PRIMER CRUCE DE LA CORDILLERA DE LOS ANDES EN AVIÓN (13/04/1918)

LUIS CENOBIO CANDELARIA LOGRA REALIZAR EL PRIMER CRUCE DE LA CORDILLERA DE LOS ANDES EN AVIÓN. El teniente LUIS CENOBI0 CANDELARIA, era un joven oficial aviador de 26 años, nacido en Buenos Aires. Hizo estudios de diversa índole en la zona de Neuquén y allí comenzó su sueño de cruzar la Cordillera de los Andes en avión. Se radicó en Buenos Aires e ingresó en la Escuela de Aviación Militar, donde recibió su diploma de piloto aviador militar.

En 1915, las damas mendocinas le regalaron a dicha Escuela un avión “Morane Saulnier” Parasol de 80 HP y desde entonces, Candelaria se dedicó por completo a restaurarlo. Era un monoplano que pesaba menos de 300 kilogramos, tenía una autonomía de vuelo de tres horas y estaba construido de madera, revestida con tela de lino. Tenía roturas en el fuselaje, serios daños en el motor y carecía de hélice. Su único instrumento indicaba los niveles de nafta y aceite, Con la ayuda de un mecánico, Candelaria puso el avión en perfectas condiciones. Su motor fue montado con partes que tuvo originariamente dicha máquina y con otras del “Morane” de Jorge Newbery.

En marzo de 1918, próxima ya la fecha conmemorativa de la batalla de Maipú, pidió a las autoridades que lo dejaran participar con la aeronave, en los festejos de los cien años de dicha batalla, pero no se le concedió el permiso solicitado. Se trasladó entonces en tren a Zapala (Neuquén), con el propósito de realizar reconocimientos en esa zona, para cumplir con su sueño. El cruce de la Cordillera en su avión, ya era una obsesión y el 13 de abril de 1918, pudo finalmente concretar su sueño. Ese día, iniciando su aventura, despegó a las 3 de la tarde, alcanzando en poco tiempo una altura de 2.000 metros. Siguió subiendo y llegando a los 2.900 metros, ya le fue posible superar el obstáculo que ofrecía la cadena de Chachil. Psada ésta, vio que a su frente se extendía el Lago Aluminé y a lo lejos, la Cordillera del Arco de por medio y el Lago Hueyeltué, ya en territorio chileno.

Como el avión no tenía protección alguna para el piloto, debió soportar durante toda la travesía, las molestias de un terrible viento y de las bajísimas temperaturas Siendo las cuatro y veintisiete de la tarde, volando la cota de los 3.000 metros, cruzó el límite internacional, dando por cumplida así su ansiada meta, habiendo recorrido una distancia de 230 kilómetros en 2 horas y 30 minutos de vuelo y alcanzando una altura máxima de 4.100 metros.. Siguió su viaje, sobrevolando la Laguna Quiloló (en Chile) y empezó a reducir el motor y a “picar” la máquina, para finalmente cortar contacto y en planeo, buscar un campo de aterrizaje.

A las 6 de la tarde y en medio de una densa neblina, aterrizó en una zona agrícola. El terreno era malo y al tocar tierra, chocó contra unos alambres y el avión dio una vuelta entera. Cabeza abajo y suspendido por los correajes, tocó el suelo con las manos antes que con los pies. Pronto se juntaron a su alrededor algunos pobladores a quienes les preguntó dónde se encontraba. “En Cunco, Chile” le contestaron y así supo que había logrado su objetivo. Se había vencido nuevamente la cordillera —ahora en avión, aunque no por las más altas cumbres— y nuevamente por obra del coraje de un argentino. Un trozo de la hélice del “Morane” máquina con la que este joven oficial concretara su soñado cruce de la Cordillera,  se encuentra en el Museo Nacional de Aeronáutica. A su regreso a Buenos Aires, fue recibido como un héroe; sin embargo, rápidamente su nombre cayó en el olvido. Sufrió un accidente que le provocó graves trastornos y desde entonces se dedicó a la pintura. Murió en 1963 en la provincia de Tucumán y sus restos fueron trasladados a la ciudad de Zapala.

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