PLAZA ONCE DE SETIEMBRE (04/10/1853)

Se denominó Plaza Once de Septiembre al espacio ubicado entre las calles Bartolomé Mitre, Ecuador, avenida Rivadavia y avenida Pueyrredón de la ciudad de Buenos Aires. El nombre fue impuesto el 4 de octubre de 1853, por medio de un decreto del gobernador PASTOR OBLIGADO en recuerdo de la batalla de Pavón, que culminó con la separación de Buenos Aires de la Confederación Argentina. Pero en noviembre de 1947 se le restituyó la antigua denominación de Miserere, apodo con el que era conocido ANTONIO GONZÁLEZ VARELA, dueño de las tierras durante el siglo XVIII. Sin embargo, los porteños siguieron llamando Once a esta plaza ruidosa multitudinaria y caótica que es uno de los espacios más característicos de la ciudad. En la época de la Colonia era solo el cruce entre dos caminos anchos y allí se instalaron los Mataderos del Centro, también conocidos como Corrales de Miserere. El lugar fue escenario de grandes acontecimientos históricos como la concentración de las tropas criollas que reconquistaron la ciudad durante la primera invasión inglesa de 1806 y allí fueron derrotadas las tropas de Liniers durante la segunda invasión de 1807. Comenzó a tomar verdadero aspecto de plaza después que se realizara la Exposición Continental de la industria argentina en 1882 y fue el intendente TORCUATO DE ALVEAR el que ordenó su diseño y mandó levantar el terreno sobre el nivel de la calle adoquinada, limitándola con un pequeño muro. En 1913, cuando se instaló la línea A de subterráneos, fue íntegramente remodelada. Y en 1932 se levantó el mausoleo que guarda las cenizas de BERNARDINO RIVADAVIA. Muy cerca de la estación del subte se veía hasta hace pocos años una bomba de agua corriente para dar de beber a los caballos.

Pero aunque todo esto es cierto, hoy todavía es posible escuchar: Vive ahí, por el Once…”, o “en el barrio del Once”, o “cerca de plaza Once”. Parecen  expresiones que no necesitan explicación para un porteño y hasta ocurre, cada tanto, que uno de éstos, añoso y dado al pálido encanto de la prosopopeya, añada a la plaza un sentencioso “de Septiembre”. Aunque, en rigor, no existe barrio con ese nombre y la plaza se llama “Miserere”, latinajo bastante absurdo, registrado por quién sabe qué oscuro cronista municipal. Sin embargo, la otra designación asimismo figura, referida a la terminal ferroviaria allí situada y también a una calle de Belgrano. Es curioso al respecto que una publi­cación del Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, “sobre el origen y razón” de los nombres urbanos, indique que en el segundo caso, el apelativo data de 1855, para aclarar a renglón seguido que “el 11 de septiembre de 1888, día del fallecimiento de DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, fue elegido también para conmemorar el Día del Maestro”, impensada incrustación para normal en los dominios del cerrado racionalismo decimonónico. Diversas cosas sucedieron en otros tantos 11 de septiembre; sin ir más lejos, en 1852 se produjo un acontecimiento al que Buenos Aires consideró como liberación y cuyo festejo alcanzó, por cierto tiempo, relieves comparables a los del 25 de Mayo y del 9 de Julio. La revolución de Buenos Aires contra Urquiza, durante una veintena de años fue la fiesta patria local y debemos a EDGARDO J. ROCCA la noticia de que en 1854 fue inaugurado un monumento para honrarla, precisamente en esa plaza a la sazón paradero de carretas: tras una reja, un pedestal robusto y cuadrado sostenía una figura femenina, que desapareció en 1881.  Unos pocos dibujos y fotos es cuanto queda de este monumento que fue el segundo monumento que tuvo la ciudad, posterior a la Pirámide de Mayo pero anterior a los de Belgrano y San Martín (ver “Plazas y Plazoletas de antaño” en Crónicas).

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