Rayar

Una frenada violenta, brutal en muchos casos, hace que el caballo se detenga de golpe, inmovilizando sus patas delanteras y sentándose casi sobre sus jarretes o garrones traseros, hace que, por la fuerza del impulso, trace unos profundos surcos sobre la tierra. En la sentada súbita, sus vasos “rayan” la tierra, como si araran con una gruesa reja sin filo y sin puntas. Eso era “hacer rayar” al caballo, verdadera suerte ecuestre que no todos los jinetes se animaban a hacer, por los riesgos que corría su montado, posesión preciosa para el gaucho.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.