PRIMEROS COMERCIOS PORTEÑOS (1794)

Míster NIBLETT fue el primer inglés que estableció en Buenos Aires una tienda de ropa hecha. En los primeros tiempos de la colonia y también luego de nuestra Independencia, muchos ingleses hacían traer sus trajes hechos en Inglaterra, a pesar de que con los derechos de aduana y gastos de transporte les salían más caros que los que se hacían aquí. Entre los primeros sastres que abrieron tienda de alguna consideración en ese ramo, se recuerda que fueron COYLE, inglés, y luego el alemán MAYER y los franceses MOINE y HARDOIS. Una de las primeras relojerías de alguna calidad fué la de DIEGO HELSBY, que estaba al lado del café “Catalanes”.

Las sillas de montar se importaban en gran cantidad y sólo después de muchos años, empezaron a fabricarse en el país llegando a hacerse tan buenas como las inglesas. Míster PUDICOMB tuvo también en ésa época, en la esquina San Martín y La Piedad, donde hoy se encuentra una armería, una tienda de ropa hecha, confeccionada en Inglaterra, muy concurrida porque recibía gran cantidad de sombreros ingleses. Diego Hargreaves, si no fue el primero, si fue de los primeros en establecerse con una ferretería con todos sus ramos, incluyendo armas de fuego. Puede decirse que todas las ferreterías de antes y por mucho tiempo después de esa época, eran de españoles.

Monsieur VARANGOT, francés, víctima más tarde de Rosas, fué, quizás el primero que instaló una sombrerería muy moderna, fabricando un producto de calidad. La gran demanda de esta prenda, tanto de hombre como de mujer, muy usada en aquellos tiempos, justificó ampliamente la inversión y el esfuerzo realizado por este francés, ya que antes que él, nuestros sombreros eran de clase muy inferior. Por otra parte, como sus sombreros costaban entre siete y ocho pesos y los ingleses valían 10 o 12 pesos, pronto hizo fortuna, que como dijimos, lo hizo presa fácil de los inspectores de Rosas, que con multas y clausuras (evidentemente no le ponía la cinta federal a sus sombreros), lo llevó a la quiebra.

Luego hubo otro fabricante, también de origen francés, llamado CORNET, que tenía su fábrica inmediata a un molino de viento que existía en el barrio de Monserrat. Un polaco, cuyo nombre no ha quedado registrado: alto, delgado, derecho como un palo de escoba; hombre de pocas palabras, tuvo por muchos años un cuarto al lado del “Teatro Argentino”, en la calle Cangallo, donde vendía calzado extranjero, sombreros, guantes, medias, corbatas, etc.; una cierta especialidad muy difícil de conseguir en aquellos tiempos. Poco a poco, esta clase de establecimientos y otros en diversos ramos, fueron instalándose, hasta alcanzar el número y la calidad que hoy se le reconoce a esa actividad del quehacer nacional..

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