PRIMER GLOBO AEROSTÁTICO QUE SE ELEVÓ EN EL PAÍS (00/05/1809)

El primer globo aerostático que se elevó en el país, fue el que se utilizó como ornamento, en 1809, durante los últimos tiempos del gobierno de SANTIAGO DE LINIERS. Un habitante de la época, que firma como “Un soldado”, escribió en su diario que en la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo) “se echó un globo aerostático grande”, según su propia ortografía. A partir de entonces, pasando por alto algunas experiencias protagonizadas por aeronautas extranjeros, habrá que esperar hasta 1907, para que con la llegada al país del globo “Pampero”, la aeronavegación nacional, comenzará a ser una realidad en nuestro cielo.

En junio de 1783 los MONTGOLFIER, dos hermanos franceses, hicieron elevar en París, por primera vez, un globo inflado con aire caliente, iniciando la historia del hombre en el espacio. Pocos meses después el físico francés JEAN FRANCOIS PILATRE DE ROZIER voló en un globo y se convirtió en el primer aeronauta de la historia. Desde entonces su aventura fue imitada por muchos aeronautas.

Primer vuelo en globo tripulado, que se realizó en Buenos Aires (19/10/1856). En Buenos Aires los vuelos comenzaron antes de la Revolución, con globos sin tripulantes. Como hemos consignado, se cree que el primer globo aerostático se elevó en mayo de 1809, en la plaza De la Victoria para sorpresa y diversión de la población. En la época de JUAN MANUEL DE ROSAS, se elevó otro “globo montgolfier” para los festejos del 25 de Mayo de 1834. Algunos afirman que este vuelo fue tripulado, aunque es poco probable. Los vuelos festejos, sin tripulantes, se multiplicaron hasta que el 19 de octubre de 1856 se realizó el primer viaje comprobado de un aeronauta. Se trataba del francés LARTET, del que solo se conoce el apellido.

También son escasos y contradictorios los datos sobre el lugar de partida de su aerostato. Algunos afirman que despegó desde unos terrenos próximos a la plaza Lorea, y otros, de una zona cercana al actual edificio del Congreso. Pero como en este lugar se levantaba un molino de viento, es muy difícil que el aeronauta se haya arriesgado a volar cerca de sus peligrosas aspas. Se sabe en cambio que Lartet realizó tres ascensiones, la primera el 19 de octubre y durante ese vuelo chocó con una casa y cayó sin mayores consecuencias. La segunda, el 30 del mismo mes y terminó cuando chocó con un molino, logrando saltar a una terraza. Y por último, Lartet se elevó el 16 de noviembre, pero volvió a chocar con una casa, terminando con varias costillas y una pierna fracturadas.

El globo “Pampero”. El 18 de diciembre de 1907, llega a Buenos Aires, procedente de Europa, AARÓN ANCHORENA un acaudalado hombre de negocios y deportista que mientras se desempeñaba como Secretario de la Embajada Argentina en París, había efectuado algunos vuelos en globo en Francia y trae consigo un globo aerostático de 1.200 metros cúbicos de capacidad, que bautizara “Pampero” y con el que luego se realizarán los primeros vuelos en la Argentina. Primera ascensión. Anchorena decidió hacer su primera ascensión en el país e invitó para ello al ingeniero electricista Jorge Newbery, primer Director de Alumbrado de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. El campo de la Sociedad Sportiva Argentina, lugar donde actualmente se encuentra el Campo Hípico Militar (Avenida del Libertador y Dorrego), donde también se jugaban los importantes partidos de fútbol de la época, era el escenario obligado para esa clase de pruebas. Allí se reunían los jóvenes que participaban en esa especie de conquista del aire que significaban los viajes en globo y de allí salían para realizar travesías, más o menos cortas, más o menos largas.

Lo importante era desafiar al aire v vencerlo con los elementos con que se contaba en la época. Y hasta allí se dirigieron los intrépidos aeronavegantes. El globo empezó a inflarse el 24 de diciembre con gas de alumbrado en la El aerostato y, por inconvenientes en la operación, recién estuvo listo el día siguiente. El 25 se elevó a las 12:45 horas ante la admiración y aplauso de las personas que asistían para ver volar a los primeros argentinos que lo hacían deportivamente. Después de cruzar el Río de la Plata hacia el cual lo impulsó el viento reinante, descendió en la estancia de Tomás Bell, a seis leguas de la costa de Colonia (República Oriental del Uruguay) a las 14:50 horas, luego de 2 horas 5 minutos de vuelo, alcanzando una altura máxima de 3.000 metros.

