MUJERES RECLUTAS

Los cuerpos de línea van recogiendo y llevando consigo en sus peregrinaciones a través de las provincias casi tantas mujeres como soldados. El Estado tolera hasta favorecer este hábito. A esas criaturas de tan buena voluntad les proporciona vituallas en los campamentos, caballos en caso de viaje, y se ocupa de la educación de sus hijos. No son mujeres de mala vida. Sus caprichos -quién no los tiene – son pocos y su desinteres absoluto. No tienen más que un marido a la vez. Por cierto que no es un marido de por vida. No por eso los miman menos , ni dejan de endulzarles los sinsabores de la vida de campaña, compartiéndolos con ellos. Se encargan de todas las menudas labores para las cuales el gaucho es inhábil.

Un regimiento sin mujeres sucumbe al aburrimiento. Las deserciones son entonces numerosas. Un jefe solícito se alarma cuando disminuye el personal femenino de su tropa, pues está pude desmoralizarse. Una vez incorporadas a los regimientos, estas reclutas con faldas se asimilan rápidamente a ellos, se aficionan a la vida de: cuartel y no la dejan ya. He- visto viejas desdentadas que, aunque parecían remontarse a las guerras de “la independencia”, seguían cabalgando a horcajadas detrás de una columna en marcha, y eran objeto de la misma deferencia, quizás más que sus compañeras jóvenes: eran las veteranas en el afecto de los soldados por las mujeres de la tropa.

Hay entre ellos y ellas tanta camaraderia como intenciones galantes. Fuera de las repetidas advertencias que reciben una que otra vez, merecidas a menudo, y que sólo turban de modo pasajero la armonia de las parejas, todos a menudo, se esfuerzan cordialmente por apartar de las mujeres las espinas más gordas del vivir militar. Para ellas es el último pedazo de pan, la última pipa, el mejor caballo. Hay que verlas, después de una de las raras visitas del comisario pagador, pasearse orgullosamente con sus adornos nuevos , ataviadas con un par de zapatos de raso azul claro, un vestido de seda verde y un gran pañuelo rojo o amarillo!. Les consta que honran a la bandera, y que sus personas representan todo el esplendor del batallón (ver Mujeres soldado).

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