PRIMERA CONSPIRACIÓN DE ÁLZAGA (01/01/1809)

En Buenos Aires fue descubierta una conspiración que había organizado el Alcalde de primer voto del Cabildo MARTÍN DE ÁLZAGA contra el virrey SANTIAGO DE LINIERS. Acostumbrado a ejercer el poder, Álzaga vivió como un agravio personal los cambios efectuados por los revolucionarios de 1810 y acompañado por otros españoles inició una conspiración que debía coincidir con el desembarco de un contingente de tropas realistas llegadas a Montevideo, para recuperar el control de estas colonias.

El Cabildo, que se solidarizó con este movimiento, contando con el apoyo de los cuerpos militares españoles, estuvo a punto de lograr la renuncia de Liniers, pero la imprevista oposición de CORNELIO DE SAAVEDRA, comandante del Regimiento Uno “Patricios”, que amenazó con ahogar en sangre este movimiento, disuadió a los revolucionarios de continuar con este intento.

Las posición de absoluta subordinación a la corona española de ÁLZAGA, virtual jefe de la aristocracia española residente en el virreinato que deseaba sostener los regímenes hasta entonces imperantes, se contraponía con las ideas de LINIERS, que como representante en cierto modo a un partido que podría llamarse “criollo”, integrado por los hijos de españoles nacidos en estas regiones y de los españoles nacidos en la Península pero que simpatizaban con las libertades que soñaban los criollos se condecían más con los deseos de independizar estos territorios de la autoridad española. En setiembre de 1808, las crecientes discrepancias entre el virrey y el Cabildo, es decir entre Liniers y Álzaga, como la voz cantante de este último, comenzaron a hacerse públicas. Los amigos del alcalde esgrimían las más variadas acusaciones contra el virrey: desde la dilapidación de las rentas públicas, provocada por una, según ellos, pésima gestión al punto de que las arcas reales estarían casi vacías, hasta su amistad con ANITA PERICHÓN, de quien se decía que manejaba todos los negocios de contrabando del Río de la Plata, sin olvidar que además, sería una agente de los servicios de informaciones británicos. Los alzaguistas planteaban también el peligro que representaba un virrey de origen francés en el ejerció de la autoridad y manifestaban la necesidad de constituír en Buenos Aires, una Junta como las que se han establecido en España desde que Fernando VII fue hecho prisionero por Napoleón. En octubre de ese año, pareció llegarse a un punto de máxima conflictibilidad v ya se hablaba públicamente de los regimientos que estarían comprometidos para voltear a Liniers. Nada pasó, sin embargo y a esta tranquilidad no sería ajeno el puntual pago de los haberes a jefes, oficiales y tropas que se realizó en los primeros días de ese mes. El momento más indicado para provocar el conflicto que debía culminar con el derrocamiento del virrey y su sustitución por una Junta que encabezaría Álzaga, se trasladó entonces al 1º de enero del año siguiente, fecha en que debía renovarse la integración del Cabildo. Los capitulares salientes habían preparado una lista de reemplazantes que Liniers rechazó por inaceptable, cuando se la presentaron y por otra parte, tres días antes, el Cabildo había debatido la situación legal del virrey, cuya hija se había desposado con un hermano de Anita Perichón, violando las leyes de Indias que prohibán el matrimonio de los parientes cercanos de los virreyes en el territorio, durante el tiempo de su mandato. Para esa fecha todo Buenos Aires era un hervidero de rumores y en la mayoría de las tertulias se daba por seguro que el nuevo año se iniciaría con una autoridad distinta a la que ejercía el héroe de la Reconquista. En la madrugada del 1º de enero de 1809, en los alrededores del Cabildo se pudo observar un espectáculo insólito: los regimientos de vizcaínos, catalanes y gallegos —todos adictos a Álzaga— rodearon la Plaza Mayor y cuando los Capitulares, severamente vestidos de negro, entraron al edificio, , ya estaba la Plaza casi colmada por un público que vociferaba contra Liniers y exigía a voces “Junta, como en España”. Las cosas, sin embargo no pasaron a mayores en ese momento. Los cabildantes realizaron la elección de sus sucesores y al mediodía, una delegación cruzó la Plaza y se dirigió al Fuerte para comunicarle a Liniers lo que habían resuelto. Recibidos por éste, en una atmósfera de grave tensión, se suscitó una conversación en términos muy duros. Sin embargo, contrariamente a los que se esperaba, el virrey no objetó la lista que le presentaban con los nombres de los nuevos cabildantes. La actitud de Liniers desconcertó a Álzaga y a sus acompañantes, pues con esta actitud, le arrebataban el pretexto de proseguir con las acciones y el enfrentamiento que tenían planeado. Sin poder sobreponerse a la sorpresa se retiraron y se dirigieron al Cabildo, donde hubo nerviosos conciliábulos entre Álzaga y sus amigos, mientras la multitud y los soldados congregados en la Plaza, mostraban su impaciencia, reclamando a gritos la deposición del virrey Liniers.

