PROHIBIDO BATIRSE A DUELO (30/11/1814)

El Director Supremo GERVASIO ANTONIO POSADAS firmó un Decreto ratificando la irremisible aplicación de la pena de muerte a quienes se desafiaban a un duelo o asistían a duelos en calidad de padrinos, considerándoselos a aquellos “como a verdaderos asesinos”, no obstante que un falso y criminal sentido del honor, se esfuerce en disculparlos.

La costumbre de dirimir cuestiones personales por medio de las armas tenía ya una larga y cuestionada tradición porque había sido traída por los conquistadores españoles, duchos en el arte de dirimir sus entuertos por las armas. Se dice que el primero en batirse a duelo en estas tierras fue el gobernador HERNANDARIAS, que en 1591 desafió en un jefe indio, lo venció y logró que su tribu se rindiera. Los duelos estaban rodeados de un ceremonioso ritual que incluía una larga jurisprudencia para reglamentarlos y la presencia ineludible de testigos y padrinos. Los intentos por prohibirlos se repitieron larga e inútilmente a través de la historia, pero un duelo trágico provocó esta nueva prohibición.

Después de sufrir varias derrotas en manos de los realistas, muchos patriotas chilenos se refugiaron en nuestro país. Entre ellos llegaron los generales JUAN MACKENA y LUIS CARRERA que estaban enfrentados por antigüos resentimientos. Un día Carrera le envió a su enemigo un mensaje que decía: “Usted ha ofendido el honor de mi familia con suposiciones falsas. Tendrá que retractarse públicamente y por las armas”. Y Mackena le contestó: “La verdad siempre he dicho y sostendré. Elija el día, lugar y hora y hágamelo saber con tiempo para preparar las armas”.

Se batieron el 21 de noviembre de 1814 a las doce de la noche, en el parque Lezama. Fue padrino de Carreras el almirante Brown y de Mackena, el comandante Vargas. En el silencio de la noche sonaron los disparos y lo único que cayó fue el sombrero de Carreras. Entonces tiraron nuevamente y esta vez una bala atravesó la garganta de Mackena. Años más tarde un pariente hizo enterrar sus restos en la iglesia de Santo Domingo. Pero a pesar de las disposiciones del gobierno los duelos se siguieron efectuando por muchos años y eran bien vistos por gran parte de la sociedad. El General SAN MARTÍN, por ejemplo, dispuso en el Código de honor de los Granaderos que un oficial podía ser expulsado del cuerpo por no aceptar un desafío. Y para ser más justos no conviene olvidar que la costumbre no fue privativa del “sexo fuerte”. En el siglo pasado algunas damas no vacilaron en empuñar la espada para saldar algún problemático entuerto, difícil de resolver por métodos menos agresivos (ver “Duelos y duelistas” ).

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