Caseros: “Rosas fue abandonado por sus tropas, a pesar del coraje y sangre fría que demostró hasta el momento en que no habiendo armas más que en las manos de sus enemigos, se confió a la agilidad de su caballo para escapar al peligro que lo amenazaba por todas partes…”.

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