RIVADAVIA Y ROSAS

“Rivadavia personifica nuestra revolución, como Rosas personifica la contrarrevolución. Rivadavia es esencialmente republicano porque busca el orden dentro de la coordinación, que es el régimen estructural de las democracias, en tanto que Rosas con su sistema gauchesco es esencialmente antirrepublicano, porque sólo busca el orden dentro de la total subordinación: negación de la república. Rivadavia, republicano de verdad, no sabe lisonjear al pueblo; sólo sabe servirlo con desinterés. Rosas, en cambio, no hace más que adularlo y corromperlo; servirse de él”. “Dicho de otro modo, Rivadavia es el Presidente, Rosas el Dictador.

La primera Ley de Rivadavia, siendo ministro en 1821, es una ley de olvido. Todas las leyes que dio Rosas pueden titularse sin error leyes de odio. Rivadavia, republicano, entrega todos sus actos a la publicidad; Rosas, antirrepublicano, sepulta su conducta en el sigilo. Rivadavia había estudiado en Inglaterra el sistema de las instituciones liberales. Rosas no conocía del mundo más que la pampa sin hombres y sin fronteras. En 1813, Rivadavia, sueña con fundar institutos donde se enseñe Derecho Público, Economía Política, Agricultura, Lenguas; dota, como le es posible, la Biblioteca Popular; solemniza con su presencia los modestos exámenes escolares”.

“Es el hombre que abre escuelas. Rosas, dicho de una vez, el que las cierra (Arturo Capdevila). Rosas es el antípoda de Rivadavia. Todo avance de Rosas debe ser correlativo de un retroceso de Rivadavia; son dos fases de la humanidad; dos personajes de la tragedia eterna. No he de decir que son el Bien y el Mal, porque el bien y el mal están demasiado mezclados en la vida; pero la política argentina ha girado y girará por mucho tiempo, como un péndulo, de Rosas a Rivadavia y de Rivadavia a Rosas”. “Con esta limitación: que una sola vez se llegó a Rivadavia y otra vez se llegó hasta Rosas.

La Sociedad de Beneficencia ha guardado a Rivadavia una secular fidelidad. Ha exagerado un poco. Cuando en 1834, Rivadavia, reembarcado por el gobierno a las cuatro horas de su llegada de Europa, esperaba a bordo durante varios meses sus pasaportes para partir al destierro, se realizó la fiesta de los premios a la virtud y Rivadavia no fue mencionado en el acto”. “Es verdad que ya la mazorca aullaba en las calles. La Socie­dad negó a su protector aquella vez; fue la única. Fue una pequeña infidelidad en más de un siglo. Y había su motivo. Rosas retiró después a la Sociedad todo subsidio y cerró la Casa de Expósitos.

Era el demoledor, como Rivadavia había sido el constructor. Y puso las escuelas bajo la dependencia de la policía. No se atrevió a destruir esa obra, pero le retiró el pan y el agua; y fue apenas tolerada, llevando una vida vergonzante, como que era una hija de Rivadavia”. “Lo más grave de nuestra crisis moral es que empieza la restauración de Rosas y el olvido de Rivadavia. Es un síntoma grave. Se acerca el día en que Rivadavia sufrirá su segundo destierro, y en que llegarán a Buenos Aires, tal vez aclamados, los restos del Restaurador. Hay una curva en la historia en que dejará de verse al grande hombre por un tiempo; pero sucederá como en las rutas de montañas, una nueva curva lo hará reaparecer más arriba; y ésa será su reivindicación” (extraído de “Vidas argentinas” de Octavio R. Amadeo, 1934).

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