Esta feliz ascensión del “Pampero” –no sin la consiguiente preocupación del pueblo de Buenos Aires que no estuvo tranquilo hasta que supo que el estuario fue sobrevolado sin tropiezos– fijó el destino de la Aeronáutica Argentina. Jorge Newbery recibe su brevet de piloto. El 7 de febrero de 1908, el ingeniero JORGE NEWBERY obtiene su título de Piloto Aeronauta efectuando una ascensión aerostática de 7 hs. 30 minutos de duración, desde Palermo hasta a La Armonía, acompañado por el Mayor WALDINO CORREA, en el aeróstato “Pampero”. Último vuelo del “Pampero”.

En octubre de 1908 la audacia de los pioneros de los vuelos en globo, se convirtió en tragedia. El globo “Pampero”, piloteado por EDUARDO NEWBERY y EDUARDO MORENO, desapareció durante un vuelo, sin que jamás se volviera a tener noticias de ellos. Desde la Navidad de 1907 en que se elevó por primera vez en Buenos Aires, con Aarón Anchorena y Jorge Newbery como tripulantes, hasta su desaparición –17 de octubre de 1908–el “Pampero”, fue el único aerostato que tuvo el país y sobre su misterioso destino mucho se ha escrito y como jamás aparecieron sus restos, es lógico que de cuando en cuando –y esto viene ocurriendo desde 1908– surjan las más antojadizas suposiciones. En los nueve meses y medio que el hermoso esférico de 1.200 metros cúbicos de capacidad surcó los cielos de Buenos Aires realizando numerosos vuelos–inclusive cruzó el Río de la Plata en su vuelo inaugural– se formaron bajo su tela amarillenta varios pilotos aeronautas y entre todos, el que le iba a dar tintes legendarios: el doctor (odontólogo) Eduardo Newbery.

Entusiasmado por las ascensiones de Anchorena, de su hermano Jorge y del mayor Waldino Correa, que habían realizado unos meses antes, cumpliendo un “raid” que terminó en una estancia de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Newbery, flamante socio del Aero Club Argentino, quiso realizar una travesía nocturna de distancia, e invitó a su amigo, Tomás Owen, un destacado “yatchman”, para que lo acompañara, sin imaginar jamás que la aventura les costaría la vida. Todo comenzó en la mañana del 17 de octubre de 1908. Ese día, se escribió esta emocionante página de nuestra aeronavegación que se transformó en un luctuoso suceso que consternó a todo el país. Trasladados todos los protagonistas de este vuelo, junto con el “Pampero” y demás equipo que le era necesario, se instalaron en una quinta (aún existente), que pertenecía a Ernesto Torquinst, llamada “Villa Ombúes”, que se hallaba ubicada en la calle Las Cañitas, (más tarde Gutemberg y a parir de 1915, Luis María Campos), entre Olleros, Villanueva y Maure en el actual barrio de Belgrano.

Hasta el lugar también llegó el sargento Romero trayendo desde El Palomar una canasta con palomas mensajeras, que serían enviadas con informaciones y detalles del vuelo y el lugar donde el aeróstato descendiese al término del mismo. A las once de la mañana comenzó el inflado del globo, utilizando para ello gas de alumbrado, tarea que demandó varias horas. Ahora el cabezudo “Pampero” vuelve a inflar su inmensidad para volver a volar. Jorge Newbery mismo controla el estado del aeróstato. Prueba las cuerdas y las bolsas del lastre. Ha interrumpido una comida para despedir a su hermano. Por fin, cuando todo estaba listo, ante la demora en llegar de Owen, la partida se demoró. Cuando se tuvo la seguridad de que su acompañante no vendría, Newbery decidió realizar de todos modos el vuelo, para lo cual, invitó al sargento Eduardo Romero, que había llegado desde El Palomar, trayendo las palomas mensajeras que los acompañarían durante el vuelo. Cada vez más chico. Un juguete en la atmósfera que nadie sospecha, no se volverá a ver jamás. . Romero no se hizo repetir la invitación y como si la hubiera estado esperando, de un salto se instaló dentro de la barquilla, listo para la aventura.

