PRIMERA CENSURA AL PERIODISMO EN EL RIO DE LA PLATA (06/11/1800)

El 26 de octubre de 1800, el coronel y abogado español, residente en Buenos Aires, don FRANCISCO ANTONIO CABELLO Y MESA se dirigió al virrey del Río de la Plata, GABRIEL DE AVILÉS Y FIERRO, solicitando autorización para editar un periódico expresando entre entre otros argumentos que “… Establecido en Buenos Aires, mi periódico la despertará de su soporación, removerá sus genios sublimes, los hará diligentes benéficos y animosos”. Agregando “Escribiré sobre la historia y topografía de estas provincias, sobre virreyes y gobernadores y no habrá ciencia, arte y mecanismo de que no se hable en mi periódico”. Lejos estaba de pensar CABELLO Y MESA que el periódico que pensaba editar con el nombre de “Telégrafo Mercantil” sería el protagonista del primer acto de censura al periodismo que se produjo en el Río de la Plata

En efecto, el 6 de noviembre el mismo año, el virrey autorizó al periodista ANTONIO CABELLO Y MESA a editar por su cuenta ese periódico que soñaba tan abarcativo, diciendo en el Decreto que oficializaba la autorización: “ Se le autoriza a usted a publicar un periódico “…. con las precauciones correspondientes de guardar moderación, evitar toda sátira, no abusar de los conceptos y que antes de que se imprimiese, éste y demás papeles relativos, los revea y apruebe el señor regente de esta Real Audiencia y que el señor JOAQUÍN BERNARDO DE CAMPUZANO, a quienes esta superioridad nombra en calidad de revisores y censores de la obra”.

Finalmente, el 1º de abril de 1801 apareció su periódico. Era en realidad una especie de cuadernillo de 21×15 centímetros de 8 páginas, que aparecía los miércoles y sábados, salvo en su última etapa, cuando ya claudicante, aparecía sólo los domingos. El último número apareció 17 de octubre de 1802, luego de haber publicado 110 números, luchando permanentemente contra las autoridades virreinales que a toda costa querían imponer sus criterios acerca de qué y cómo debía publicarse. CABELLO Y MESA no era por cierto alguien que se destacara por sus habilidades periodísticas, pero tuvo la inteligencia de convocar para que escribieran en su periódico a numerosos personajes que sí lo eran: el dean GREGORIO FUNES, MANUEL BELGRANO, PEDRO ANTONIO CERVIÑO, JUAN JOSÉ CASTELLI, MANUEL MEDRANO, JOSÉ JOAQUÍN ARAUJO y DOMINGO DE AZCUÉNAGA fueron algunos de ellos y ellos fueron los que con sus escritos y su rechazo a la censura, sembraron los cimientos de la vocación independentista del periodismo argentino  (ver El Telégrafo Mercantil)

En el Telégrafo Mercantil, el poeta MANUEL LABARDÉN publicó su famosa “Oda al Paraná” y sus páginas fueron las que sirvieron para que el primer fabulista argentino, DOMINGO DE AZCUÉNAGA, publicara sus fábulas, entre las que se destacaron “El toro, el oso y el loro”, el “mono enfermo” y “El comerciante y la cotorra”. El periódico de CABELLO Y MESA también fue el primero en ocuparse de difundir información meteorológica, anunciando el clima que se esperaba sobre Buenos Aires y la salida y entrada de barcos del puerto. Fue el primero en dar noticias del exterior, el primero en publicar un aviso publicitario y hasta se dio el lujo de ser el vocero del primer invento argentino (ver “Primer invento argentino).

Pero en su edición número 110 en una de sus picantes editoriales se anímó a decir que “Buenos Aires era el mejor lugar para fomentar la haraganería y la ociosidad de las mujeres, amigas de la vagancia y el lujo” . Se refería así a que era tal la abundancia de mujeres,  que “sólo una treintena de ellas, son las que logran casarse dejando al resto en un forzado perpetuo celibato, o se corrompen”, pero algo de este comentario pareció herir la suceptibilidad del virrey DEL PINO, porque creyendo ser aludido alguien de su entorno, ordenó la inmediata clausura del Telégrafo Mercantil

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