EL PRIMER CARTERO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES (14/09/1771)

BRUNO RAMÍREZ, EL PRIMER CARTERO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. En las inmensas y salvajes tierras de la colonia del Río de la Plata, las comunicaciones no eran nada fáciles. La ausencia de caminos y medios de transporte y la amenaza permanente de los indios convertían a cada poblado en una isla. La ciudad de Buenos Aires era apenas una aldea, pero su reducido tamaño tampoco la ponía a salvo de los dramas de la incomunicación y las cartas se acumulaban porque no había despacho a domicilio ni manera de que el destinatario se enterara de que lo esperaba una carta. Hasta que en 1767, cuando  llegó a Buenos Aires el primer navío correo, el español DOMINGO BASAVILBASO, fue nombrado Administrador de los Correos Terrestres y Marítimos, “para mejor servicio del rey” y el Correo de Buenos Aires, comenzó a funcionar en su casa de la calle Perú.

Don Domingo era un comerciante emprendedor y afortunado. Poseía en la calle Perú, entre Alsina y Moreno, una de las pocas casas de dos pisos de la ciudad, con un mirador de vidrios de colores, un aljibe, caballerizas, cocheras y depósitos, todos lujos extraordinarios que asombraban a la gente. Ese fue el primer edificio en que funcionó el correo de Buenos Aires y a partir de entonces, tres veces por año al principio y seis veces más larde, salía de Buenos Aires un hombre a caballo hacia Chile, otro hacia el Perú y poco después, otro hacia el Paraguay.

Llevaban la correspondencia en una maleta de cuero, y en puntos determinados de antemano, la entregaba a otro “correísta” (así era como los llamaban a los antepasados del cartero)). En el camino, cerca de los fortines, en cuanto era posible, fueron estableciéndose casas llamadas postas”, cuyo encargado, o maestro, proporcionaba nuevas cabalgaduras al correísta. En los meses de invierno, el camino de la Cordillera, en que se encontraban algunas casuchas con leña y comestibles, tenía que franquearse a pie, con los retrasos y peligros que se puede uno imaginar. Las tarifas del correo para las cartas variaban según el peso, como hoy, aunque eran mucho más elevadas. El correísta llevaba también dinero, pero en un principio todos los riesgos corrían por cuenta del remitente. El servicio de correos se perfeccionó poco a poco.

En 1771 Basavilbaso implantó el servicio de carteros para llevar la correspondencia a los domicilios particulares de los vecinos de Buenos Aires y el 14 de setiembre de ese mismo año, nombró primer cartero a un sevillano, llamado BRUNO RAMÍREZ, que ejerció su cargo durante un año y después se volvió a España. Ramírez no cobraba un sueldo, pero recibía medio real por cada carta o cada dos cartas, entregadas a la misma persona. Para hacer más atractivo el cargo su sucesor tuvo una asignación de diez pesos. En 1772, Basavilbaso se enfermó y su hijo lo remplazó en el cargo. Después lo sucedió otro español, ROMERO DE TEJADA, que fue dejado cesante al producirse la Revolución de Mayo. Los carteros recién tuvieron uniforme a partir de 1826, cuando así lo dispuso Rivadavia (ver El Servicio de Correo en Argentina” en Crónicas).

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