Eran las 18 horas del 17 de octubre y el globo soltó amarras y comenzó su ascensión, ante las aclamaciones del público que despedía a los aeronautas con jubilosas expresiones de admiración y deseos de buen viaje. Pronto fue sólo un punto entre las nubes, mientras los vecinos de Palermo y Belgrano subidos a las azoteas de sus domicilios, saludaban a los viajeros, sin sospechar que ésa era la despedida definitiva. El globo se fue elevando hasta que se perdió de vista. Al principio el aeróstato fue volando a baja altura, casi a ras de los techos. Por esa época la zona del barrio de Belgrano estaba poblada de quintas y con el tranvía a caballo marchando al trotecito cansado hasta la estación ferroviaria de su mismo nombre. Los Newbery eran muy conocidos en la zona por vivir en una quinta de la calle Ituzaingó, después Moldes, al 2300. Jorge Newbery dijo después que con una bocina usada en los automóviles de entonces, Eduardo Newbery, mientras anochecía, iba asombrando a los pobladores del pintoresco barrio, que oían bocinazos provenientes del cielo.

Así fueron sucediendo las cosas mientras el globo ascendía y se desplazaba lentamente en dirección al Oeste. Fue visto sucesivamente –y está documentado tal pasaje– por el pueblo, ahora ciudad, de San Martín (provincia de Buenos Aires) y Moreno. Las luces eléctricas o de gas de neón del Gran Buenos Aires actual, no existían en 1908. El barrio de Belgrano y los que iba sobrevolando el “Pampero” en dirección al Oeste estaban iluminados, en lo mejor de los casos, con faroles de kerosene. Después, el campo oscuro, ahí no más de esos suburbios y al pasar la actual avenida General Paz, salvo cuando podían verse a la distancia pequeñas luces de pueblos que dormían. Dejando atrás tales luces el esférico fue desplazándose hacia el Sur. “Parece ser que en Las Flores (provincia de Buenos Aires) el globo tocó tierra”, perdiendo un salvavidas encontrado más tarde en el campo.

Luego, la espera, la interminable espera, que, con el correr de las horas, se fue haciendo angustiosa. Y llegó la noche sin que se volvieran a tener noticias del “Pampero”. Ninguna de las palomas que Newbery había llevado regresó con el mensaje esperado. Ni una sola noticia. Ni esa noche ni en los días sucesivos. Nada; nunca más se volvió a saber nada del “Pampero” desde aquella tarde. Toda la población de Buenos Aires, y de todo el país, vivió horas angustiosas por la suerte de Newbery y Romero. Pero los días transcurrieron sin que llegara la noticia esperada. y a medida que pasaba el tiempo, se desgrana la suerte y se confirma su desaparición. Sólo rumores. Alguien dijo que se le había avistado frente a las costas del Brasil, por lo que se supuso que había caído al mar. Algún tiempo después se dijo que cerca de Montevideo se habían hallado restos del globo. Pero, en concreto, nada.

Lo único real, lo único trágico, es que el “Pampero” no volvió y que tampoco regresaron sus tripulantes. Después comenzaron a tejerse toda clase de relatos novelescos. Hubo muchos que escribieron sobre la probable suerte del Pampero y se hicieron eco de rumores, que no tenían fundamento alguno. Y pasaron los años sin que el misterio pudiera develarse. Desde entonces el nombre del “Pampero” y los de sus dos tripulantes quedaron como símbolo de la lucha del hombre por ía conquista del aire, en 1a que luego habrían de ir cayendo muchos otros mártires de la aviación. Un misterio aún no develado rodea la desaparición del “Pampero” y sus dos tripulantes Newbwery y Romero. Pero fría y razonadamente analizado, el hecho no debe dar más asidero a dudas o a especulaciones sin fundamento. Es indudable que en la noche del 17/18 de octubre y en plena oscuridad, corrientes aéreas de otro cuadrante, lo fueron arrastrando francamente con rumbo al Este, sacándolo mar afuera por la zona de la Bahía de Samborombón, teoría que queda confirmada por dos ascensiones hechas en años siguientes con otros dos globos y otros tripulantes, entre los cuales se encontraban, respectivamente, el propio instructor de vuelo en aeróstatos del Aero Club Argentino, Ernani Mazzoleni, y varios aeronautas oficiales de nuestro Ejército. En esas circunstancias los protagonistas tuvieron que descender en forma precipitada y brusca, de noche o al amanecer, ya sobre o próximo a las playas del Océano Atlántico y por esas mismas latitudes.

