PIONEROS DE LA VITIVINICULTURA EN LA ARGENTINA

La vitivinicultura en la República Argentina es una actividad que nos enorgullece, por la forma en que se llegó a los niveles de calidad que hoy ofrecen sus productos y porque esto representa el triunfo del tesón, el saber y el amor a la tierra de hombres y mujeres que han hecho del trabajo, una filosofía de vida que enaltece a la condición humana. Esta actividad comenzó siendo el desafío que aceptaron algunos inmigrantes, que llegados desde la vieja Europa, ya traían dentro de si el amor a las viñas de su terruno y que soñaron ver reproducidas en su nueva patria. Fueron algunos de ellos: José Albino Gutiérrez (1826, ciudad de Mendoza), Domingo Bombal Ugarte (1830, San Rafael, provincia de Mendoza), José Benito González Mileiro (1840, Las Heras, provincia de Mendoza), Juan Jáuregui (1860, Concordia, provincia de Entre Ríos), José y Santiago Graffigna (1865, provincia de San Juan), Santiago y Francisco Goyenechea (1868, San Rafael, Mendoza), Honorio Barraquero (1870, Godoy Cruz, provincia de Mendoza),  Joseph Favre (1874, Colón, provincia de Entre Ríos), Tiburcio Benegas y su hijo Pedro (1880, Godoy Cruz y Maipú, provincia de Mendoza), Jesús Vulliez (1880, Colón, provincia de Entre Ríos), Siverio Chavarría (1880, Cafayate, provincia de Salta), Felipe Rutini (1880,Maipú, provincia de Mendoza), Ramón Arias (1880, San Rafael, provincia de Mendoza), José F, Lavaqué (1882, Cafayate, provincia de Salta), Balbino, Sotero y Leoncio Arizu (1884, Luján de Cuyo y San Rafael, provincia de Mendoza),  Lorenzo Vichi (1886, Junín, provincia de Mendoza), Juan Giol (1888, Maipú, provincia de Mendoza), Pacual Toso (1890, Guaymallén, provincia de Mendoza), Francisco y Segundo Correas (1890, Godoy Cruz, provincia de Mendoza), Bautista Gargantini (1890, Guaymallén, provincia de Mendoza), Luis Tirasso (1891, Guaymallén, provincia de Mendoza), Juan Jorba (1892, Andalgalá, provincia de Catamarca), Franceso Calise (1893, Guaymallén, provincia de Mendoza), Ángel Furlotti (1893, Maipú, provincia de Mendoza), Edmundo James Palmer Norton (1895, Luján de Cuyo, provincia de Mendoza), Antonio Tomba (1895), Godoy Cruz, provincia de Mendoza), Familia Peñalva (1895, Cafayate, provincia de Salta), Silverio y José Antonio Chavarría (1897, Cafayate, provincia de Salta), José López Rivas (1898, Maipú, provincia de Mendoza), Miguel Escorihuela (1900, Godoy Cruz, provincia e Mendoza), Otto Suter (1900, San Rafael, provincia de Mendoza), Luis Fillipini (1900, Godoy Cruz, provincia de Mendoza), Jaime Colomé (1900, provincia de San Juan), Francisco Gabrielli (1904, Luján de Cuyo, provincia de Mendoza), Juan Orfila (1905, Junín, provincia de Mendoza), Sami Flichman (1910, Guaymallén, provincia de Mendoza), Francisco barroetaveña (1910 en Escobar, provincia de Buenos Aires), Humberto Canale (1913, General Roca, provincia de Río Negro), Ángelo Pulenta (1914, provincia de San Juan), Dorfilio Camporae (1918, Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires), Valentín Bianchi (1925, San Rafael, provincia de Mendoza)

Pero no debemos olvidar los nombres de aquellos cuyas epopéyicas vidas fueron injustamente olvidadas (Juan de la Cruz Castillo, Juan de Godoy, Ventura Guevara, Clemente de Godoy, Ignacio Zapata, Fernando de Alvarado, Juan Gregorio Molina, Juan de Corvalán, Juan Gregorio Lemos, Miguel Molina, Simón de Videla, Ángelo Francisco de Mayorga, Jorge Gómez Araujo, Juan de Molina, Juan Pardo y  Felipe Antonio Calle), ni de quienes, sin ser realmente “vitinivicultores”,  hicieron posible que el triunfo del vino argentino en el mundo fuera posible. Nos referimos al  ingeniero CÉSAR CIPOLLETTI, quien en 1888, fue el artífice de las obras que permitieron la regulación de las aguas del río Mendoza;  el ingeniero CARLOS FADER, un referente en el desarrollo hidroeléctrico de la zona, dos pilares fundamentales de este crecimiento,  porque comprendiendo la importancia que tiene el agua para este tipo de cultivos, hicieron el aporte de su profesionalidad (y también entusiasmo), para que el esfuerzo de los vitivinicultores se viera coronado por el éxito y al ingeniero VÍCTOR CREMASCHI quien en 1941, propietario de la bodega “El Faraón” (Mendoza), luego de largos y tabajosos experimentos logró alejar de las bodegas, el peligro de muerte que acechaba a los operarios cuando se introducían en las cubas de fermentación para retirar el orujo. Su invento revolucionó la industria del vino en el mundo y salvó la vida de los trabajadores del sector.

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