QUEMA DE INSTRUMENTOS DE TORTURA (25/05/1813)

En la Plaza Mayor de Buenos Aires, cumpliendo la perentoria orden de la Asamblea General Constituyente, fueron quemados los instrumentos de tortura que se hallaban depositados en los calabozos del Cabildo. “El hombre ha sido siempre el mayor enemigo de su especie, por un exceso de barbarie ha querido demostrar que podía ser tan cruel como insensible al grito de sus semejantes. El ha tenido a la vez la complacencia de inventar cadenas para ser esclavos, de erigir cadalsos para sacrificar víctimas y en fin, de calcular medios atroces para que la misma muerte fuese anhelada como el único recurso de algunos desgraciados…”. Así comenzaba el texto que la Asamblea había elaborado el día 20 de mayo y que terminaba con la prohibición del uso de instrumentos de tortura y la orden de quemarlos ante el pueblo. La tortura, trasladada desde España, había sido un método legal durante la colonia para obtener confesiones, castigar o intimidar al detenido y por simple sadismo del torturador. También había sido aplicado por los terratenientes en el interior del país donde la única ley era su voluntad. A mediados del siglo XVIII surgió en Europa un movimiento protagonizado por los pensadores de la Ilustración tendiente a prohibir la tortura.

Durante la ocupación de España por los franceses, las Cortes de Cádiz habían aprobado en 1811 por unanimidad, una constitución que abolía la tortura. Pero cuando Fernando VII regresó al poder anuló esa constitución y reimplantó el uso del tormento. Los miembros de la Asamblea conocían las ideas de la Ilustración y tenían el propósito de llevarlas a la práctica, pero ni la ley ni la quema de los instrumentos cambiaron las crueles prácticas. La tortura se siguió ejerciendo, fue uno de los rasgos más oprobiosos de la dictaduras que ejercieron su poder en diversos países del mundo y sigue presente en muchos casos de violencia policial.

 

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