PROHIBIDO JUGAR A LOS SOLDADOS (1806)

Entre las consecuencias de las invasiones inglesas se contabilizan no solamente los matrimonios celebrados entre británicos y porteñas, sino también un insólito y desconocido episodio. Ocurrió que los chicos de Buenos Aires, como todos los chicos del mundo y de todas las épocas, encontraron en la corta guerra que habían presenciado -y algunos protagonizado— una inesperada inspiración para sus juegos. “Querían imitar a los valientes que se habían jugado la vida para salvar la ciudad —cuenta Roberto H. Marfany, quien ha descubierto un curioso documento sobre el particular- y para que la imitación tuviera el mayor parecido con la realidad, se entablaron luchas entre los barrios con pólvora, balas, piedras y palos, quedando después de las batallas el consiguiente saldo de heridos y contusos”. Como era previsible, la autoridad tomó cartas en el asunto. “El juego de la Reconquista” —como se lo conocía— fue prohibido bajo multa de seis pesos “a los padres, amos, tutores o encargados”. Así se encargó de anunciarlo el escribano de Su Majestad con sonoros bandos, acompañado de la tropa, pífanos y tambores, por voz del pregonero.

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