PRIMER BARCO A VAPOR EN EL RÍO DE LA PLATA (15/09/1825)

En Buenos Aires se hizo el primer ensayo de la navegación a vapor que se conoció en el Río de la Plata. JUAN MANUEL BERUTI, en sus “Memorias Curiosas” anotó el 15 de setiembre de 1825: “En este día es la primera vez que navegó este río un buque de vapor que no lleva velas” y éste fue el primer viaje de ensayo del “Druid”, un  barco inglés que fue el primero movido a vapor, que surcó el Río de la Plata.

Aunque durante el siglo XVIII se hicieron algunas pruebas con barcos a vapor, éstas no tuvieron apoyo financiero y terminaron fracasando, hasta que a partir de 1807, comenzó a funcionar en los Estados Unidos la primera línea de pasajeros que tuvo éxito comercial, organizada por ROBERT FULTON, al que se considera el inventor del barco de vapor.

En 1824 los hermanos JOHN y WILLIAM PARISH ROBERTSON, dos comerciantes ingleses que llegaron a nuestro país en 1809, presentaron a BERNARDINO RIVADAVIA un proyecto de navegación que utilizaba la fuerza del vapor.

Rivadavia apoyó la idea que se puso en práctica, trayendo desde Europa al bergantín “Druid”, un barco inglés que ha-bía llegado a vela desde Inglaterra y que en Buenos Aires armó su maquinaria para adaptarlo a sus nuevos sistemas de propulsión.

El 15 de setiembre del año siguiente (1815), a las once y veinte de la mañana, realizó su primer viaje oficial llevando a bordo a cuarenta pasajeros. Zarpó del Riachuelo de los Navíos, donde se lo había provisto de maquinaria, para llegar al puerto de Sarandí, en San Isidro, donde permaneció durante cuatro horas y emprendió el regreso, llegando al puerto de Buenos Aires a las 9 de la noche del mismo día.

Entre los invitados que viajaban a bordo figuraban BERNARDINO RIVADAVIA –inspirador de la iniciativa–, el comandante de marina GUILLERMO BROWN, el sabio AMADO BOMPLAND, el ingeniero JAMES BEVANS, ZAPIOLA, ERÉZCANO, el doctor MANUEL BELGRANO (sobrino del general), JOSÉ ANTONIO WILDE, ROBERTSON y una considerable representación –femenina y masculina– de la colonia inglesa en Buenos Aires.

Llegados a San Isidro, los viajeros fueron agasajados con un almuerzo criollo y después de la ejecución del Himno Nacional, veinte parejas de gauchos y paisanas bailaron danzas nacionales. El coronel de marina Guillermo Brown brindó “porque los barcos a vapor sirvan, no sólo para atraer el comercio de todas las naciones, sino igualmente para defender la integridad de la República”.

Después de esa primera experiencia, los primeros barcos de vapor que se vieron en el Río de la Plata, fueron los integrantes de la flota anglo-francesa que en 1845, forzó el paso en la Vuelta de Obligado, para comercializar las mercaderías que traían para “hacer negocios”.

Muy poco después comenzaron a circular tres “paquetes”, buquecitos de vela, que hacían la carrera entre Buenos Aires y Montevideo. Eran las goletas “Pepa”,” Dolores” y “Mosca” a las que más tarde se agregaron la “Flor del Río”, la “ Ninfa” y otros más. El pasaje costaba 16 pesos y con vientos a favor, el viaje se hacía en 14 ó 16 horas, pero muchas veces, con mal tiempo, la travesía demandaba hasta un día entero. Por supuesto que las comodidades y el “menú” que se les servía a los pasajeros estaban muy lejos de lo que nos proporcionan los barcos que hoy hacen “la carrera”.

Recién en 1831 puede decirse que se estableció  de un modo regular entre nosotros, la visita de sanidad a los buques de ultramar. Por muchos años fue médico del puerto el doctor  PEDRO MARTÍNEZ, generalmente conocido por “don Pedro el Físico”. Este señor era partidario decidido de “Le Roy”, un  medicamento de la época, que administraba, creemos, en casi todos los casos que se le presentaban. También fue quien estableció un laboratorio donde se fabricaba el producto  y no sólo esto, también publicó un libro, donde encomiaba sus virtudes.

En América latina, el primer barco de vapor fue el “Neptuno” que, en febrero de 1819, realizó algunos paseos por el interior de la bahía de “La Habana” y aguas circundantes del morro, impulsado por dos grandes ruedas laterales. El almirante COCHRANE, jefe de las fuerzas navales que acompañaron a San Martín en su expedición libertadora a Chile, habiéndose radicado en este país, en 1823 intentó, sin éxito, introducir en Chile este medio de transporte.

Aunque el ensayo del Druid fue exitoso, la empresa no prosperó y pasaron varios años hasta que en 1833 se estableció un servicio regular de navegación entre Buenos Aires y Montevideo, a bordo del vapor norteamericano “Potomac”, que en nuestro país recibió el nombre de “Federación”.

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