PROCLAMACIÓN DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ (28/07/1821)

En la plaza principal de la ciudad de Lima, Perú, se juró solemnemente la Independencia. En la mañana de tan memorable día el general  JOSÉ DE SAN MARTÍN reunió en el palacio de los virreyes a los jefes de su estado mayor y desde allí se dirigió a la plaza principal. Precedía a este séquito una lujosa y numerosa comitiva. En medio de la plaza se había construido un gran tablado, al que se dirigió el general San Martín, y una vez en alto, el marqués de Montemira puso en su mano la bandera peruana que el Generalísimo creó en Pisco y recibiéndola, San Martín en medio de un alborozo delirante, la tremoló y pronunció estas palabras que, según un cronista, “permanecerán esculpidas en el corazón de todo peruano eternamente”: “Al fin, con paciencia y movimientos, hemos seducido a los enemigos a que abandonen la capital de los Pizarro. Al fin, nuestros desvelos han sido recompensados por los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sur. Desde este momento el Perú es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios de­fiende.

Batió luego por repetidas veces la bandera y mientras el símbolo de la nueva nacionalidad era sostenido por su fundador, el pueblo repetía: ¡ Viva la Patria, viva la libertad, viva la independencia! Por la noche se celebró tan magno acontecimiento con una recepción solemnísima en las salas capitulares del ayuntamiento, a la que asistió lo más calificado’ de Lima. Se bailó hasta altas horas de la noche, y por todas partes se dejaba ver el general San Martín afable y cautivante (ver “San Martín y la Independencia del Perú” ).

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