PRIMER ESCUDO DEFINITIVO QUE TUVO LA CIUDAD DE BUENOS AIRES (03/12/1923)

El 3 de diciembre de 1923, la ciudad de Buenos Aires tuvo por fin su escudo después de muchos años de modificaciones. La ordenanza que estableció su diseño determinó estas características: forma elíptica que contiene una paloma vista de frente con las alas extendidas, un ancla medio sumergida que sobresale de la superficie rizada del río. Más abajo, dos barcos, uno de ellos, carabela y el otro, bergantín del siglo XVI, vistos los dos del costado de babor. Claro que éste no fue el primer escudo que tuvo Buenos Aires. Pocos días después de que JUAN DE GARAY fundó por segunda vez la ciudad, el 11 de junio de 1580, decidió que no podía faltarle un escudo. En el Cabildo se propuso que sus características fueran un águila negra, con una corona en la cabeza y cuatro hijos o aguiluchos que simbolizaban los pueblos fundados o por fundar en la región.

En este escudo no aparecían todavía los símbolos relacionados con el río que hasta pasado el 1600 era considerado mar por los porteños, y tenía entonces una importancia trascendental para el desarrollo comercial y las comunicaciones de la ciudad. Aunque el Consejo de Indias aprobó ese proyecto, el escudo de Garay nunca llegó a utilizarse ni se ha encontrado ningún documento donde figure. En 1649 el gobernador LARIZ hizo una nueva propuesta con los siguientes atributos: la paloma del Espíritu Santo, la superficie del río con aguas rizadas, el ancla y alrededor el nombre de la ciudad. Tampoco este escudo tuvo suerte, porque al poco tiempo se le hicieron modificaciones. Para 1716 comienzan a aparecer las dos naves y en 1747 se las incorporó definitivamente, pero cambiándolas de lugar. En 1856 la municipalidad aprobó un escudo presentado por la Comisión de Educación que, continuando con lo que ya era tradición, tenía los dos barcos, la paloma y el ancla. Y por fin, la ordenanza de 1923 fijó el escudo de la ciudad sobre el de 1856, con ligeras modificaciones (ver “Escudos y medallas de la ciudad de Buenos Aires” en Crónicas).

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