REVOLUCIÓN DEL 1º DE DICIEMBRE DE 1828

El rechazo por las provincias argentinas de la constitución unitaria de 1826, la caída de BERNARDINO RIVADAVIA, y la exaltación al poder del coronel MANUEL DORREGO, que era el apóstol de la idea federal, habían debilitado la influencia del partido unitario. Tales hechos fueron amasando un sinnúmero de circunstancias que presagiaban el advenimiento de graves acontecimientos lo que fue agravado por el rechazo que produjo la firma del tratado de paz con el Brasil y la consiguiente pérdida de la Banda Oriental a lo que nos condenaba dicho acuerdo.

Terminada entonces la guerra con Brasil, el gobernador DORREGO ordenó el regreso del ejército a Buenos Aires, sin darse cuenta, que así ponía en peligro la continuidad de su gobierno, considerando que la mayoría de esa oficialidad era “unitaria” y dos de estos jefes: los generales JOSÉ MARÍA PAZ y JUAN GALO DE LAVALLE no tardaron nada en hacerle pagar caro su error. El 29 de noviembre de 1818 la división de LAVALLE desembarcó en Buenos Aires y con su jefe al frente se sublevó.

En este clima de efervescencia El general LAVALLE, acusándolo de haber usurpado el poder y convalidado el vergonzoso acuerdo de paz firmado con el Brasil, encabeza el movimiento que se conoce como la “Revolución Decembrista” o “Revolución del 1º de diciembre” que se fija como objetivo, la destitución de Dorrego como gobernador de Buenos Aires, contando entre sus más conspicuos “decembristas” con Benardino Rivadavia, el cura Julián Segundo de Agüero, SalvadorMaría del Carril, Manuel Bonifacio Gallardo, Juan Cruz Varela y Gregorio y Valentín Gómez.

La verdad era que tal acción, era consecuencia de la virulenta rivalidad que dividía a los argentinos en esa época. Dorrego era federal y Lavalle, que se consideraba un paladín de los que rechazaban el protagonismo que se atribuía Buenos Aires en el manejo de la administración de los poderes públicos, asumió la representación de las provincias disconformes con tal estado de cosas y tomó las armas para revertir la situación.

A la cabeza del Regimiento de Coraceros, Lavalle recorre los cuarteles y logra que lo sigan casi la totalidad de los oficiales y tropa, muchos de ellos, veteranos de la guerra con el Brasil. Se dirige luego hacia la plaza de la Victoria y declara depuesto al gobernador Dorrego. El mismo día, la Asamblea Nacional Constituyente reunida en Santa Fé, lo nombró Gobernador interino de Buenos Aires, y fue ungido como tal, en la iglesia de San Roque.

En la obra “Apodos y denominativos en la Historia Argentina” de Cútolo-Ibarguren (h), Editorial Elche, Buenos Aires, 1974, página 126,  puede leerse al respecto:

“Lavalle es el que ha cargado con todo el peso de la pública execración por las desastrosas consecuencias del atentado”, discurre Tomás de Iriarte en sus “Memorias”, pero —agrega seguidamente— es injusto este fallo: Lavalle es partícipe sí; son fuertes los cargos que obran contra él,  pero es Agüero el primer responsable, como lo son de todos los trastornos y calamidades públicas que están haciendo retroceder el país, desde aquel día de escándalo. Los hombres que en la oscuridad y el misterio confeccionaron sus planes subversivos del orden público bien que en el momento de la explosión nadie los vio presentarse en la escena pública. Más innoble y criminal es todavía este rol,  porque es aleve y traidor, que el del jefe militar que se lanza en la palestra corriendo todo el riesgo de la resistencia, de un mal éxito que pagará con su cabeza: en esto al menos hay cierta nobleza, cierta abnegación de la personalidad, por más que los fines sean inicuos, y esto a la verdad, no todos los militares lo comprenden. Son los clérigos y los abogados, los diplomáticos y casacas negras, los hombres en fin que no exponen su pecho a las balas, y por servirme de un proverbio vulgar, los que sacan el arma con mano agena”, los que conocen bien las consecuencias que deben surgir. Los militares entre nosotros son generalmente hombres legos. Pero la multitud no ve sino con los ojos materiales, y les asigna, si no la acción exclusiva,  al menos, la parte más principal en los grandes sacudimientos políticos”.

4 Comentarios

  1. More

    Necesito Saber Lad Causas y Consecuencias De esto Cuales serían

    Responder
    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      More: Si lee detenidamente, especialmente el primer párrafo de nuestra información, comprenderá que ésta fue una revolución alentada por los unitarios, ante el avance logrado por los federales en la tarea que los hermanaba (aunque al mismo tiempo los enfrentaba ferozmente): lograr el poder. Las consecuencias fueron obviamente funestas para el país, porque luego de esta revolución, ambos partidos se enconaron más y permitieron que la patria viviera años de dolor y atraso.

      Responder
      1. Santiago

        Que comidas se elaboraban en 1800

        Responder
        1. Horacio (Publicaciones Autor)

          Señor Santiago: Para satisfacer su pedido ya he subido a nuestra página el tema “La comida criolla en el siglo XIX”. Espero que le sea de utilidad, Gracias por su colaboración.

          Responder

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.