RENDICIÓN DE LA VILLA DE TARIJA (15/04/1817)

Luego de una breve pero encarnizada lucha, el coronel GREGORIO ARÁOZ DE LAMADRID, logra tomar la villa de Tarija y hacer prisioneros a sus defensores que estaban al mando del comandante MATEO RAMÍREZ  El 14 de abril, después de una marcha tan sigilosa como rápida, llega a las puertas de la villa de Tarija, con ánimo de apoderarse de ella, el coronel don Gregorio Aráoz de Lamadrid. La llegada de las tropas argentinas sorprendió al jefe de la plaza, comandante MATEO RAMÍREZ, que, con un batallón de Cuzqueños la guarnecía. Ramírez intentó hacer una salida, pero, rechazado a cañonazos, se vió obligado a recluirse y atrincherarse dentro de la población. Lamadrid consiguió apoderarse del Morro, posición que domina la villa, y, una vez instalado en ella, intimó a Ramírez que se rindiera, intimación que contestó el jefe español, diciendo: que sólo se rendiría cuando no tuviera más que veinte hombres, y éstos, sin municiones.

El día siguiente, 15, vino, en socorro de la plaza, el que con el tiempo fue presidente de Bolivia, coronel ANDRÉS DE SANTA CRUZ, quien traía a sus ordenes 50 jinetes y otros tantos infantes. La Madrid, sin abandonar ni descuidar el asedio de la villa, batió completamente a la columna auxiliadora, matándole 50 soldados, y tomándole igual número de prisioneros. Intimidado por la derrota de Santa Cruz, el comandante Ramírez, olvidando sus jactanciosas palabras de la víspera, y sabiendo que habían sido interceptados los correos que, en solicitud de auxilio, había enviado a Cotagaita, Potosí y Cinti, al recibir la segunda intimación del coronel argentino, capituló sin exigir otras condiciones que los honores de guerra, garantías para los paisanos a quienes obligó a tomar las armas, y el uso de la espada para él y sus oficiales. Fruto de esta victoria fueron la rendición de 291 prisioneros y la entrega de 400 fusiles, 114 armar blancas, cajas de guerra, municiones y otros pertrechos militares. La columna argentina después de incorporar a sus filas 60 voluntarios tarijeños y 120 prisioneros del batallón Cuzqueño, emprendió operaciones sobre Potosí, dejando a Tarija bien guarnecida y encargado de su defensa a Uriondo, ex ayudante del caudillo Camargo.

La toma de Tarija produjo un doble efecto, pues, mientras fue para los americanos un motivo de júbilo que levantó su espíritu y les infundió nuevos bríos, sorprendió y llenó de alarma y confusión a los generales españoles que, abultando el número de los patriotas, creyeron que tenían a su frente un fuerte y poderoso ejército.

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