PRIMER INTENTO DEL CRUCE DE LA CORDILLERA DE LOS ANDES POR SUS ALTAS CUMBRES (28/05/1919)

En el primer intento que se realizó para atravesar volando la cordillera de los Andes por sus altas cumbres, el teniente aviador Benjamín MATIENZO, nacido el 9 de abril de 1891 en Tucumán, piloteando un avión Nieuport 28 Le Rhone de 180 HP, con desperfectos en su máquina, se vio obligado a aterrizar en la Cordillera y murió congelado, al tratar de regresar a pie.

Eran los tiempos en que las proezas aéreas estaban de moda y los aviones, eran más un medio para vivir una aventura, que un medio de transporte. Para los pilotos argentinos, cruzar la Cordillera de los Andes por sus más altas cumbres, significaba un desafío tan fascinante como peligroso. A principios de 1919 el gobierno francés le regaló a la Argentina tres aviones de caza y rápidamente el capitán Pedro Zanni y los tenientes Antonio Parodi y Benjamín Matienzo, se ofrecieron para volarlos e intentar el soñado cruce de la Cordillera. Los aviones fueron llevados a Mendoza. Se probaron los motores en tierra, se ensayaron algunos vuelos por la zona y todo parecía perfecto y a punto para la gran aventura, por lo que se decidió que la travesía se realizaría el 28 de mayo de 1919. Poco antes de la partida, Matienzo le aseguró a un periodista “que o cruzaba la cordillera o moría en ella”.

A las seis de la mañana de ese día, con un cielo espléndido, sin viento ni nubes, los 3 aviones partieron con rumbo oeste. Poco después de despegar, encontraron un inesperado frente de tormenta. El viento comenzó a soplar con fuerza sobre las cumbres y Zanni y Parodi decidieron regresar al punto de partida en “Los Tamarindos”. Matienzo, tal vez atado a su promesa, continuó su viaje. La autonomía de vuelo de su avión, era de apenas 2 horas y pasado ese tiempo, sin haber tenido noticias de él, comenzó a pensarse lo peor. Durante todo ese día no se recibió ninguna noticia del viajero y miles de conjeturas y suposiciones comenzaron a correr, tanto en Mendoza como en Santiago de Chile. Quizás con la esperanza de un final feliz, se llegó a la conclusión que Matienzo se había visto obligado a un aterrizaje forzoso en algún punto de la Cordillera, por falta de combustible y que en cualquier momento aparecería..

Pero su ausencia y el misterio de lo sucedido, duraron seis meses. El 18 de noviembre de ese año, una patrulla de andinistas, logró encontrar y rescatar sus restos mortales. Estaban en el Valle de las Cuevas, en el límite internacional entre La Argentina y Chile. Había fallecido congelado, a sólo 70 metros de un refugio perfectamente equipado con víveres y leña. Sus restos fueron inhumados en su ciudad natal, luego de haberse extendido su partida de defunción, donde se asentó que había fallecido por hipotermia el 29 de mayo de 1919. Del avión nada se supo hasta 31 años después, cuando fue hallado a 4.000 metros de altura (lo que quedó de él, hoy se encuentra en el Museo Nacional de Aeronáutica de Buenos Aires). Se pudo comprobar que el aterrizaje había sido perfecto y que desde allí, Matienzo había caminado en busca de auxilio, llegando hasta el lugar donde fue encontrado. En 1959, el teniente Benjamín Matienzo fue declarado “Precursor y Benemérito de la Aeronáutica Argentina y segundo mártir del cruce de los Andes” (Ley 18559 – BAP 2100). Debido al empeño de un grupo de distinguidas señoras y señoritas pertenecientes a la sociedad mendocina, encabezadas por doña ELOÍSA GIGENA VIDELA Y DOÑA MARÍA SARA LUQUE CABRERA DE ARENAS, en la ciudad de Mendoza se levantó un monumento a su memoria.

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