En esos momentos, el señor obispo de Buenos Aires, monseñor Lué, entró a la Plaza, intranquilo por las voces y comentarios que corrían por la ciudad, acerca de un inminente ataque contra el Fuerte y a los gritos se le pidió que fuera al Cabildo v que desde allí se les informara lo que estaba pasando. El obispo así lo hizo y se reunió a conferenciar con Álzaga. Minutos después, el prelado junto con Álzaga, el doctor Mariano Moreno y otras personalidades, se dirigíeron al Fuerte, sin detenerse ante los requerimientos de la multitud. Se precipitan los acontecimientos. A las 13,00 horas, Álzaga, Lué y sus acompañantes se presentan ante el virrev Liniers y éste los recibe al pie de una esca­lera, sin invitarlos a entrar. Se le intima a renunciar y Liniers, muy alterado, responde que morirá antes de aceptar que se instale una junta e los insta a retirarse. A las 13,15 horas, el Regimiento de Patricios, con Saavedra al frente, entra al Fuerte por el camino del río v ofrece al virrev su apovo, en momentos que estaba terminando la tormentosa entrevista de Liniers con los delegados del Cabildo. A las 14,00 horas: Los “alzaguistas” ya están de regreso en el Cabildo, mientras se desata un fuerte chubasco v los soldados v el público que estaba en la Plaza, abandonan el lugar, o se refugian bajo los arcos del Cabildo y la recova.

A las 14,30 horas, los Patricios se despliegan frente al Fuerte y montan sus cañones apuntando al Cabildo. A las 15,00 horas, el obispo Lué anuncia a los cabildantes que se retira a almorzar, pero le ruegan que insista ante Liniers para obtener su renuncia, misión que el obispo acepta, con la condición de que no se forme ninguna Junta. A las 16,00 horas, el obispo vuelve al Fuerte, bajo una lluvia torrencial y se entrevista a solas con el virrey . Luego regresa al Cabildo, donde informa que Liniers admite ser removido siempre que el mando pase al militar de mayor graduación en el virreinato (sería el brigadier Pascual Ruiz Huidobro). Los alzaguistas comprometidos en la conspiración aceptan, ya que el Brigadier forma parte del grupo. A las 17,00 horas, después de nuevas negociaciones, el Regimiento de Patricios desfila por la plaza para regresar a su cuartel, mientras los regimientos peninsulares le presentan armas. Se cita a los funcionarios de los organismos estatales para presenciar el acto de la renuncia del virrev y la toma de posesión de Ruiz Huidobro. A las 17,30 horas, convencidos del triunfo del gruopo alzaguista, los regimientos adictos se retiran a descansar. Entretanto, Saavedra recorre los cuarteles de las tropas neutrales para buscando apoyos para sostener la legalidad, amenazada por un grupo de españoles y criollos adictos al rey de España.

A las 18,00 horas, Liniers se reúne con los cabildantes, los oidores de la Audiencia y otros altos funcionarios y les confirma que delegará el mando en la persona que ostente el mayor grado militar. Se comienza a redactar el acta y mientras esto se está haciendo, a las 18,10 horas: Irrumpen en la reunión Cornelio Saavedra, Martín Rodríguez y otros jefes, con el sable en la mano y dando voces. Se interrumpe el acto y Saavedra manifiesta que las tropas no admiten la renuncia de Liniers. El obispo insiste que el pueblo quiere que Liniers se vaya y que el mismo virrey ha aceptado este temperamen­to. Saavedra desestima las razones del prelado v asegura que el pueblo quiere que Liniers siga en el mando. Y en un “impromptu” teatral, toma a Liniers del brazo y lo lleva al balcón del Fuerte. Bastó que apareciera la figura del héroe de la Reconquista para que una viva aclamación surgiera de los soldados allí apostados y de alguna gente de civil. Eran los Patricios que luego de que los regimientos peninsulares hubieron abandonado la Plaza, habían regresado y con ellos, otras unidades que permanecían leales a Liniers y gran parte de un pueblo, que empezaba a soñar con su independencia.

A las 18,30 horas, se disuelve la reunión en el Fuerte. Alzaga y sus compañeros quedan retenidos allí. Los Patricios permanecen en la plaza algunos minutos más y luego regresan a su cuartel, donde esa noche festejaron su triunfo. A las 22,00 horas, Alzaga y sus aliados son embarcados rumbo a Carmen de Patagones, donde deberán permanecer hasta nueva orden y tan sigiloso y rápido fue este traslado, que no se les permitió ir a sus casas y tuvieron que subir a bordo vestidos con los trajes de ceremonia y los tricornios que vistieron durante la jornada ..

Incognitas que dejaron estos sucesos: La conspiración, o más bien, el golpe de estado promovido por Álzaga fue finalmente frustrado, pero quedaron en el ánimo de los criollos, varias incógnitas pendientes. En primer lugar ¿qué conexión existía entre Álzaga y el virrey Elío, que obedeciendo órdenes de España, había instalado una Junta en Montevideo? ¿Cómo quedaban a partir de ese momento las relaciones entre ambas orillas del Plata?. Podrá resistirse por mucho tiempo más, el reclamo de formar una Junta como las que hay en España? Y de formarse ésta, será con o sin Liniers? Y qué tendencia tendrá? ¿Qué actitud adoptarán los partidarios (no escasos), que tiene aquí la Infanta Carlota Joaquina? Hasta esos momentos sólo quedaron instalados dos hechos concretos: En primer lugar, la afirmación de la autoridad de Liniers, que ha barrido con la oposición v hasta se ha dado el lujo de perdonar el destierro a alzaguistas notorios, como el doctor Mariano Moreno. En segundo lugar, la gravitación política que han adquirido las fuerzas armadas de Buenos Aires, principalmente el Regimiento de Patricios v su jefe, Comelio de Saavedra. Pero también es oportuno señalar que las causas profundas del movimiento del 1º de enero de 1809 subsistieron por mucho tiempo y lo que fue peor, se fueron agravando.

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