PROHIBIDOS LOS FESTEJOS DEL CARNAVAL (22/2/1844)

En esos días, muchos clérigos, políticos, escritores, etc., se ocuparon en reiteradas ocasiones de “la vergonzante práctica del carnaval ” hasta que un decreto firmado por JUAN MANUEL DE ROSAS pone fin a “tan paganas, inmorales y descabelladas prácticas”. Fechado en San Benito de Palermo, el gobernador de Buenos Aires dictó un Decreto, refrendado por AGUSTÍN GARRIGÓS, cuyo artículo 1º ordenaba: “Queda abolido y prohibido para siempre el juego de Carnaval.” En el segundo, se avisaba que los contraventores sufrirían la pena de tres años destinados a los trabajos públicos del Estado y si eran empleados públicos, serían además “privados de sus empleos”.

En los considerandos se decía entre otras cosas, que semejante costumbre era “inconveniente a las habituales de un pueblo laborioso e ilustrado”. Algunos observadores de esa época, no estaban de acuerdo con la medida: entienden que es demasiado drástica. “El carnaval, opinan, pese a sus muchos excesos sirve de desahogo para ciertos sectores de la población. Es de temer, ahora, que al no poder liberar sus instintos utilicen esa energía en atropellos más graves. En todo caso, continúan los opinantes, debió haberse reglamentado e incluso limitado, pero nunca extirpado…”. El juego del Carnaval, por todos los tiempos, ha sido motivo de diversas sanciones o disposiciones. Por ejemplo, en el año 1880 (se publicó en el diario La Prensa, del 23 de febrero), hubo una muy singular: el asesor de la Municipalidad de Buenos Aires tuvo que resolver sobre la entrada de la gente de color a los locales de diversiones y bailes durante el carnaval de ese año y, “comprendiendo lo absurdo de esta medida”, despachó favorablemente la solicitud por la cual los negros habían reclamado por la diferencia que se les había querido imponer, impidiéndoles la entrada a los sitios de diversión.

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