Puede darse casi por seguro que sus esforzados tripulantes –Eduardo Newbery y Eduardo Romero– se encontraron al amanecer del día 18 bien adentro del océano, sin posibilidades algunas de maniobrar para el retorno a tierra. El 19 de noviembre de 1908, es decir a un mes de la desaparición del globo, Jorge Newbery envió una larga carta a su amigo Anchorena, donde abundaba en detalles sobre la tragedia y entre otras cosas, admitía en ella que el “Pampero” habría caído probablemente en el mar a 300 kilómetros de la costa. La desaparición del primer globo deportivo que tuvo el Aero Club Argentino causó una profunda impresión en el país. Se alejaron muchos socios del club.

Solamente pudo agruparlos, poco después, la fuerte personalidad de Jorge Newbery, ayu­dado por otros caballeros y con el concurso del ingeniero Horacio Anasagasti, quien hizo traer de Europa el globo “Patriota”. Más tarde llegaron más esféricos, construyéndose inclusive algunos en la Argentina. Fueron vistos a diario por los cielos de nuestra patria hasta el año 1919, en que las prácticas aerostáticas se fueron abandonando hasta caer en desuso. 18 de abril de 1909. En compañía del ingeniero HORACIO ANASAGASTI, el ingeniero JORGE NEWBERY realizó un vuelo a bordo del globo “Patriota”, propiedad del primero Primer gran raid de la aeronáutica nacional. El 27 de diciembre de 1909, Jorge Newbery realiza el primer gran raid de la aeronáutica nacional. Jorge Newbery era al mismo tiempo un deportista excepcional y un apasionado de la aventura. Para entonces, había sido campeón nacional de florete, había-batido el récord de permanencia bajo el agua y el récord de velocidad como tripulante de una nave. Era campeón sudamericano de lucha grecorro- romana, excelente boxeador, el mejor jugador de rugby del año 1906, campeón de atletismo y de automovilismo. A sus amigos les decía que “sólo le faltaba vencer al espacio.

A mediados del siglo XIX llegaron al país, los primeros globos aerostáticos y se realizaron con ellos, los primeros vuelos tripulados por argentinos. Estas experiencias, cubrieron cada vez espacios más largos y duraron más tiempo, hasta que en 1908 se produjo el primer accidente en el que murió Eduardo, hermano de Jorge Newbery, durante un vuelo que realizaba a bordo del globo “Pampero”. A pesar de la tragedia, Jorge siguió con los ascensos en globo y a fines de 1909, decidió realizar un vuelo muy prolongado, tratando de batir la marca existente y para ello utilizó el globo “Huracán”, que había sido comprado en Francia.

A las once de la noche del 27 de diciembre de 1909 partió sin acompañante desde la quinta “Villa Ombúes que pertenecía a Ernesto Torquinst ubicada en terrenos que hoy ocupan el barrio de Belgrano Cruzó el Río de la Plata y todo el territorio del Uruguay, volando a una altura máxima de 3.000 metros y después de recorrer 541 kilómetros en línea recta, descendió en la localidad de Bagué, al sur de Brasil. Había conquistado el récord sudamericanos de distancia y permanencia en el aire y así se ubicaba entre los primeros pilotos del mundo. Pero para los habitantes de Bagué, tanto la nave como el piloto, eran una especia de milagro o brujería. Nunca habían visto un globo aerostático ni tenían noticias de su existencia. Así que al bajar, todos lo rodearon asombrados hasta que al lugar llegó la policía y se llevó preso a Newbery. Con mucha paciencia debió dar todo tipo de explicaciones “sobre su extraña aparición” y hasta tuvo que permitir que revisaran los instrumentos de la nave y el contenido de la barquilla., logrando convencerlos por fin de que con “ese infernal aparato” no constituía ningún peligro, Lo dejaron en libertad y entonces pudo regresar a Buenos Aires con su globo bien acondicionado y feliz con la aventura que había vivido. Un vuelo de 12 horas.

