RECORRIENDO LA CIUDAD (1819)

CAMINATA POR LA VIEJA AVENIDA PUEYRREDÓN. Cuando recién comenzaba el siglo XIX, esta arteria ciudadana llevaba el nombre de Centro América. Frente a la plaza limitada por la calle Rivadavia, se alzaba la recova, que aún existe, superando así a su similar construida sobre el Paseo de Julio, como antes se denominaba a la continuación de Leandro N. Alem. La gente que frecuentaba los locales allí existentes era, en general, amiga de los “beberajes” fuertes y acudía en busca de las “vistas” que ofrecían unas “maquinas especiales”, con vistas audaces y provocativas, hasta obsenas, así como otras atracciones por el estilo. También en esa cuadra abrían sus puertas algunos “fondines” que vendían pescado frito a cinco centavos la porción. Junto a uno de los arcos de la recova se instalaba Don Pío con su carrito-cocina, cobrando diez centavos el “pan y chorizo”, pues todavía no se había inventado la palabra “choripán”. Además, destacaba en sus pregones que el cliente podía servirse “chimichurri” a voluntad, según lo que evoca Ricardo Llanes en su libro “Recuerdos de la ciudad porteña”.

En las primeras cuadras de Centro América (hoy Av. Pueyrredón) se trenzaron fuerzas de Santiago de Liniers, apoyadas por el paisanaje que Juan Martín de Pueyrredón trajo desde San Fernando para unirse en el enfrentamiento con los invasores británicos. Fue en ese lugar llamado “Los corrales de Miserere” (porque ocupaban parte de una quinta del señor Miserere y que hoy se llama “Plaza Once”), donde Liniers sufrió un traspié, ya que no consiguió detener a las tropas de Whitelocke, pero eso es otra historia que continuaremos cuando hablemos de la Reconquista. Volviendo a la historia de la Av. Pueyrredón, diremos que ya en 1857, el Ferrocarril del Norte partiendo de Retiro empalmaba con el del oeste, cuya estación se hallaba en la esquina de Ecuador y Piedad, llamándose ya “Once de Septiembre” a los corrales de Miserere.

Poco después, por la actual avenida Pueyrredón corría el tranvía de tracción a sangre, cuyos coches de pequeño tamaño lucían un llamativo color verde, como los futuros a motor de la compañía Lacroze. Seguimos salteando años y en 1904 nos encontramos con la casa donde vivía el coronel Ramón Falcón (tenía el número 286), el mismo que siendo Jefe de Policía fue asesinado por un terrorista llamado Simón Radowitzky. Al llegar a la esquina de la avenida Santa Fe nos encontrábamos en esos años con la carpa del circo de Los Anselmi, atracción insuperable para el mundo infantil, que entonces podía deleitarse con un espectáculo generador de sana alegría. Alrededor de 1909 el Cine Pueyrredón dedicaba sus funciones exclusivamente a personas mayores, mientras el Teatro Olimpo brindaba obras interpretadas por la compañía dirigida por la primera actriz Lina Estévez y el actor José Brieba siendo Arturo de Basi, el Director de la orquesta que les hacía marco.

La nota lamentable se produjo en el año 1904 cuando el globo tripulado por José Silimbani cayó en la azotea de la casa situada en la avenida Pueyrredón 1355, con fatal resultado para su conductor, sin que el accidente produjera otras víctimas. En contraposición, la nota alegre, en cambio, la daba el Café de Garibotto, en la esquina de San Luis, con la actuación de las más conocidas orquestas típicas ubicadas en un palco del salón. Cuando subía el maestro Juan Maglio (Pacho), su clamoroso éxito lo obligaba a intervenir al agente de policía “de la esquina”, infaltable entonces en la mayoría de ellas, para evitar que el público desbordara la acera y molestara la libre circulación de la calle. Lo mismo sucedía con Eduardo Arolas y otros grandes del tango, pero no sólo la música popular hallaba eco en el barrio, ya que en el número 1379, vivía el maestro Felipe Boero, autor de la famosa ópera El matrero, estrenada triunfalmente en el Teatro Colón para recorrer luego los más famosos escenarios del mundo (dixit Pablo Solari Parravicini).

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