PRIMERA FÁBRICA DE DULCES (29/09/1847)

Abrió sus puertas en Buenos Aires la primera fábrica de dulces del país, creada por CARLOS NOEL. Por aquellos tiempos, Buenos Aires era todavía una gran aldea y el país, casi un desierto, con apenas un millón y medio de habitantes. La industria criolla se reducía exclusivamente a la explotación de los saladeros y la producción agropecuaria parecía el único futuro. El escaso mercado interno no logró desanimar a Carlos Noel, un vasco nacido en Oyarsun que, vestido de frac, chaleco rojo y galera de felpa anunció a los vecinos la apertura de su empresa, ubicada en la esquina Europa (hoy Carlos Calvo) y Defensa. La fábrica, llamada “El Sol”, tenía escasa competencia, apenas se podría mencionar la “Confitería de los Suizos”, el primer comercio que vendió helados en la ciudad, y una chocolatería ubicada en la calle Esmeralda. La fábrica comenzó produciendo dulces de frutas, y allí trabajaban obreros españoles, expertos en los secretos de cocina de su país, y obreros criollos que se especializaban en la creación de pasteles y dulces autóctonos.

NOEL en persona inspeccionaba el proceso de fabricación y la compra de los ingredientes básicos como, limón, miel y algarroba, que adquiría en la feria a orillas del Riachuelo o cerca de la iglesia de San Telmo. Años más tarde, cuando sus productos ya se habían impuesto, se lanzó al cultivo de frutales para abastecer su producción. En los primeros tiempos, los dulces se vendían en puestos ubicados en la Recova y en los alrededores del Cabildo. La empresa tuvo enorme éxito y muy pronto, amplió su oferta agregando la fabricación de caramelos, yemas y mazapanes. Uno de sus principales clientes fue MANUELITA ROSAS, la hija del gobernador, que contaba con la dulzuras de “El Sol” cada vez que organizaba una fiesta.

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