PLAZA SAN MARTÍN (1878)

No hay duda de la Plaza San Martín es uno de los más bellos espacios verdes con que cuenta la ciudad de Buenos Aires. No solamente por la calidad de su trazado y de sus jardines, sino también por su entorno edilicio, que bien puede considerarse un especial muestrario de la arquitectura del siglo XX. Pero tal vez lo que atraiga más en esta plaza,  sea su añeja historia, que arranca en las postrimerías del siglo XVII, cuando el gobernador AGUSTÍN DE ROBLES, hizo levantar más allá del zanjón de Matorras, en el ejido (esa franja de tierra que separaba la traza de la ciudad de las quintas), una casa a la que denominó “El Retiro”, en la cual esperaría cómodamente instalado el juicio de residencia, al que se lo sometería después del ejercicio de su gobierno. La casa, una importante construcción para la época, terminó por dar su nombre a ese sector del norte de la ciudad.

En el predio se instalaron, más tarde, dos compañías europeas, una de la Guinea francesa y la otra británica, llamada “Mares del Sur”, dedicadas ambas al tráfico de esclavos, actividad que, cuando éstas desaparecieron, pasó a manos de la Compañía de Filipinas, que regenteada por española estuvo activa hasta que en 1787, un fallido proyecto de MARTÍN DE SARRATEA,  alejó el infame comercio para siempre del Retiro. El virrey VÉRTIZ, luego, hizo construir en el lugar, las primeras instalaciones militares, al emplazar una batería para instrucción y práctica de artilleros y un edificio para su cobijo y más tarde se levantó allí, una plaza de toros firme, ya que antes se lidiaba en plena Plaza de Mayo u otros lugares apropiados, improvisando ruedo y graderías con carros y carretas.

Esta Plaza de Toros, se inauguró en 1801 y fue punto de reunión de la gente que los domingos y días de fiesta, en que se realizaban  las “corridas, concurría masivamente para “disfrutar” de este sangriento espectáculo. La plaza para lidiar, consistía en un gran circo de ladrillo con capacidad para diez mil personas, tenía palcos y gradas; la entrada valía tres reales. Entre los picadores había uno muy afamado, conocido como “el Xato”, que murió después de muchas proezas en las astas de un toro junto con su caballo, y refiere la tradición, que ese fin lo salvó de la justicia, porque era un individuo de criminales instintos.

En 1807 fue tomada por los ingleses y supo ser el escenario de la heroica lucha contra el invasor. Poco tiempo más tarde, ya conocida como Campo de la Gloria, iba a ser elegida por el entonces teniente coronel JOSÉ DE SAN MARTÍN, para alojar e instruir a los hombres de su flamante cuerpo de Granaderos a Caballo. El edificio subsistió hasta 1819, en que fue demolido, ya que su refacción era demasiado gravosa, pero el lugar siguió siendo conocido como “Hueco de doña Engracia”.

Durante el Gobierno de JOSÉ RONDEAU fueron suprimidas las corridas por decreto de 4 de enero de 1822, demoliéndose el circo y construyéndose con ese mismo material los cuarteles del Retiro. La excelente medida del Gobierno, suprimiendo ese espectáculo, fue aplaudida por la mayoría de los vecinos de la ciudad, si bien no pocos se mostraron descontentos, por verse privados del entretenimiento que esos espectáculos brindaban. La Plaza se llamó luego sucesivamente, tal vez por inspiración rivadaviana, “Paseo de Marte” y “Campo de Marte”. En 1865, una tremenda explosión sacudió el barrio, causando más de sesenta víctimas  y las instalaciones del cuartel que había sido instalado allí en 1783 por el virrey VÉRTIZ, quedaron totalmente destruídas, por lo que se ordenó su demolición. A mediados del siglo XIX, frente a la plaza se instaló, una carpintería mecánica que fue el asombro de los porteños, y más tarde el Pabellón Argentino, que había lucido airoso en la Exposición Universal de París, con la que el pueblo francés recordó el siglo de la Toma de la Bastilla en 1789. Este “Pabellón Argentino”, fue luego instalado en la intersección de Maipú y Arenales y sirvió como sede inicial de nuestro Museo Nacional de Bellas Artes.

Recién en 1878, en el centenario del nacimiento del Libertador, recibió su nombre actual, a pesar de que ya desde el 13 de julio de 1862,  se había erigido en ella la estatua ecuestre de San Martín, modelada por el escultor francés LOUIS JOSEPH DAUMAS. En 1890 fue escenario del movimiento de las tropas que participaban de la revolución radical y en 1898, sirvió para instalar en ella la Primera Exposición Nacional, que fue inaugurada por el Presidente JULIO ARGENTINO ROCA el 16 de octubre de ese año. A partir de 1900, en sus alrededores, comenzaron a levantarse lujosas casa y señoriales mansiones, construcciones, muchas de las cuales aún perduran: los palacios de Anchorena -hoy asiento de la ex Cancillería- y Paz -actualmente sede del Círculo Militar -, el Plaza Hotel, y bastante más acá en el tiempo, el Kavanagh, verdadero hito en la arquitectura argentina y de América latina (ver “Plazas y Plazoletas de antaño” en Crónicas).

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