QUIÉN FUE EL DOCTOR VICENTE CASTAÑEDA? (06/05/1878)

La medalla estaba entre las manos del erudito Arnaldo Cunietti-Ferrando, quien leía y releía la inscripción hecha en una de sus caras: “Los vecinos de Belgrano al médico Vicente Castañeda. Gratitud a sus servicios. Mayo de 1878.” ¿Quien fue este médico? ¿Por qué le guardaban gratitud los vecinos del antiguo pueblo de Belgrano, hoy barrio porteño?. ¿Qué ocurrió en mayo de 1878? Aunque años atrás no se mencionaba al periodismo entre las fuentes de la historia, la curiosidad llevó al prestigioso medallista a las páginas de “La Nación” y de otros diarios de la época, como “El Nacional” y “La Tribuna”.

Los tres ofrecían amplia información de un trágico suceso ocurrido el 6 de mayo de 1878. Todo comenzó cuando Carlos S., su esposa, Teresa S., y los tres hijitos de ambos dejaron la Alemania nativa, para trasladarse a la Argentina. Junto con ellos también lo hizo Julio R. Meses más, meses menos. los cónyuges y él, bordeaban los veinticinco años de edad y ella entraba en el octavo mes de un nuevo embarazo. Llegados a Buenos Aires, el matrimonio y la prole se alojaron en el Hotel de Inmigrantes, Julio lo hizo en una casa de huéspedes. Teresa desapareció pocos días después, habiendo huir junto con Julio. Ambos habían salido de la ciudad y llegaron hasta el vecino pueblo de Belgrano, donde tomaron alojamiento en el hotel Watson, vecino a la Iglesia de la Inmaculada, aún no inaugurada y tras realizar una paciente búsqueda, Carlos descubrió el paradero de la pareja.

Acompañado por un empleado del Hotel de Inmigrantes, quien le servía de intérprete, el esposo abandonado llegó al hotel belgranense y sin hesitar, penetro en las habitaciones ocupadas por los amantes. En una de ellas estaba Teresa, a quien le exigió que retornará junto a él y a los hijos de ambos. La mujer pareció dispuesta a acceder y pasó a la pieza contigua para buscar su gorra. No bien lo hizo, se escucharon dos detonaciones: Julio era el autor de los disparos, uno dirigido a la cabeza de Teresa y el otro, a la propia. Carlos, el traductor y el señor Watson -el propietario del hotel que acudió prestamente- penetraron en la habitación y en ella vieron a Teresa y a su amado debatirse en plena agonía, que no se prolongaría por mucho tiempo. Alguien pensó en el niño que la mujer llevaba en sus entrañas, en ese vientre que aún dejaba percibir latidos. ¿Quién llamó al médico Vicente Castañeda? ¿Quién era éste? En verdad, no lo sabemos hasta ahora. Pero lo cierto es que el galeno, según dice una crónica periodística, “acometió con fe la noble empresa de arrancar esa víctima pura e inofensiva de las garras inexorables de la muerte. La madre lanzaba su postrer suspiro, después de una hora de la más desesperada agonía, al mismo tiempo que el facultativo dominaba victorioso su empresa humanitaria.

La madre ha muerto, su hijo ¡vive!. El pequeño ser, nacido a la manera de Julio César, recibió prontamente el bautismo por mano del párroco Benjamín Carranza, pero su vida no se prolongo por muchas horas. En el Libro de muertos del partido Belgrano sólo existe la licencia para enterrar a Teresa. Pero, tanto ella como su hijito y Julio fueron sepultados en el por entonces nuevo cementerio de Belgrano, sitio donde ahora está la plaza Marcos Sastre. Una carta de Teresa y un testamento de Julio permitieron co­nocer su decisión de quitarse la vida si eran hallados. Ella argüía que era preferible morir a vivir maltratada por Carlos. Julio afirmaba que no seguiría sufriendo esta vida penosa si su amada le era arrebatada. Esta historia redescubierta sirvió para saber por qué fue acuñada la enigmática medalla con la efigie de Castañeda, Mas queda algo por resolver: ¿quién era ese médico del que no hay recuerdo entre los belgranenses? Quizá lo identifique algún lector de estas páginas (Salvo el título, el resto es copia de un artículo firmado por Enrique Mario Mayochi).

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.