El 7 de enero de 1911 el ingeniero JORGE NEWBERY, acompañado del Ingeniero FRANK LAVALLE COBO, efectúa en el aeróstato “Eduardo Newbery”, una ascensión de 12 horas de duración, uniendo Buenos Aires con Macía en la provincia de Entre Rios. Marca sudamericana de altura en globo. El penúltimo vuelo de Jorge Newbery en aeróstato fue dramático. Lo realizó el 5 de noviembre de 1912, en el globo “Buenos Aires” y permaneció en el aire durante 4 horas y 10 minutos. Lo hace acompañado por el teniente de navío Melchor Escola y el teniente 1º Raúl Goubat, sus alumnos del primer curso de la flamante Escuela de Aviación Militar, recién inaugurada por su iniciativa y la de otros caballeros militares y civiles, en El Palomar. El globo se levantó de la usina de Belgrano, en el norte de la Capital, muy cerca de donde había sido su domicilio hasta que en 1910, luego de pasar por Long Champs y Villa Lugano, se asienta en El Palomar, que es donde comienza a desarrollar su pasión por los vuelos. A las 10 de la mañana de ese día, el esférico suelta amarras y a poco de liberarse, inconvenientes en el ascenso, obligan a que se arrojen las tres cuartas partes del lastre que llevaba.

El globo sube hasta alcanzar 1.700 metros, pero un viento desapacible lo tira hacia el río. Newbery indica a sus alumnos que preparen los salvavidas. pero consternados, advierten que el encargado de colocarlos en la barquilla –como era de práctica hacerlo cuando las ascensiones se realizaban junto al mar o a un estuario como el del Plata– los había olvidado. De común acuerdo, sueltan para el olvidadizo una paloma con el siguiente mensaje: “Nos internamos en el río sin salvavidas. Lo felicitamos. Newbery, Goubat y Escola…”. Newbery, como jefe de la tripulación decide navegar a “guide rope”, esperando que un barco los recoja. No puede maniobrar casi sin lastre. Abre y cierra la válvula de escape. El globo baja y la barquilla de mimbre choca contra el agua. Se arrastra y empieza a sumergirse. Los tres tripulantes se cuelgan del aro de unión entre el globo y la canasta. Ni un solo buque o bote a la vista. A lo lejos divisan la aguja de la torre de la iglesia de San Isidro. Así transcurre más de media hora en que el balón se arrastra penosamente por el río. Arrojan todo afuera: ropas, sacos de lastre, víveres e instrumental, menos el altímetro que el teniente Goubat se cuelga al cuello. A poco el sol que aparece por un claro de una capa de nubes, hace dilatar el gas del globo. Éste empieza a levantarse rápidamente. Mil metros. Poco después Goubat anuncia 2.400. Arriba del manto de nubes y sin brújula, navegan desorientados. Aparece un claro y ven que siguen sobre el río. 3.500 metros: Newbery h a batido su propio “récord” anterior. 4.000 metros y 10º bajo cero. Con la ropa mojada y a esa temperatura, sufren terriblemente el frío.

A las 12.30 horas, el “statoscope” señala 5.000 metros. Es el “récord” del piloto francés Garrós logrado en avión el 6 de setiembre de ese año 1912. Sin lastre, sin oxígeno, ¿hasta cuándo subirán?… Dieciséis grados bajo cero. Escarchilla sobre sus ropas mojadas. Goubat grita 5.100 metros!!. Es la marca sudamericana de altura en globo. Empiezan a sentir la rarificación del aire. De seguir ascendiendo sin oxígeno, vendría la muerte a breve plazo para los tres esforzados aeronautas. De repente Goubat dice: ¡Descendemos!… Se abrazan, se transmiten calor y Escola, como buen marino que era o imitando el famoso grito de Rodrigo de Triana, lanza el clásico ¡Tierra!… Pero sólo es la costa. ¡No es un buque que debe atracar el que tripulan!. Deben adentrarse en tierra, si no, acuatizarán en vez de aterrizar. A 80 metros de altura Newbery desgarra el globo. Chocan con el agua un poco adentro de la orilla y el canastazo es violento. La barquilla se sumerge, pero la costa está próxima. Están casi a punto de ahogarse, pero al final hacen pie en tierra. El esférico amenaza perderse. Hay que salvarlo. Con la ayuda de un paisano que se acercó curioso al lugar, lo arrastran a la orilla con una canoa.

