PROHIBIDO BAILAR FANDANGO (30/07/1743)

El “fandango” fue una antigua y tradicional danza (originariamente acompañada con cantos), que se transformó en una alocada fiesta, inmensamente popular durante el periodo colonial, especialmente entre las clases más bajas. El 30 de julio de 1743, el obispo de Buenos Aires, monseñor JUAN JOSÉ PERALTA, bajo pena de excomunión mayor, prohibió el baile llamado “fandango, danza de negros y de pobres”, por considerar que provocaba situaciones peligrosas. Un bando posterior condenaba a los bailarines de fandango a dos años de trabajos en las islas Malvinas si el acusado era español y a doscientos azotes si era mulato, mestizo o indio.

En 1748 ANTONIO DE ULLOA describió al fandango como algo que consistía primordialmente en una fiesta en la que abundante y desordenadamente se bebía vino y coñac y se realizaban indecentes y escandalosas danzas; en forma regular. La Iglesia siempre se opuso al fandango argumentando que se trataba de algo inmoral y durante los años inmediatamente anteriores al establecimiento del virreinato (1776), el gobernador JUAN JOSÉ DE VÉRTIZ y el re­formador obispo MANUEL ANTONIO DE LA TORRE tomaron parte en una seria controversia en razón de la autorización que el gobernador había concedido para la realización de una de estas fiestas.

A mediados del siglo XVIII, Buenos Aires era apenas un pueblo de calles polvorientas donde sus pobladores encontraban muy pocas variantes de entretenimiento. Las familias más acomodadas comenzaban a poner en práctica las tertulias, reuniones en las que se danzaba y escuchaba música. Para las clases bajas, el baile también era sinónimo de diversión: los pobres se juntaban para bailar una antigua danza llamada fandango y ese nombre pasó a denominar también las fiestas en las que además del baile corría abundante alcohol. La Iglesia se opuso al fandango por razones de moral, y la prohibición lanzada por el obispo fue avalada mediante un bando que decía:

“No se permitan fandangos que suelen formarse en casas que se alquilan par este fin por los arrabales de la ciudad, por resultar fatales consecuencias de heridas y muerte: pena, si fuese español, dos años a las obras del rey en Malvinas; y si negro, mulato, mestizo o indio, de doscientos azotes”. En 1783 se inauguró el Teatro de la Ranchería, un enorme galpón de madera y paja que fue el primer edificio de la ciudad destinado a representaciones teatrales. Como el teatro no alcanzaba a sostenerse económicamente, el virrey Vértiz resolvió alquilar la sala para la realización de bailes, levantando la prohibición que pesaba sobre el fandango. Las fiestas tuvieron mucho éxito pero volvieron a ser el blanco de algunos sectores del clero. Cuando se produjo un principio de incendio en el teatro, el cura de la iglesia de San Francisco lanzó un sermón en el que afirmaba que el fuego había sido enviado por el Señor contra los pecadores.

Pero pese a todo, recurrentemente, “el fandango” volvía por sus fueros, hasta que finalmente, la creciente violencia de que estallaba en los fandangos, dejando gran cantidad de contusos, heridos y aún muertos, obligo a que el virrey Vértiz los prohibiera definitivamente, casi al final de su mandato, a principios de 1784. Debido a la naturaleza violenta de esta danza, la palabra “fandango” ha llegado a aplicarse también a una situación o acontecimiento caracterizado por la gran confusión o desorden que genera.

1 Comentario

  1. Stella Adriana Juárez

    Muy buena crónica, excelente información.

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