Parador

Los riesgos que entrañaba una rodada para un jinete, cuando el caballo que montaba, tendido al galope, metía una de sus patas delanteras en una cueva de vizcacha, “peludo”  o “tucutucu”, fueron transformados por la pericia y coraje de nuestros gauchos, en un peligroso “divertimento” que realizaban una suerte de salto acrobático, no sólo cuando realizaban sus tareas de campo, sino que también lo hacían como diversión y competencia. A estos hombres con esta habilidad, se los llamaba “paradores” y eran los que vistos en esas circunstancias, donde el caballo lo despedía por haber introducido sus patas en una cueva o por haber sido “pialado”,  a propósito y por diversión. El natural e imprevisto “hocicazo” del caballo, que caía  hacia adelante con violencia, era contrarrestado por el jinete que abría rápidamente sus piernas y daba un salto para desmontar y caer a tierra, quedando con el cabestro en una mano, con lo que impedía  la fuga de su cabalgadura, cuando se reponía de la caída. Ser “el parador” significaba haber adquirido un título honorífico y quien era así conocido, orgulloso de su habilidad, lo repetía una y otra vez , en cuanta oportunidad se le presentara, ya sea en los rodeos de hacienda chúcara, en las boleadas de avestruces y guanacos o en las marchas a campo traviesa.

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