El “raid” terminó cerca de Ensenada, por el Sur. A medianoche, Newbery, Escola y Goubat, llegan en tren a Constitución en mangas de camisa, llenos de barro. La gente los mira asombrada, sin saber aún que esos tres “desaliñados personajes” han batido la marca sudamericana de vuelo en globo Muerte de Jorge Newbery. El 1º de marzo de 1914, mientras se realizaba un vuelo de prueba, con vistas a su intento de atravesar los Andes en globo, Jorge NEWBERY fallece en Los Tamarindos (Mendoza). 24 de junio de 1916, Travesía de la Cordillera de los Andes en globo.

Desde el 1º de marzo de 1914, fecha en la que Jorge Newbwry falleciera en un accidente aéreo en Mendoza, mientras se hallaba en esa provincia realizando reconocimientos con vistas al cruce de la Cordillera de los Andes, por la ruta de las altas cumbres, la empresa seguía en pie. Los aeronautas, Eduardo Bradley y capitán Ángel María Zuloaga, que habían realizado en 1915 excelentes vuelos en globo, decidieron intentar el cruce de los Andes en globo desde Santiago de Chile a Mendoza y lo proyectaron en tal sentido, de Oeste a Este, porque los vientos predominantes en alturas superiores a los 7.000 metros que necesitaban para trasponer las altas cumbres de los Andes, soplaban generalmente del cuadrante del Oeste, es decir, desde Chile hacia la Argentina. Se trasladaron a Chile en tren, llevando dos globos: el “Eduardo Newbery”, de 2.200 m3 de capacidad, bautizado así en homenaje al aeronauta desaparecido el 17 de octubre de 1908 con el globo “Pampero”, y el “Teniente Origone”, de 1.200, nombrado así en memoria del primer aviador argentino que perdió la vida durante la carrera aérea a Mar del Plata que se realizara el 19 de enero de 1913.

Los aeronautas Zuloaga y Bradley hicieron, a manera de ensayo y preparación, varias ascensiones- unas más exitosas que otras, pero no soplaba el viento propicio que los llevase hacia el Este (es decir hacia la Argentina), en la altura que requería el cruce de la cordillera, objetivo que además le sería difícil lograr, debido a la mala calidad del gas que disponían, que no les garantizaba el suficiente poder ascensional. Pasaron así varios días, hasta que el 24 de junio de 1916, a las 8.30 el globo “Eduardo Newbery” —esta vez inflado con buen gas, mitad hidrógeno y mitad gas de alumbrado— soltó amarras y rápidamente comenzó a tomar altura. Pronto llegó a los 8.000 metros y comenzó a ser decididamente desplazado hacia el Este. Por exigencias del vuelo, los aeronautas tuvieron que arrojar al vacío todo el lastre, víveres y armas, y quedarse solamente con sus ropas, las máscaras de oxígeno y el barógrafo sellado fiscalizador de la prueba que iba suspendido sobre sus cabezas, en el aro del globo. Después de 3 horas y 30 minutos de vuelo y de haber sufrido en la barquilla abierta de mimbre que los transportaba, los rigores de temperaturas extremas que llegaban a los 33º bajo cero (ésta se conserva en el Museo Nacional de Aeronáutica), aterrizaron en el valle del río Uspallata, en la provincia de Mendoza, milagrosamente al borde de un precipicio. La hazaña de Zuloaga y Bradley fue festejada como una proeza de jerarquía mundial, pues el cruce en globo por entre el Aconcagua y el Tupungato había sido realizado a alturas superiores a la de estos picos.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.