PRIMERA NEVADA SOBRE BUENOS AIRES (22/06/1918)

Por primera vez, cayó una firme nevada sobre la ciudad de Buenos Aires. La historia no registraba ninguna nevada anterior, desde cuando en 1580 la ciudad fue fundada por Juan de Garay, aunque en agosto de 1917 hubo una breve precipitación de nieve. Lo cierto es que el espectáculo de una verdadera nevada solamente se hizo presente el 22 de junio de 1918, cuando a las 15.30 un temporal que empezó con lluvia y viento del sudoeste se transformó en una auténtica caída de nieve.

Entre las 13 y 15 horas de ese día, el viento viró al sur y la temperatura bajó a los 3,5 grados sobre cero. De pronto, grandes copos de algodón, copos de azúcar (al parecer de algunos), se precipitan desde el cielo. En veinte minutos Buenos Aires es San Petersburgo o Nueva York, o París o cualquier otra ciudad del mundo. No una ciudad frente al río de la Plata. Pero es cierto. La ciudad parece una tarjeta postal navideña. Cosa de no creer, pero es cierto. Los copos se precipitaron con intensidad durante 45 minutos cubriendo con un manto blanco, al mejor estilo europeo, las calles y las plazas. Luego, paulatinamente, fue disminuyendo la intensidad de la nevada, pero la nieve siguió cayendo hasta la medianoche. Los porteños estaban tan sorprendidos y maravillados que por un tiempo se olvidaron de los vaivenes de la guerra mundial y los diarios se ocuparon prioritariamente del fenómeno meteorológico. Las Barracas de Belgrano, Palermo, la Recoleta y la totalidad de la Plaza de Mayo se cubrieron con una gruesa capa blanca y muchos aprovecharon la oportunidad para desatar batallas de bolas de nieve y armar muñecos como solamente se habían visto en las fotos de lejanos países. Hasta un escultor, llamado ZONZA BRIANO, levantó sorprendentes y efímeras tallas en los bosques de Palermo. Nadie quería dejar de ver este increíble espectáculo que ofrecía la naturaleza y semiderretida, en el hueco de las manos, la nieve llegó hasta el lecho de los enfermos, para que ellos también vivieran esa novedad. Nadie quería dejar de ver este milagro.

Milagro sí, pero efímero. Al anochecer, sólo quedaba un alboroto interminable. La nieve es sólo un recuerdo de barro y humedad en las calles. No será la única muerte que viva la ciudad: desaparecen dos figuras queridas: el poeta Guido Soano y el pintor EDUARDO SÍVORI. Pero no todo fue alegría: en la noche del 22 al 23 el frío se cobró muchas víctimas. Seis vagabundos murieron por congelamiento, entre ellos JOSÉ RUIZ MORENO, conocido como El Indio, cuyo cadáver fue encontrado por un perro. Otra víctima fue un pescador sorprendido por la nevada en medio del río. También se contó gran cantidad de heridos, a causa de resbalones y caídas, que sufrieron fracturas y luxaciones en las calles, convertidas en resbalosas pistas. Muchas líneas telefónicas quedaron cortadas, los tranvías de la compañía Anglo Argentina debieron suspender los servicios en algunas calles y las salidas de los trenes se retrasaron por la escasa visibilidad. En 1920 y 1921 se produjeron otras nevadas relámpago, pero ninguna comparable a ésta, “la gran nevada de 1918”.

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